Capítulo 3
Amar duele
Por Paris Jones.
Veo a mi auto proclamada visita autodestruirse en el salón de mi casa y diablos, es un tanto molesto, pero mi padre me ha pedido ir a su casa por las fiestas. Además, por lo que me contó tenía algo muy importante para contarme.
—¿Seguro que no quieres acompañarme a la casa de mi padre?
—Absolutamente Noup. Veré los fuegos artificiales en echadito aquí, descansando feliz de la vida.
—Definitivamente estás loco. Pero quién soy yo para juzgarte.
—Por eso me caes bien, Jones. Ve con tu familia y disfruta de año nuevo.
Tomé mi pequeño bolso y salí de mi casa invadida por ese pelirrojo que sufría por amor, aunque no lo quería reconocer.
—De verdad que el amor duele.
Pensé con un dejo de lastima por ese que se decía mi amigo y me subí a mi auto.
La llegada a los Hamptons fue tranquila, el camino fue relajado y creo que eso se debía a que las familias disfrutaban de las fiestas en casa.
Al bajar de mi auto tomé mi bolso y enfilé mis pasos hasta la casa familiar. Una edificación señorial de los años cincuenta, demasiado ostentosa para mí gusto, pero en gustos colores.
La puerta se abrió de par en par y Soledad, mi mamá de toda la vida alejó a Coleman como si fuera un muñeco de palitroque que me hizo reír.
—Oh, mi niña, estás tan delgada. No estás comiendo, será mejor que te tengo que secuestrar para alimentarte.
—Ay, nanita. No estoy delgada y como bien ¿ dónde está?
—En su estudio y está con un genio de los mil demonios.
—¿Cuándo no? — Me encojo de hombros y le entrego mi bolso a Coleman que farfulla entre dientes contra mi nanita, mientras ella me lleva del brazo con mi padre.
Mi nanita golpea la puerta del estudio de mi padre y escuchamos atentas a que él diga algo.
—Adelante.
Mi nanita me abre la puerta y deja que ingrese, me hace un asentimiento y cierra la puerta tras de sí. Pensé que encontraría a mi padre con alguna de sus tantas novias, pero no, estaba solo y viendo unos planos.
—Hola, papá.
—Qué bueno que llegaste, ven acompáñame a ver este nuevo proyecto.
Esto debe ser una broma de día de los inocentes, porque mi padre no se caracterizaba por incluirme en sus proyectos y menos en los que tenían que ver con construcción.
Me acerco a paso lento, como midiendo mis movimientos hasta llegar donde él y veo que lo que está en su mesa de diseño es un castillo. Por las fotos, me imagino que tuvo mejores días, pero al parecer ahora es sólo un cascarón.
—¿Y esto? ¿En qué te estás metiendo, papá?
—Es un megaproyecto que me ofreció uno de los más renombrados hombres de la ciudad, Paris y si logro acceder cien por ciento a él estoy seguro de que nuestro apellido volverá a ser lo que era antes.
—¿De qué hablas, papá? no te estoy entendiendo.
—Que después de mucho tiempo, por fin estoy en la mira de los Scott, fue el mismísimo patriarca de la familia quién me ofreció este proyecto. ¿Sabes lo que significa que ellos nos dejen de mirar por debajo de su hombro, Paris? Por fin todos los problemas que nos trajo tu marido por meterse con Thomas Scott serán eliminados de la faz de la tierra. Así que, ni siquiera lo pensé y he aceptado entrar en este proyecto para eso. Esto no es solo por mí, Paris. Es por tí y por nuestro futuro, para volver a ser lo que fuimos y no estar bajo la mirada de los demás como los familiares de un narcotraficante.
Ahora iba entendiendo, o eso creo, lo que tiene tan maravillado a mi padre este castillo desvencijado. Puede que tenga razón que mi matrimonio con André le provocara grandes pérdidas económicas a su empresa, pero mi papá nada en dinero todas las mañanas, es como una versión de rico Mcpato, solo que con hijos, por lo que no me terminaba de convencer lo que me estaba diciendo, pero é sigue con su discurso.
—Lo único que me han pedido a cambio de esta sociedad es que tú te hagas cargo de este proyecto.
—¿Qué yo qué?
—Eso— se encoge de hombros y vuelve a su posición admirando los planos que están frente a él—. Mira, Paris, jamás te he pedido nada y mucho menos te he orillado a hacer algo que no quieras, pero esto… esto es sumamente importante para mí, hija. Por eso te lo ruego, ayúdame a ser parte del proyecto que los Scott junto a sus amigos arquitectos quieren sacar a flote.
Y es ahí que caigo en cuenta de algo, muy importante, por cierto.
—¿Te refieres a los O’Connor?
—¿Los conoces?
Claro que los conozco, tengo uno dentro de mi casa como adorno, pero ¿se lo diría a mi padre? No lo creo, por lo menos no por ahora.
—Se de ellos, pues se han instalado aquí en Nueva York— corto, preciso y conciso—. Mas allá de eso, no tengo idea.
—Pero eso es fenomenal.
Claro, para sus intenciones, pero ¿cómo le hago entender que para las mías no?
—Sí, papá. Es fenomenal—le digo, para sacármelo de encima, por lo menos a horas de año nuevo.
El resto del día, me la paso junto con él viendo todo lo que quiere mostrarme, de verdad que está emocionado con todo esto del castillo irlandés, pero yo sigo dudando de las intenciones de los Scott. Pasamos una grata noche disfrutando de los fuegos artificiales en el Time Square y esta vez, por raro que lo parezca, no estuvo ninguna de sus “queridas”, solo fuimos él y yo, junto a mi nanita y Colleman.
Este día, en algún momento de mi vida, sería recordado como el único en el que realmente pasé con mi papá como padre e hija y, que en cierta forma, después lamentaría no haberlo disfrutado como era debido...