Vladimir se enfureció al no poder ejercer su castigo ante Rosalie, quien en ese momento se llevó su mano derecha hacia su boca.
—¿Quién diablos te crees para meterte en los asuntos de una pareja? —exclamó exasperado Vladimir, volteando colérico para enfrentarse a la persona que había tenido la osadía de frenar su mano.
Para sorpresa de Rosalie, el rostro de Vladimir palideció al ver el rostro de Ricardo.
—No deberías comportarte de manera violenta con ninguna mujer bajo ninguna circunstancia, sobre todo en un lugar público.
Rosalie por primera vez notó cómo el porte arrogante de su prometido se redujo a cero, mostrándose sumiso ante ese hombre que, ahora que lo observaba bien, no era otro que Ricardo Mondragón, el hombre con el que había tenido el desafortunado incidente de los pepinillos en el avión.
Ella trató de evitar la mirada de ese hombre; sin embargo, no logró hacerlo. Sus miradas se conectaron, lo que llevó a Rosalie a perderse en la profundidad del azul profundo que irradiaba la mirada de Ricardo.
—¿Se encuentra bien, señorita Walker? —le preguntó Ricardo, trayéndola de vuelta a la realidad.
—Sí, me encuentro bien, gracias.
Quien no se encontraba bien era Vladimir, que en esos momentos mantenía los puños apretados, conteniendo su ira, al ver la familiaridad con la que tanto Rosalie como Ricardo Mondragón se trataban.
Era evidente que ambos se conocían, aunque resultaba inverosímil. A pesar de ser una hábil diseñadora de modas, la elección conservadora de vestimenta de Rosalie la alejaba de la vanguardia, lo que llevó a Vladimir a cuestionar la posibilidad de alguna relación entre ellos.
—¿Ustedes dos se conocen?— preguntó Vladimir, molesto por la interacción silenciosa frente a él.
—Eso es un secreto entre la señorita Walker y yo, ¿verdad? —sonrió Ricardo, provocando un ligero rubor en las mejillas de Rosalie al recordar el incidente en el avión.
—Sí, el señor Mondragón y yo nos conocimos recientemente.
La respuesta y la actitud de ambos incrementaron el mal humor de Vladimir, quien odiaba sentirse excluido.
—Ya que se conocen tanto, ¿por qué no se quedan a hablar? Solo no olvide, señor Mondragón, que ella es mi prometida.
Ricardo sonrió ante las palabras de Vladimir — ¿En serio? Por un momento pensé que se trataba de una de tus empleadas, por la forma en que la estabas tratando. Pero no te preocupes, ya me voy; tengo una reunión de negocios en unos minutos. Aunque claro, tú jamás sabrás lo que es trabajar mientras estés bajo la protección de tu padre. Señorita Walker, ha sido un placer volver a verla.
Después de despedirse, Ricardo dejó a Vladimir y su prometida a solas. Rosalie supo que lo mejor era mantener silencio. Conocía el temperamento de Vladimir y lo difícil que le resultaba mantenerse sumisa ante Ricardo. Aun así, tenía que abordar el tema del compromiso.
—Vladimir, sería mejor que concluyamos nuestra conversación. Por favor, reconsidera romper el compromiso.
Vladimir no dijo nada, pero Rosalie sabía que en ese momento su prometido era una olla de presión a punto de estallar, y lo mejor para ella era alejarse lo más pronto posible de ese lugar.
—Como quieras, mojigata. Pero ya sabes las consecuencias de romper el compromiso, y no creo que te convenga.
Rosalie se levantó de la silla, intentando mantener la compostura, y se alejó de la cafetería sin mirar atrás. Sabía que no solo ella se enfrentaría a retos y consecuencias sino también toda su familia, pero estar atada a Vladimir no era una opción. La sombra de las amenazas de Vladimir se cernía sobre ella, pero no estaba dispuesta a dejarse amedrentar.
Ricardo permanecía con los puños crispados, incapaz de apartar de su mente la imagen de cómo su primo estuvo a punto de golpear a Rosalie. El miedo que vio reflejado en sus ojos lo atormentaba.
Al notar la tensión de Ricardo, Mario se acercó preocupado. —¿Ocurre algo?— le preguntó.
—No, no ocurre nada. Solo me topé con mi primo al llegar al restaurante —respondió Ricardo, aunque su expresión delataba su incomodidad.
Mario escudriñó el lugar en busca del primo de Ricardo, pero no lo encontró. —Bueno, parece que se ha ido. No creo que encontrártelo sea motivo para estar tan tenso. Debes tranquilizarte. Pronto vendrán los hombres con los que haremos negocios.
Aunque sabía que Mario tenía razón, Ricardo aún se sentía molesto por confirmar que Rosalie Walker era la prometida de su primo. No obstante, la llegada de los invitados para la reunión de negocios lo obligó a dejar de lado su malestar y concentrarse en su trabajo.
Mientras tanto, Catalina, la media hermana de Rosalie, no estaba de buen humor. Desde la noche anterior, cuando su hermana la descubrió en la cama con Vladimir, éste la había estado ignorando. La envidia y el resentimiento de Catalina hacia Rosalie crecían cada vez más, alimentando una rivalidad profunda y dolorosa en su corazón.
Catalina no amaba a Vladimir; más bien, lo deseaba porque era el prometido de Rosalie, y ella anhelaba quedarse con todo lo que su media hermana tenía. Sin embargo, no conseguía hacer que su padre dejara de amar a Rosalie, quien era la niña de los ojos de su progenitor.
—Debe haber una forma de demostrarle a mi padre que Rosalie no es más que una cizaña ensuciando el trigo —murmuró Catalina, mordiéndose la punta del pulgar en reflexión.
La madre de Catalina la sacó de sus divagaciones.
—Hija, ¿qué te pasa? ¿No has podido dormir?
Catalina se abrazó a su madre, como si fuera una pequeña niña.
—No, no he podido dormir, y todo es culpa de Rosalie. Madre, ¿por qué no hablas con papá para que rompa el compromiso con Vladimir? De las dos, yo debería casarme con él. Ella no es más que una huérfana cuya madre murió de manera sospechosa junto a otro hombre.
—Lo sé, mi niña, lo sé. Tú eres quien debería casarse con ese chico, pero tu padre está obsesionado con que sea ella. No te preocupes, haré que tu padre te consiga un hombre mejor para ti.
—Pero yo no quiero otro hombre, madre.
—Entonces debemos asegurarnos de que tu padre vea la clase de mujer que es Rosalie y la destierre de aquí. Y ya que lo haremos, presta atención.
La sonrisa compartida entre ambas mujeres no auguraba nada bueno; de hecho, en sus miradas se reflejaba la maldad de sus planes, los cuales se dirigían en contra de Rosalie.