POV Lianhua
“Se inequívocamente Tú mismo, aunque el mundo te juzgue por ello y no llenes los estándares que espera de ti”
La mejor forma de quemar energía y dejar fluir las emociones es entrenar con fuerza tus artes marciales, sin importar cuantas veces termines estampada contra la esterilla de los gimnasios de la Escuela de entrenamiento de las Lian Zhi Ying, el sueño que nunca podré alcanzar.
El aire dentro del recinto vibra con el sonido de las armas de práctica chocando entre sí. Los hologramas de combate proyectan figuras antiguas: maestras legendarias de la orden, cuyos movimientos aún inspiran respeto siglos después. Los muros están cubiertos de estandartes escarlata con el emblema dorado del loto en llamas, símbolo de lealtad y disciplina.
El sudor resbala por mi cuello mientras bloqueo un golpe con el antebrazo y giro sobre un pie, lanzando una patada ascendente que impacta justo en el punto débil de mi oponente. La androide de entrenamiento retrocede, reajustando su equilibrio. Respiro hondo. La simulación registra mi precisión con un 98.3%. Casi perfecto. Casi.
—No es suficiente —susurro.
Mi reflejo me observa desde el espejo de energía al otro lado del salón. Me devuelvo una mirada tan fría como el acero de las espadas alineadas tras de mí. Cada músculo me duele, pero no me detengo. Sé que, si quiero pasar las pruebas para convertirme en escolta personal del príncipe Suriya Narottam Vattanak, debo ser mejor que todas las hijas del Imperio. Debo ser impecable.
La voz de mi subconsciente, que últimamente ha adquirido la molesta costumbre de sonar como una versión sarcástica de mí misma, se deja oír con claridad.
—¿De verdad piensas que vas a desenmascarar al “Don Perfecto” a base de patadas voladoras y ecuaciones cuánticas?
—¿Tienes una mejor idea? —respondo entre jadeos mientras lanzo una serie de movimientos encadenados.
—Sí. No meterte en líos con un hombre que podría darte una conferencia sobre macroeconomía mientras te desarma con un abanico ceremonial.
—Perfecto. Así aprendo de ambos —murmuro, girando sobre mi eje para esquivar un golpe simulado.
—No es una tesis doctoral, Lianhua. Es un príncipe. Y tú, por si lo olvidaste, eres su prometida. No su guardaespaldas.
—Prometida en papel. Escolta en la práctica. Y futura leyenda, si todo sale bien.
Mi subconsciente suspira, con ese tono de resignación que solo puede tener alguien que vive dentro de mi cabeza.
—Sabes que este plan roza lo absurdo, ¿verdad?
—Por supuesto. Pero los grandes descubrimientos nacen del absurdo —respondo, deteniendo la simulación. El androide se apaga, dejando el silencio más elocuente que cualquier palabra.
Camino hacia el ventanal que da al patio de los cerezos mecánicos. Sus pétalos, generados por microdrones, caen lentamente en una coreografía programada. El paisaje parece calmarme, pero solo por un instante.
—¿Y si no es tan perfecto como crees? —pregunta esa voz interior, más suave esta vez.
—Entonces lo descubriré. Y si lo es… —sonrío con un dejo de ironía— …tendré que demostrarle que la perfección también puede sangrar.
Recojo mi espada de práctica, una réplica de la hoja ancestral de mi familia. La coloco sobre mi hombro y me dirijo hacia la salida. Cada paso resuena con el eco metálico de mi determinación.
Porque si voy a proteger a un príncipe, primero debo convertirme en algo que ni él ni el destino puedan controlar: una fuerza que no obedece coronas, sino convicciones.
Y en el silencio de la sala, mientras el sistema de entrenamiento registra mis estadísticas finales, una voz automatizada anuncia:
—Candidata Zhu Lianhua. Nivel de rendimiento: 100%. Apta para evaluación final.
Sonrío.
El juego acaba de comenzar.
Después de finalizar mi entrenamiento con resultados no menso que perfectos, me fijo en los niveles de fiabilidad de falla espacio-temporal que indica el reloj cuántico que he diseñado y que llevo en mi muñeca, sonrío notando que los fallos son cada vez más constantes como pequeños y continuos rasgones en el tejido temporal y mientras analizo qué puede estar causando los extraños fenómenos, me decido por poner más trabajo en mi alias.
Solicitud de Escolta Real
Presentada por Sovann Dara (សុវណ្ណ ដារា) Al Consejo de los Lotos del Reino de Camboya
A los venerables guardianes del Reino, A la Alta Sacerdotisa del Mandato, Y al Príncipe Heredero, luz del amanecer:
Yo, Sovann Dara, nacida bajo la luna de Preah Vihear, formada en los templos del silencio y las escuelas del viento, me presento ante ustedes con humildad y determinación para solicitar el honor de servir como escolta personal del Príncipe Heredero.
No traigo títulos ni linajes que reclamen mi lugar. Traigo, en cambio, la disciplina de los cinco estilos, la memoria de los códices vivos, y el juramento de no alzar la espada sin comprender el corazón del enemigo.
🥋 Habilidades ofrecidas
Maestra de la Flor de Loto en Movimiento, entrenada en Bai Mei Quan, Pradal Serey, Vovinam, Silat y Thaing.
Portadora del Sello de Jade Silencioso, otorgado tras completar tres misiones diplomáticas sin derramar sangre ni revelar identidad.
Dominio de armas ceremoniales y tácticas: espada de abanico, dagas de loto, lanza solar y arco de niebla.
Capacidad para permanecer en silencio absoluto durante doce horas, incluso bajo presión sensorial.
Fluidez en Preah Kham, camboyano moderno, vietnamita, lao, birmano, malayo, thai, c***o clásico y moderno, inglés y francés.
🕊️ Juramento de servicio
“Que mi sombra proteja sin perturbar, Que mi voz se alce solo cuando el Reino lo requiera, Que mi cuerpo sea escudo, Y mi alma, espejo de la armonía.”
Si el Consejo lo permite, estoy dispuesta a someterme al Ritual de la Niebla y la Llama, para demostrar mi valía ante los ojos del Reino y del Príncipe Heredero. No busco gloria, sino propósito. No reclamo derecho, sino deber.
Con respeto profundo y voluntad firme, Sovann Dara (សុវណ្ណ ដារា) Firmado con el sello de la estrella dorada sobre loto blanco
Una vez satisfecha con el alias que me ha preparado la señora Yu, presento mi solicitud formal como segundo paso a mi solicitud para convertirme en parte de las fuerzas de seguridad del príncipe heredero, tras lo cual debo esperar a que se me indique el siguiente paso a continuar de mi selección, pero para estar completamente preparada, las Lian Zhi Ying me ayudan a entrenar tanto como les es posible, pues me indican las artes marciales que son preferidas por la corte camboyana y las habilidades que me han seleccionado para mi alias, por supuesto, no está de más decir que soy bastante diestra en las que están indicadas pero sería demasiado presuntuoso hacerlo público.
Entonces como siempre, me dejo sorprender por las cosas que conlleva mi vida, entrenando sin descanso, manteniendo contacto con mis amigos y aliados privados, especialmente con aquellos que han estado emparentados alguna vez con nuestra familia imperial y creando mis propias conexiones buscando conectar tantos puntos como sea posible en el espacio vacío que hay en la vida del príncipe del que algún día quiera o no, seré esposa.
Sin embargo, me niego ROTUNDAMENTE a casarme con alguien a quien considero un extraño, por lo que siguiendo el ejemplo de las escasas mujeres que han dominado en nuestra familia, tomo medidas preventivas para saber cómo actuar frente a posibles imprevistos, ser perfecto puede ser posible, pero ser PERFECTO también tiene sus consecuencias, especialmente cuando no eres el único hijo de tu padre y pueden haber muchos SECRETOS escondidos tras la falsa armonía que proyecta una familia con tanto poder, así que es mejor tener preparado el terreno para lo que sea que pueda suceder.