C10

3065 Words
La luz del sol me es tan insoportable que mantengo los ojos cerrados mientras aguardo a que se termine de hacer el café para poder tomar una taza. No comprendo por qué justamente ayer tuve que soñar con ese día y en esta casa que no es la mía. Hubiera sido un problema si Gabriel me escuchaba hablar con Nath o entraba en ese instante a la habitación. No hay excusas que cubran en daño que provocan los demonios de los sueños. Detengo el masaje que me estaba realizando en la frente con la mano y abro los ojos lentamente. Las ganas de vomitar aumentan en cuanto recuerdo la expresión cobarde que tenía en su rostro mientras me impedía moverme de mi sitio. -Las pruebas se realizan en una semana y no me interesa que otra actividad pongan de escusa para impedir que así sea...-poso la mirada en la entrada de la cocina y aguardo a que se acerque el dueño de la voz. Sé que él no come en este sitio como las personas comúnmente lo harían, pero al menos debería tomar su desayuno antes de irse al trabajo.-envíe el mensaje al jefe de esa compañía y si no se recibe una respuesta para el medio día...-me bajo del banco y me encamino hacia la salida de la cocina. Sus ojos se clavan en mí de inmediato en cuanto aparezco en su campo visual.-el contrato se anula...-dice sin despegar sus ojos de los míos. No parece molesto por lo que acaba de decir, más bien parece aliviado. Me inquieta como parece no tener ni el más mínimo interés por resolver el asunto con quien sea que haya sido el responsable de ello. Es como si ya supiera que no hay solución y le vale una m****a todo. -B...Buenos días...-digo en un susurro antes de que cuelgue la llamada y guarde el teléfono en su bolsillo. Me pone ligeramente inquieta su mirada. -Buenos días...-su mirada recorre mi todo rostro lentamente. No sé que demonios espera encontrar en el.-¿durmió bien?...-pues ahora que lo menciona: me desvelé toda la puta noche por una maldita pesadilla-recuerdo del mayor trauma de mi vida y me duelen las sienes, la puta cabeza y hasta el cuerpo, pero sí, estoy como una lechuga. Le regalo mi mejor sonrisa y asiento con la cabeza. -¿Y usted durmió bien?...-una sonrisa de medio lado se dibuja en sus labios ante esa pregunta. No sé porque siento que todas esas facetas que tiene conmigo son nuevas y nadie más las ha visto. Bueno, quizá Sophie sí las haya visto e incluso su hermana o su madre, pero siento que el resto de sus compañeras de sexo no y aunque me inquieta ligeramente, también de emociona. Soy un desastre completo últimamente. -¿Ya desayunó?...-me ha cambiado de tema deliberadamente. -¿Y usted?...-ladea ligeramente la cabeza y frunce el ceño. Si quiere respuestas, deberá darlas él también. -Aún no...-dice sin más. Eso es exactamente lo que quería, una respuesta. -¿Desayuna conmigo?...-digo señalando con un dedo la cocina. Me importa muy poco que no coma en la cocina, no quiero desayunar sola en esta casa nuevamente. -Debo ir a trabajar...-hace el intento de irse, pero yo me le atravieso en el camino. Me intriga mucho todo de él, pero este detalle me inquieta profundamente. -Yo también, pero quiero comer antes de irme y no quiero hacerlo sola...-lo veo con la intención de decir algo cuando los pasos de su nana lo interrumpen de ello. Si ella nos ve juntos, pensará que soy una más de sus conquistas y no lo soy. Lo sujeto de los botones de su camisa y lo jalo rápidamente hacia la habitación donde lo vi trabajar la otra vez. Me da igual que piensen muchas cosas, pero que me vean como una más de las amantes de Gabriel me es intolerable. Le cubro la boca con la otra mano y aguardo en completo silencio a que ella entre a la cocina. Si soy honesta, me tiene completamente abrumada que ella crea que soy la única que puede tocar a Gabriel. Eso es una tontería. -Para ser alguien que desea desayunar acompañada...-coloca dos dedos en mi muñeca y empuja lentamente hasta que quito la mano de su boca. Su mirada está fija en mí.-actúa como si mi compañía le avergonzara...-tengo la intención de decir algo, pero no puedo, no cuando el dato sobre mi repentina actitud involucra a la persona que trabaja para él. -De ser así, no le habría permitido entrar entre mis piernas...-ladea ligeramente la cabeza y da un paso hacia mí. Huele tan delicioso y su calor me calienta como el fuego. -Si no fuera así, no me estaría ocultando de esta forma tan denigrante...-su expresión muestra una especie de ofensa o quizá enojo, no lo sé con seguridad. -Gabriel...-en cuanto me quita la mirada, se aleja unos pasos de mi y mete las manos en sus bolsillos entendí que la he cagado. -Si me disculpa, debo ir trabajar...-dice antes de salir de la habitación. Me cago en todo. -Gabriel...-digo siguiéndolo. No me avergüenza en lo absoluto este hombre, sino que no quiero que siga pensando su nana que soy la única que lo puede tocar. -Mi chófer la llevará a la cafetería en cuanto esté lista...-dice sin mirarme antes de que se cierren las puerta del ascensor. Me ha dejado con la puta palabra en la boca. Detesto cuando la gente hace eso, es como si sus oídos y cerebros se rehusaran a escucharme cuando intento explicar el porqué de las cosas. Y mi orgullo, que es mil veces más grande que el de los demás, me impide perseguir a quien no me escucha. -¿Pero de que ha avergonzado usted al amo?...-giro en mi sitio para mirarla. No sé que demonios hice exactamente, pero ella parece si saberlo. -Creo que lo he ofendido, pero no sé de qué forma...-si solo lo arrastré a una habitación para que su nana no nos viera y siguiera pensando cosas que no son ciertas. -El amo no estaba ofendido, estaba avergonzado...-eso me saca de órbita completamente. ¿Avergonzado? ¿Por qué demonios Gabriel estaría avergonzado? Ella debe de estar imaginando cosas. Me siento en el taburete del desayunador y como el desayuno, con un nudo en la garganta y en el estómago por el montón de ideas que me vienen disparadas ante todo lo que sucedió antes, para luego volar a tomar un baño y salir de la casa de Gabriel. Tal y como él dijo, su chófer me llevó hasta la cafetería y me dejó ahí. Honestamente no iba a venir a trabajar hoy, sólo necesitaba venir a la cafetería para esperar a Nath. Casi olvido el plan original por estar pensando en el alboroto con Gabriel. A los diez minutos de haberse ido el chófer de Gabriel, el auto de Nath se detuvo frente a mí. No creí que ella accedería a ir conmigo a ese sitio, siempre se mantuvo al margen con este asunto, pero parecía bastante decidida a venir conmigo. Gracias al cielo por ello. -Hola sol de mi vida...-planto un pequeño beso en su mejilla y le regalo una ligera sonrisa. -Hola mi corazón...-respondo tratando de sonar lo más normal que se pueda, a pesar de no haber dormido una m****a, haberla llamado a altas horas de la noche y haber tenido una discusión con el hombre que me quitó la virginidad de la forma más deliciosa que puede haber. -¿Estas segura de que quieres ir a verla?...-me lo pienso unos instantes. Que ese bastardo haya salido tan pronto de la cárcel es culpa de mi madre. -Ella parece haber olvidado todo, pero yo no y es hora de que la roca que llevo en la espalda la cargue alguien más...-ahora mismo estoy ansiosa, molesta y decepcionada de toda esta porquería de situación, el nudo en mi pecho crece conforme pasa el tiempo y no parece querer desenredarse jamás. Mi madre era la responsable del juicio contra ese desgraciado, pero al ser algo tan personal, su reputación y su credibilidad estaban pendiendo de un hilo, por lo que cuando dictó su maldita condena frente a todos los que estábamos en la sala, el nudo en mi pecho creció lentamente conforme ella le daba a ese malnacido menos tiempo del que merecía. Por darle vueltas al asunto de Gabriel, había olvidado que había decidido ir a hablar con mi madre mientras hablaba con Nath por teléfono. Eso demuestra que estar cerca suyo solo me desubica de lo que realmente necesito hacer para acabar con esta m****a. Al cabo de unos veinte minutos, llegamos al edificio de abogados donde trabaja madre como Juez jefe. Este sitio me da escalofríos y muchas ganas de vomitar. Aún recuerdo esa maldita frase que dijo un imbécil cuando el juicio de ese día terminó: "La ley sólo aplica para quienes no pueden pagar por su libertad". Ese bastardo tenía razón. Atravesamos el parking con paso firme y seguro, a pesar de que por dentro estoy estallando de rabia y dudas. Si tan solo ella se hubiera esforzado lo suficiente y hubiera hecho justicia verdadera, sin importarle el dinero del acusado, ahora mismo no habría una brecha entre nosotras. La mujer de la recepción me mira desde que atravesamos las puertas de cristal con una expresión de asombro, incredulidad y nervios que me pone de los ovarios. ¿Por qué m****a me mira de esa forma? ¿Acaso ella les advirtió que no me dejaran entrar o qué? -Buenos días...-le dice Nath cuando nos detenemos frente a ella. Su expresión cambia en cuanto le doy una mirada de advertencia.-venimos a ver a...-el teléfono de su escritorio suena y ella lo levanta de un solo. Debo controlarme o perderé la cabeza. Por su expresión, puedo adivinar que no es una llamada importante porque de inmediato se relaja y solo le presta atención a quien sea que esta al otro lado de la línea. El profesionalismo se lo ha pasado por el t*****o. Rodeo a Nath y me coloco en el sitio donde se encontraba. Ahora soy yo la que queda frente a la mujer, quien parece volver a la tierra en cuanto sus ojos hacen contacto visual con los míos. Por la forma en la que se ha pintando esa expresión de terror en un dos por tres en su rostro, diría que mi madre ya les ha advertido de mí. -¿Prefiere colgar usted o lo hago yo?...-digo sin pizca de humor o vida. Últimamente la gente me colma demasiado rápido la paciencia.-eso creí...-digo en cuanto ella cuelga el teléfono. Si quiero respeto, lo debo exigir.-le advierto que si le avisa a esa mujer que estoy aquí, le clavo la lengua en este escritorio en cuanto salga del edificio ¿entendido?...-digo regalandole una sonrisa tierna. A ver si con esto esa mujer clava su cabeza en la tierra como un avestruz y comienza a pensar antes de advertirle a los incompetentes de mí. -Sí señora...-dice ella mientras asiente frenéticamente con la cabeza y me señala con una mano el ascensor. No siento una pizca de lástima por ella, aunque la he amenazado y prácticamente la he puesto en la orilla de la tabla en su trabajo. Bueno, quizá así empiece a ser más profesional. Avanzamos hacia el ascensor y entramos en el. Cuando las puertas comienzan a cerrarse, puedo ver a través de las enormes ventanas de la entrada un auto estacionado en el parking que me resulta bastante familiar. ¿A dónde he visto ese auto? -Vale...-giro mi rostro para mirarla. Parece muy metida en un pensamiento o quizá un recuerdo.-¿recuerdas el otro día cuando salí de tu casa y me topé con Gabriel Stoker de camino a la salida del edificio?...-asiento ligeramente con la cabeza en respuesta. Parece muy metida en ese recuerdo.-no pude evitar sentir una extraña familiaridad con él...-dice más para sí que para mí. No entiendo porque de repente pensó en él, pero no estoy de humor para pensar en Gabriel ahora. -Quizá solo se debió a todas las noticias que ves de él en la televisión, celular y hasta en la boca de tus conocidas...-sus ojos hacen contacto visual con los míos por unos segundos. Parece que me quiere dar un mensaje, pero no sé exactamente cuál es. -Sí, quizá sea eso...-las puertas del ascensor se abren y ella parece volver a la tierra.-vamos...-dice señalando con una mano el exterior. No parece estar muy de acuerdo con lo que le he dicho, pero tampoco parece darle mucha importancia al asunto. Salimos del ascensor y avanzamos lentamente por el sitio lleno de escritorios con sus respectivos dueños. Algunos parecen reconocerme, mientras que otros solo me miran de reojo y siguen en lo suyo. La oficina de mi madre esta a unos pasos de distancia, pero una mujer bastante nerviosa y alerta se coloca frente a nosotros para detenernos el paso. Esta debe ser su secretaria. -La abogada Rowell no puede atenderlas ahora, por favor no...-doy unos pasos hasta quedar más cerca suyo y así poder susurrar. -Estoy cansada de recibir las barreras que mi madre ha puesto para guardar su t*****o de mí, así que le sugiero que se aparte de mi camino...-extiende los brazos y alza la barbilla con firmeza para darme a entender que no se quitará del camino. Ladeo ligeramente la cabeza y miro a Nath por el rabillo del ojo. Me agrada como ella entiende de inmediato el mensaje que le doy porque se coloca en medio de ambas y empuja a la mujer hasta pegarla a la pared. -Oiga...Por favor espere...Por favor...La abogada tiene a un cliente en este momento...-dice ella forcejeando para intentar soltarse de Nath. Si supiera que nadie puede hacerlo. Avanzo rápidamente hasta la oficina de mi madre y me quedo de piedra en cuanto veo salir de ella a nada más y nada menos que a Gabriel. Por supuesto, el auto del parking era el de él. Sus ojos hacen contacto visual con los míos y la sorpresa se hace evidente ni en ellos ni en su rostro. Quizá todavía esta molesto por lo sucedido hace dos horas atrás en su casa. -No sabía que la cafetería había cambiado tanto desde que usted dejó de trabajar ahí...-sí, sigue molesto y ese tono de voz me lo indica. -Ni yo que su oficina era otra...-si me planea a****r, lo atacaré de vuelta y puede que peor. -¿Me esta siguiendo?...-dice entrelazando los brazos en su pecho. Este tipo cree que todas las mujeres lo siguen. -Por supuesto, porque la misión de mi vida es seguirlo a todos los sitios a los que va...-digo con todo el sarcasmo del que soy capaz. Es un egocéntrico. -¿Entonces está aquí para ver a su madre?...-tengo la intención de responder, pero su pregunta me deja sin habla. ¿Cómo sabe él que ella es mi madre? -¿Cómo sabe que ella es mi...-en una fracción de segundo, su mano cubre mi boca y su brazo prácticamente me levanta del suelo para llevarme hacia la columna más cercana. Quiero chistar, alegar y hasta golpear, pero por la forma en la que me esta cubriendo con su cuerpo y mantiene la mirada fija en un sitio, diría que es algo serio. Su cuerpo parece estar más caliente de lo normal y no estoy completamente segura, pero creo que la mano que mantiene en mi boca tiembla ligeramente. ¿Que demonios sucede aquí? Intento girar mi rostro para poder ver en la dirección en la que sus ojos están fijos, pero él me lo impide y me mantiene quieta. No me agrada nada de esto, para ser completamente honesta. Como si fuera una especie de alarma o señal, el sonido de unos tacones chocando conta el mármol me hace enfocar mis oídos en ello. El agarre de Gabriel en mi boca pierde fuerza y me da chance de moverme un poco para poder observar a quien lleva esos tacones que hacen un sonido muy extraño. Me quedo helada en cuanto una mujer con un traje amarillo aparece en mi campo visual. Su cabello color cobre, su bolso caro en su mano perfectamente cuidada y esa piel tan blanca que la hace ver como muerta viviente, es la viva imagen de la elegancia y la perfección. -Sabía que me perseguía...-giro mi rostro con la intención de alegar y defender mi nombre, cuando noto que él no me lo está diciendo a mí. La forma en la que su mirada está fija en la mujer de traje amarillo me pone inquieta. -Gabriel...-digo en un susurro. El gira su rostro lentamente hacia mi y esa mirada muestra algo que no logro descifrar. -Debe irse ahora o usted también quedará hundida en esta mierda...-sus palabras cargan una especie de advertencia, pero solo para cubrir lo que verdaderamente desea. -Supongamos que d***o quedarme...-frunce el ceño ligeramente y mira nuevamente hacia la mujer. No parece muy feliz por mis palabras.-supongamos que estoy dispuesta a hundirme para luego salir juntos de ello...-sus ojos grises se clavan directamente en los míos. Hay confusión en él, se nota. -¿Por qué querría usted hacer una estupidez como esa por alguien que sólo juega y hunde a todo lo que lo rodea?...-esa es una pregunta que difícilmente podría responder ahora mismo, pero que a la vez puedo responder. Tengo el d***o de ayudarlo porque su expresión, su mirada y todo en él me indican que necesita que alguien esté a su lado, que alguien lo saque de ese infierno en el que esta metido y sé que quizá sus labios no lo dicen ni lo dirán jamás, pero todo en él me indica que así es. Todo en el grita de agonía y desesperación pidiendo ayuda. -Por qué yo también necesito a alguien que me saque de este agujero n***o en el que estoy metida...-parece que él y yo tenemos algo en la espalda que nos hace hundirnos lentamente en el lodo n***o. No estoy muy segura de esto, pero parece que una cadena nos ata de alguna forma a ese fango. Esto es como una especie de lazo que nos hace iguales y el cual solo puede ser desatado por quien esté dispuesto a entrar en el infierno para hacerlo
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