Capítulo 5
Lo veo como un hermanito.
Por Paris Jones.
A la mañana siguiente, me vestí con un traje de tres piezas y arreglé mi cabello en una coleta alta. Arreglé mi rostro con una gruesa capa de maquillaje pues las ojeras que me traía mostraban lo nerviosa que estaba. Salgo de mi habitación y veo a mi amigo enfundado en un traje Armani que le queda como guante.
—Wow, al fin volviste.
—¿Me veo guapo no?
—Arrogante —reviro los ojos y tomo mi bolso, no le daré en el gusto — ¿Estás listo?
—Si, señora ¿Vamos mi ciudad del amor?
—Vamos.
Salimos de mi casa y cada uno se subió a su auto. Mientras manejaba por las calles de la ciudad intentaba calmar mis nervios. De solo pensar que este pendejo nos descubriera se me apretaba el estómago.
—Señor, si me escuchas por ahí, has que todo salga bien.
Musité antes de bajarme de mi auto y reunirme con Christian que me esperaba en la puerta del edificio.
—Adelante, mi bella dama— hizo una reverencia solemne que me sacó una risita y me dejé llevar por sus bromas. Este era el O’Connor quee caía bien y no el despojo humano que tenía asilado en mi casa.
Al salir del ascensor nos enteramos por Shannon de que Rocío estaba con licencia y el ceño de mi amigo se frunció. Estaba molesto, pero intentó esconderlo. Por mi parte, lo disimulé lo mejor que pude y caminé hasta la sala de reuniones.
Al entrar, cara de James era todo un poema, en cambio el señor O’Connor y el novio de Shannon lo abrazaron dándole la bienvenida.
A las diez, con una puntualidad digna de un inglés, apareció mi padre, nos sentamos en la sala de reuniones y Christian comenzó a mostrarles lo que había hecho en la noche.
Mi padre se quedó maravillado con el proyecto y aceptó sin ninguna objeción, salvo que quién estaría a cargo de todo sería yo y, por supuesto que no me negué, ese era el acuerdo.
Para cuándo terminamos, con un fuerte apretón de manos y la firma del contrato mi padre estaba feliz y yo ya estaba pensando en quién dejaría a cargo del bar.
Nos despedimos de todos y el pendejo de mi amigo me pidió unos minutos.
—Ni se te ocurra que vas a volver a mi casa.
—Uy, todavía te quieres deshacer de mí, eres muy mala París.
—Ya te lo dije. Trato es un trato.
—Te aseguro que me vas a extrañar.
—¡Dios me libre de eso!
—Pues prepara tu guardarropa de pueblerina, porque el viernes nos vamos.
—¡¿Qué?!
—Eso, mi cuidad del amor, el viernes nos vamos a Irlanda.
—¿Sabes todo lo que tengo que hacer para estar lista?
—No, pero sé que lo harás. Te enviaré toda la información en estos días. Ahora iré a mi oficina para recibir la reprimenda.
—Idiota.
—Y a mucha honra.
—¿Paris?
La voz de mi padre nos interrumpe y con eso se acaba nuestra pequeña discusión. Una de tantas que tendremos en esta travesía que íbamos a comenzar.
Me despido de ese idiota y de los demás varones presentes y sigo mi camino junto a mi padre que me había invitado a almorzar. Llegamos al vestíbulo de O’Connor & co. Cuando suena el teléfono de mi padre y la prima de Chris me detiene.
—París ¿Podría hablar contigo unos minutos?
—Ve, hija. Yo tengo algunas cosas que ver con uno de mis socios y no podré almorzar contigo como lo habíamos acordado.
Como siempre, así era mi padre. Suspiré agotada y solo le respondí por compromiso.
—Está bien, padre. Te veo antes de viajar.
—Claro, claro. Llama a mi asistente y coordina una reunión.
Y así me deja junto a Dani que me mira con pena.
—Creo que un buen café nos va ayudar. Ven, acompáñame.
Lo que no me esperaba es que estuviera medio aquelarre en la cafetería a la que me llevó Dani.
—Qué bueno que llegaron ¿Cómo les fue?—pregunta la señora Blue, un tanto ansiosa.
—Era imposible que mi papá no aceptara, el trabajo de Christian era demasiado perfecto. Me tuvo hasta las 3 de la mañana trabajando viendo las fotos, los planos, tirando líneas y Dios, lo único que quería era dormir.
—Gracias por todo, París, has sido una excelente amiga.
—Gracias a ti, Blue, por lograr que saliera de mi casa.
—Ustedes dos hablan como si Chris fueron un desastre.
—Y lo es, Alma. Verdaderamente es un desastre De hecho estoy por llamar a la empresa de limpieza y desinfección.
—Pero igualmente lo acogiste.
—No me quedaba de otra—me encojo de hombre y tomo un sorbo del café que me han servido.
—Y nadie te obligó, pero igual lo hiciste —me responde Dani un tanto ofuscada.
—Solo fui la que no sabía nada, Dani. Entenderás que Christian se sintió sobrepasado por lo que pasó con Rocío y su hermana y lo entendí. Cuando yo supe la verdad de André me pasó lo mismo que a él.
—Lo siento, cariño. De verdad que no quisimos ser así de intensas ¿Cierto Dani?—Dana, la esposa de Thomas trata de mediar y aunque Dani sigue molesta, suspira derrotada.
—Es cierto, tú tampoco sabías de toda la mierda que hacía ese imbécil. Perdóneme si fui un poco dura contigo. Pero es por algo que te citamos aquí.
—¿Hay otro motivo?
—Sí, ¿te gusta mi primo?
La sonora carcajada que salió de mi boca debe haberlas asustado porque las cuatro mujeres que me miraban como si estuviera loca.
—Perdón, perdón, pero es que esto me sobre pasa ¡Por dios, eso es imposible! Y no quiero decir que Christian no sea atractivo, sino que definitivamente es muy pendejo para mí. Lo veo más como un hermanito.
—Se los dije.
—Jefecita…
—Dani, dejé de serlo hace mucho y sí, saben que tengo razón, pero ustedes se preocupan por nimiedades.
Todas miraron hacia ambos lados como esperando algo y luego suspiraron.
—Definitivamente, estamos curadas de espanto, mamá. Por favor no vuelvas a decir eso.
—Lo siento, se me salió. Pero bueno, ahora que salieron de dudas pueden dejar de molestar a París con los dramas existenciales de Chris. Él debe solito asumir las cosas, al igual que otra que conozco, pero que no voy a decir quién es. Y tú, querida, espero que este viaje te sirva para experimentar la vida de una forma muy distinta.
Y debo decir que ese día no solo tomé café y conocí a las mujeres que protegían a Christian como si fuera una joya, también almorzamos y cuchicheamos de lo lindo.
—Gracias por esta hermosa tarde, de verdad.
—Por el contrario, el gusto ha sido todo nuestro, preciosa y discúlpame si fui tan pesada, pero amo a mis primos con todo mi corazón.
—Espero algún día tener a personas como ustedes a mi alrededor.
—Ya tienes a uno, el más importante de todos, nuestro ser de luz.
Dice Dani y todas reímos.
Era una pena que viajamos tan pronto a Irlanda, me habría gustado conocerlas más y sobre todo, poder haber hablado con Rocío.