Me desperté con el teléfono sonando en mi oído. Somnolienta, me giré, tomé el celular y contesté. —¿’Lo? —murmuré. —¿Así que tuviste que hacer que tu noviecito me pidiera el día libre por ti? La voz de Felicia zumbó en mi oído y fruncí el ceño. —¿Qué? —dije. Sonaba molesta. No podía imaginar por qué—. No tengo idea de qué estás hablando. Bufó al otro lado del teléfono. —Estoy hablando de Julian Voss llamándome para decir que necesitabas el día libre hoy porque quería pintarte. Eso sí que era nuevo para mí. Quiero decir, ayer lo habíamos dejado en un “quizás”. Que él tomara cartas en el asunto por su cuenta me molestaba. —Yo no le dije que hiciera eso —dije, indignada—. Le dije que te pediría el día libre. O solo la tarde, si me necesitas por la mañana. ¿Me necesitas esta mañana? —

