EL PESO DEL SILENCIO

1825 Words

El reloj del hospital marcaba las 5:53 de la mañana cuando por fin pude salir, el pitido de los monitores todavía resonando en mis oídos como un eco de las últimas quince horas. La guardia había sido un torbellino de pacientes con fiebres que no cedían, heridas que necesitaban suturas urgentes, y el caos de una sala de emergencias que nunca descansaba. Mis pasos eran pesados, las zapatillas desgastadas crujiendo contra el linóleo, y mi cuerpo pedía descanso con una urgencia que sentía en los huesos. Pero mi mente… mi mente no estaba cansada. Estaba inquieta, dando vueltas como un animal atrapado, incapaz de detenerse en algo que no fuera él. Enzo. Su nombre se colaba en mi cabeza sin permiso, como el aroma del café que impregnaba mi ropa después de un turno en la cafetería del hospital.

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