Desesperada porque no funcionó el mecanismo de la puerta del garaje, descendió del coche para tocar el timbre y que le abrieran desde el interior. Estaba por oprimir el botón cuando una mano cubrió su boca y sintió como casi la levantaban en peso para llevarla al auto n***o. La metieron en la cabina trasera y la obligaron a tirarse en el piso del coche. Trató de erguir la cabeza para ver a quienes en forma tan violenta la habían subido, pero se lo impidió un fuerte golpe en la espalda. —¡No te muevas ni mires, hija de la chingada! —dijo una amenazante voz femenina. Sabía que, en México, estaba de moda el secuestro, tanto para presionar al gobierno, como para exigir algún tipo de rescate. Nunca pensó que alguna vez se vería involucrada en algo así, y la verdad sintió mucho miedo de q

