Los ojos cafés

601 Words
Perspectiva de Cloud La ciudad de Bralia es impresionante. Llena de luces, viento marítimo y calor nocturno. El retumbar de las olas llega desde lejos a mis oídos. El camino que guía al centro de la ciudad esta lleno de cristales de colores que se van encendiendo intermitentemente. Mis pies agradecen la sensación de pisar suelo nuevamente. Odio las teletransportaciones, aunque es común que lo haga debido a mis actividades en el colegio y con mi padre, pero jamás me ha gustado como desaparece la tierra cuando inicia, ni el choque que se produce en las piernas al volver a tocarla. Miro a mi alrededor, Lío está sacudiéndose arena del cabello, Cet está cómodamente sentado en el suelo riendo mientras acaricia la mano de Sunny suave y tiernamente, Fia los mira con una mezcla de asco y risa. - Y ahora que hacemos? - Pregunto mirando a Fia -Al club, hermanito - Contesta ella con una sonrisa en la cara, mientras se acomoda los tacones que tenía en las manos y los coloca en su pies. Lío se acerca rápidamente para darle apoyo pero ella le hace una seña con la mano para indicar que está bien. Pobre Lío, ha estado enamorado de mi hermana desde adolescentes, pero ella es la mujer menos expresiva sentimentalmente que conozco. Se que lo quiere, pero no lo acepta ni para si misma. Caminamos por el camino de luces unos 10 minutos, hasta llegar a un club lleno de gente, perfume y por supuesto, alcohol. Las paredes están llenas de espejos y luces de colores. El club está dividido en dos pisos. Sunny se acerca a un troll de 2 metros y le muestra su marca de tierra que tiene en la mano izquierda. El troll, topermente, le hace una reverencia y se inclina para dejarnos pasar por unas escaleras privadas que llevan a un balcón en la segunda planta. Los sofás de cuero n***o y tinto son cómodos y reconfortantes, el aire acondicionado está al máximo, pero la cantidad de hechiceros que hay en el club vuelve el ambiente bochornoso y tibio. La camisa se pega a mi cuerpo y necesito desabotonar un botón de mi camisa para no sentir que me ahogo. La mesera llega y me entrega un tarro de alcohol frío y espumante que inmediatamente tomo y saboreo entre mis labios. Mientras lo hago, noto un destello de color naranja al fondo de mi vista. Algo me hace bajar el tarro y fijarme bien en el destello. Es cabello. Una gran cantidad de cabello color cobre, lleno de ligeras ondas. El cabello caía suavemente sobre el busto de su dueña, que ostentaba un color de piel lechoso con toques rosados. La piel de los hombros se veía y el escote era profundo. Las piernas eran largas, kilométricas, bien formadas y curveadas, terminadas en unos tacones negros altísimos. Un short pequeño dejaba ver gran parte de su cuerpo, se veía torneada de la cadera. La cintura era pequeña. El cuerpo era maravilloso y atrayente, casi idílico. Recorrí todo el cuerpo hasta llegar a la cara, una boca mediana en color rosa, la nariz suavemente perfilada y los pómulos elevados y angulados. Pero los ojos, los ojos eran sensuales, grandes y llenos de ironía y ligereza. Y tenían el café más hermoso que hubiera visto nunca. Y mientras admiraba la obra de arte que estaba en el balcón de frente, esa mujer sonrió suavemente y me devolvió la mirada, llena de orgullo y fiereza. Y en ese preciso momento supe que deseaba su cuerpo, su sonrisa, sus ojos... La deseaba en mi cama
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