“Ella es extraña, puede oler tu miedo sin que lo sepas”
Unas semanas antes…
Samantha Pitterson se encontraba en las afueras del instituto Hamers. El exclusivo instituto privado UEP.Hamers > es uno de los mejores institutos de la ciudad, donde las diferencias entre ricos y humildes se hacen notar. Samantha estaba empezando el primer día de clases, cosa que a ella le irritaba bastante porque detesta estudiar y pasar horas y horas tratando de entender un tema. La verdad sacar las mejores calificaciones no era lo suyo, pero tiene que tener un buen promedio ya que su madre piensa que estudiara derecho, cosa que ella no piensa hacer, eso implica aprender todas las leyes que existen y Samantha no tiene tan buena memoria como para aprender ese montón de cosas, odiaba tener que tocar el tema porque le ha explicado a su madre que quiere estudiar periodismo. Eso es lo que ella ha estado practicando en uno de los club que tienen en el instituto, en el instituto hay varias club donde te puedes inscribir como por ejemplo: El club de teatro, el club de ajedrez, el club deportivo, matemáticas, pintura y periodismo. Samantha se inscribió el año pasado en el club de periodismo, ella es una chica bonita, de rostro dulce y sin una pizca de acné. Sus ojos azules e intensos, eran dignos de admirar tal cual mar azul en la playa, de complexión delgada, alta y su pelo castaño oscuro es tan suave como su piel.
Ella desde que estudia en este lugar se ha encontrado con personas algo egocéntricas y adineradas. Otros la miran como si fuese un bicho raro al cruzar la puerta del instituto, cosa que ella intenta ignorar lo mejor posible, mientras que otros simplemente siguen su camino sin importarles su presencia. La joven a pesar de tener un buen tiempo estudiando aquí no se quejaba mucho, aquí ella pudo encontrar amistades que para ella son sus mejores amigos: Eliot Smith, Sasha Steele y Austin Diaz. Fueron una de las primeras personas que conoció en el instituto, a ella le alegraba mucho volver después de las vacaciones al instituto, quería volver a ver a sus amigos. Durante las vacaciones ellos siempre se contactaban mediante r************* como f*******: y w******p.
Al terminar de despedirse de sus padres la joven baja del auto y se dirige a la puerta de entrada. Muchos de los estudiantes del instituto estaban afuera charlando y saludándose después de tanto tiempo sin verse durante las vacaciones, la joven Samantha rodea sus ojos al momento en el que ve llegar un auto de uno de los posibles chicos más creídos del instituto. El auto lujoso de color blanco hace brillar literalmente los ojos de todos, cuando el auto se estaciona un chico de cabello azabache y con un perfecto cuerpo definido baja del auto cerrando la puerta de este, el muchacho de nombre Jaime Sanz Martínez hace que gran parte de los estudiantes lo miren con vehemencia, la joven Samantha resoplo desde donde estaba parada, ella odiaba a ese chico. A veces ella pensaba que Jaime amaba mas a su auto lujoso que a su propia vida. El joven después de que bajo de su auto saludo a unos cuantos de sus amigos mostrando una perfecta sonrisa, Samantha pudo notar algunas de las miradas dirigidas hacia el de parte de las chicas.
> pensó ella para sus adentros.
El muchacho sintió la mirada recelosa de parte de la joven, el voltea hacia su dirección y ella aparta la mirada hacia adelante para seguir su camino subiendo por los pequeños escalones hasta llegar a la entrada. A la joven se le acelero el pulso y su cara mostro una gran sonrisa al escuchar los gritos de sus amigos llamándola a sus espaldas, decidida se gira sobre su eje y baja los escalones apresurada para llegar donde están ellos.
—¿Dónde está la chica más chismosa del grupo? – le bromeo su amigo Eliot. La joven Samantha lo fulmina con la mirada antes de abrazarlo.
—No soy chismosa – contesto ella en defensa. Pasando a abrazar a su amiga Sasha.
—Te extrañe Samantha – le dijo su amiga dándole un fuerte abrazo, Samantha le respondió con las mismas palabras, era el turno de abrazar a Austin.
—¿Y tu que chico frio? ¿quieres un abrazo? – pregunto ella enarcando una ceja y sonriendo.
El joven Austin Diaz es un chico alto, guapo, cabello rubio y ojos verdes. Es el más reservado y serio del grupo, aunque a veces suele ser divertido, es el típico chico que le gusta vestirse de n***o y estar centrado en su vida sin molestar a nadie; leyendo libros. Austin puede ser cortante a veces, pero es buena persona. El joven miraba con seriedad a Samantha, pero luego su rostro cambia a una pequeña sonrisa y hace un asentimiento de cabeza.
—Me gusta mi espacio personal pero…en este caso solo diré que si – contesto el chico, aceptando su abrazo.
—¿Tendremos los mismos compañeros de habitación? – pregunto Sasha más para sí misma.
—No lo sé – respondió Samantha en un encogimiento de hombros.
—Espero que no, recuerdo que mi compañero de habitación no me dejaba dormir, roncaba demasiado y más de una vez tuve que tirarle una almohada para callarlo – revelo Eliot.
—Yo no tenía acompañante de habitación por lo cual me sentía de lo mejor, no me gusta que me vean dormir – comento Austin, con una mueca.
—¿Por qué? – le pregunto Samantha.
—Porque…duermo en bóxer.
> pensó la joven para sus adentros.
Aquella revelación le causó un ardor en las mejillas y aparto la vista de inmediato ¿Cómo puede decir algo como eso sin necesidad de vergüenza? En cambio el joven no sintió ni una pisca de incomodidad, no le gustaba mucho mentir, prefería ser sincero.
—En ese caso – hablo Eliot – me encantaría tenerte como acompañante de habitación – le dijo en tono coqueto y rodeo su brazo por encima de los hombros de Austin. Sasha y Samantha rieron por su comentario.
Austin aparto su brazo dándole un golpe en la nuca mientras le murmuraba la palabra idiota a su amigo, negando con la cabeza mientras reía.
—No quiero interrumpir este romance pero…-interrumpió Sasha - ¿Ya vieron quien esta allá? – Samantha miro sobre su hombro derecho hacia la dirección que indicaba ella – Ivy Montero.
—¿Ivy Montero? – pregunto la joven, sin entender.
—¿Qué no la recuerdas? – le preguntó Sasha, Samantha negó con la cabeza – Ella estaba el año pasado aquí – le recordó, entre cerro los ojos tratando analizar en su mente algún recuerdo – Ella es muy rara, no sé, siempre está sentada en una de las ultimas sillas del salón, casi no habla con nadie y cada vez la veo más pálida.
—¿Crees que esté enferma…
—De la mente – le completo Eliot, la joven lo miro frunciendo el ceño – Una vez la vi caminar sonámbula en medio de la noche – les confesó.
—Ser sonámbula no significa que estés enfermo de la mente – recalcó Austin.
—No hablo solo de ser sonámbula, ella caminaba y balbuceaba cosas sin sentido, parecía un fantasma o una especie de alma.
—¿Y que tu hacías despierto a horas de la noche? – curiosea Samantha, cruzándose de brazos y enarcando una ceja.
El joven pareció haberse puesto nervioso ante la pregunta de su amiga, sus mejillas se tornaron a un color rosa y se rasca la nuca, incomodo.
—Bueno…—bajo su mirada, para luego sonreír inocente – esa noche planeaba divertirme con Gloria – el muchacho sonrió con diversión.
—¿Gloria? —soltó Austin – viejo estás loco, es la hija de la directora.
—¿Y?
—Lo único que buscas es que te expulsen del instituto.
—¿Tú crees que me importa? – Eliot lo miro incrédulo – desde que la conozco me interese en ella, no me importa lo que piense la directora, pero en cualquier momento ella tendrá que saber lo que hay entre nosotros.
—¿Qué se supone que hay entre ustedes eh?
Eliot parpadea varias veces por su pregunta.
—Pues…yo…bueno – balbucea Eliot.
—Eliot, ¿planeas tener una relación seria con ella? – Eliot chasquea la lengua.
—No lo sé, admito que aun sigo confundido.
—Pues tendrás que saberlo cuanto antes, no vaya ser que le rompas el corazón cuando sea muy tarde – opino Samantha.
—Y hablando de corazones – canturrea Sasha – ahí viene tu amado – le dijo ella levantando su barbilla hacia alguna dirección detrás de Samantha.
La joven cierra sus ojos con fuerza porque sabia de quien se trataba.
—Hola preciosa – escucho la voz de un muchacho muy cerca de su oído – muy buenos días.
Era Jaime Sanz Martínez, uno de los chicos mas guapos del instituto, la joven no era como las otras chicas que lo miraban como si fuera un increíble Dios griego. En su caso, lo detestaba por la manera en que trata a las chicas como si fuera alguna clase de objeto. Desde que el joven Sanz conoció a Samantha se intereso mas en ella que cualquier otra chica del instituto. Jaime rodea el hombro de Samantha con su brazo.
—¡Quita tu brazo de encima si no quieres que te golpee tu horrible cara! – le advierte Samantha.
—¡Que agresiva! – expreso el muchacho con una sonrisa – si lo haces, te advierto que te robare un beso.
—Y si tú haces eso, te advierto que te daré una patada en la entrepierna ¡y te dejare sin hijos! – el joven le regalo una sonrisa ladina.
En el fondo a Jaime le encantaba las actitudes tan diferentes de Samantha, ninguna chica lo insultaba tanto como ella, le intrigaba y le fascinaba al mismo tiempo. El joven se rindió y aparto su brazo del hombro de Samantha.
—Si me necesitas estaré en clase de física, no me extrañes – Jaime le dejo un beso en el cachete a Samantha tomándola desprevenida – adiós chicos.
—Imbécil – murmuro por lo bajo, Samantha, mientras se limpiaba el cachete.
Cuando ella levanta la mirada se encuentra con las miradas picaras de sus amigos.
—¿Qué?
— Uno de los chicos más lindos del instituto está intentando conquistarte y tu solo lo rechazas – le dijo Sasha, Samantha resoplo girando los ojos.
—Un mes después que entre aquí no dejaba de fastidiarme, molestando y diciéndome que era una ñoña, luego intenta ser lindo ¿le pica o qué? Si intento rechazarlo es por la forma tan egocéntrica que se comporta a veces – explico, mirándolos a los tres – es un creído.
—Puede que lo sea – opino Austin – pero quien quita y tú puedes cambiar la forma en la que piensa, habla y trata a los demás.
Aunque eso fuera cierto, Samantha no estaba segura de tener una relación con alguien como Jaime. La joven recuerda la primera vez que lo vio, ella estaba tan perdida en los pasillos del instituto que casualmente ese día él llego un poco tarde, la vio entre los pasillos y la guio hasta su aula. Se lo agradeció. Pero luego comenzaba a molestarla y fastidiarla, hasta que ella se cansó y lo ignoraba, a base de eso buscaba la forma de distraerse besando a otras chicas, a la joven no le molestaba en lo absoluto porque era su vida, pero si le molestaba la forma en que veía a las chicas como un objeto. Según Sasha le decía que tal vez se comportaba así por la forma en que lo ignora cosa que muy pocas chicas hacen en el instituto, desde que él comenzaba a verla haciéndole ojitos o le decía cosas cursis las demás chicas la fulminaban con la mirada, se les notaba la envidia al tope pero no le importaba, Jaime Sanz Martínez no entraba en su lista de chicos platónicos.
—Solo dejen el tema ¿ok? – dice ella, después de unos segundos de silencio.
El timbre del instituto resonó por todos lados.
-Vamos, hay que entrar – dijo Eliot.
Lo siguieron mientras subían las pequeñas escaleras de la entrada, la chica de aparente nombre Ivy Montero les pasó por un lado mientras subían las escaleras, los cuatro jóvenes intercambiaron miradas recelosas al ver a la chica. La poca visión que Samantha le dio a la chica pudo notar que era de un cabello castaño, casi rubio, sus ojos color miel y, pudo notar también que Sasha tenía razón, la chica era muy pálida, dejo de mirarla y siguió su camino con los chicos.
Cabe destacar que la UEP.HAMERS es enorme, tanto los pasillos como una de las canchas lo son, Samantha se deslizo por los pasillos entre la multitud de estudiantes. Se escuchaban murmullos por todos lados. Llegó a su pasillo donde estaba su casillero, Austin tenía el suyo del lado izquierdo a sus espaldas, se despidieron de Eliot y Sasha, y Samantha se dispuso a abrir el casillero metiendo algunas cosas como libros, cuadernos, lápices de repuesto y un espejo.
Después de terminar de acomodar el casillero la joven se va a su clase de historia junto con Austin, el profesor William Cáceres es un hombre regordete de unos cuarenta y tantos años de edad, siempre usa sus gafas cuadradas en sus ojos inexpresivos. Siempre se viste con ropa cómoda sin olvidarse de su pequeña carpeta que sujeta su mano y su taza de café, al entrar algunos de los demás estudiantes están sentados en los pupitres, cuando el profesor se percata de la presencia de Samantha y Austin o bueno sobre todo la de Austin quien aún sigue su camino a sentarse, lo llama.
—Señor Austin Diaz – su amigo se para en seco, luego se gira sobre su eje para mirar al profesor – Por favor coloque su camisa adentro de su pantalón – le pidió.
Captando la atención de los demás compañeros, se escuchó un mínimo silencio. Austin odiaba el uniforme del instituto, ya que su forma de vestirse es otra. Austin gruño y de mala gana se acomodó su camisa metiéndola en su pantalón, mientras Samantha buscaba un lugar donde sentarse su vista llego hacia la chica llamada Ivy, ella estaba concentrada haciendo pequeños garabatos en su cuaderno y al pasar por su lado se dio cuenta que estaba dibujando una especie de calavera con rosas al alrededor.
—Esta genial tu dibujo – le comentó, con sinceridad. Samantha le sonríe.
La joven casi rubia se percata de Samantha en el momento que la escucha, levanta un poco la vista hacia y le regala una pequeña sonrisa.
—Gracias.
Samantha siguió su camino colocándose atrás de un pupitre que deja espacio entre las dos, Austin regresa sentándose al lado de la otra fila de pupitres a su derecha. Samantha lo miro, Austin le señalo con su boca a la chica que estaba a un pupitre frente a ella. La joven se inclina en su pupitre para hablarle.
—¿Viste su dibujo? – le pregunto en susurro, para que nadie los escuche.
—Si, esta genial – respondió el joven mientras sacaba un cuaderno de su bolso—¿crees que pueda dibujarme desnudo?
Ella deseaba darle un golpe por lo revelador que era de vez en cuando.
—¡Yo que se! Pregúntale a ella – rodeó sus ojos - ¿para qué tú quieres algo así?
—No sé – se encogió de hombros – siempre quise tener una pintura de mi en medio de la sala de mi casa.
—¿Y quieres que todas tus visitas vean como Dios te trajo al mundo?
—Claro que no, usare taparrabo – dijo con diversión, la joven ríe tapándose la boca tratando de no hacer mucho ruido – pero…hablando enserio la chica dibuja bien.
—¿Pueden por favor no hablar de mi a mis espaldas? – la escucharon decir, ellos la miraron apenados.
—Lo lamento, es que nos gustó mucho tu dibujo – dijo Samantha, apenada.
—Ya lo noté – desvió su vista hacia Austin -, y para que lo sepas no acostumbro dibujar personas desnudas – Austin carraspeo la garganta.
—Lo siento, era solo una broma – se disculpó
—Les mostrare algo – agarro su cuaderno y busco algo entre las paginas - ¿Ven esto? – señalo con su lápiz un dibujo de una chica aparentemente con una expresión en la cara - ¿Qué piensan que tiene la chica?
Samantha miro de reojo a su amigo, no sabían que responder a eso.
—Miedo – respondió ella – esta chica tiene miedo, el miedo te puede paralizar y si no lo controlas puede ser tu final.
En ese momento una extraña brisa paso por las ventanas, la expresión de ella cambio a una sombría. Samantha la miro con su ceño fruncido, le pareció extraño su actitud.
—¿Qué son esas líneas ahí? – preguntó Austin señalando el dibujo.
—Una calle.
—¿Qué clase de calle es? – pregunto la joven.
—Una muy peligrosa…como tú.
La luz del salón de clases tintineo en el momento que ella le dijo eso a Samantha, ella miro hacia el bombillo y seguía haciendo lo mismo. Austin estaba con el ceño fruncido sin entender mucho, el maestro y los demás estudiantes en el salón se inmutaron al prestarle atención a los bombillos. Ivy cambio el rostro a uno más relajado para darse la vuelta y prestar atención al profesor. En ese instante el bombillo se colocó a su estado normal.
—Muy buenos días a todos – les saludó cordialmente el profesor – espero y hayan tenido unas buenas vacaciones, les agradezco mucho el estar aquí mayormente porque este instituto es el ejemplar para hacer de ustedes un mejor futuro – hiso una pausa – por favor presten suma atención y cualquier duda que tengan me lo hacen saber.
[…….]
Al salir de clases Samantha espero a sus padres afuera, en el auto estaban todas sus cosas para llevarlas a su habitación donde posiblemente pueda tener una compañera de habitación, lo bueno de este instituto es que pueden tener sus propias habitaciones. Al llegar ella se acerco al auto y saludo a sus padres.
—¿Cómo te fue hoy en clases? – pregunto su papá.
—Bien…creo – se limito a responder.
—¿Qué habitación te toca? – le pregunto su mamá mientras bajaba del auto.
—Habitación 32-B – respondió al tiempo que abrió la puerta trasera.
—¿Anoche metiste todo lo necesario? – preguntó al estar cerca de ella.
—Si mamá, ropa, zapatos, mi computadora y todos los números de emergencias – bromeo la joven lo último.
—Lorena, Samantha ya no es una niña sabe lo que tiene que hacer – le dijo su padre a su esposa. Samantha le sonríe a su padre.
—Lo sé – suspiro su madre, colocando sus brazos en taza.
Samantha tomo con sus brazos las cajas para llevarlas a su dormitorio, su padre le ayudo con la otra caja más pesada y su madre sostenía una maleta. Los dos la acompañaron mientras caminaban al edificio, habían muchas chicas y chicos con cajas y pequeñas maletas, al entrar subieron las escaleras mientras buscaban la habitación 32-B. El año pasado a Samantha le había tocado la 16-B junto con otra chica de un año mayor que ella.
29-B…
30-B…
31-B…
Samantha fue mirando cada puerta hasta que la encontró.
—Aquí 32-B – anuncio la joven, dándose la vuela para verlos.
—Bueno…—su madre dejo su maleta a un lado – no quiero que tengas problemas ¿entendido? Debes tener buenas calificaciones para que estudies derecho – Samantha rueda los ojos.
—Mamá, ya he hablado contigo de eso – resopló, cansada de hablar del mismo tema que siempre las colocaba en discusión.
—¿Qué tiene de malo que estudies eso? – se cruza de brazos, mirando a su hija a la defensiva.
—Lorena…-interviene su papá – no creo que sea el mejor lugar para discutir – su padre mira a Samantha – haz lo que te dicte tu corazón, hija, yo te apoyare en lo que elijas – Samantha le sonríe a padre por su apoyo.
—¡Thomas! – exclamo su madre, indignada porque su marido no este de su lado para que su hija estudie derecho.
—Lorena, no quiero discutir – se devuelve hacia se hija – que tengas buenas tardes cielo – dejo las cajas en el suelo y se despidió de ella dándole un beso en la frente.
—Mamá …—la joven quería decirle que dejara de insistir en eso, pero le interrumpió.
—Adiós Samantha, cualquier cosa que necesites me llamas.
Dicho eso se marchó, la joven dejo salir un largo suspiro mientras la veía caminar espaldas de ella. Es algo difícil cuando quieres estudiar una cosa que tú quieres con toda tus ganas y una persona que sea importante para ti no esté de acuerdo, siempre necesitas el apoyo de alguien, una voz de aliento que te impulse hacer lo que quieres, sin críticas, sin desaprobación, solo tú puedes lograrlo tendiéndote confianza. A Samantha le importaba mucho la opinión de su madre hacia lo que quiere estudiar, pero así ella este en contra la joven iba seguir luchando, por que a fin de cuentas, es su vida y ella decide hacer lo que quiere con ella, si quiere ser médico, lo hará, si quiere ser policía, cantante, maestra, modelo, empresaria, pintora o lo que sea lo hará, cualquiera desearía cumplir sus sueños y ella quiere el cumplir el suyo. Siendo una periodista, es lo que le gusta y le apasiona, tiene el apoyo de su padre y de sus amigos, no niega que le gustaría tener el apoyo de su mamá, pero ella lo hará con o sin su apoyo.
Saco las llaves del bolsillo de su pantalón para entrar al dormitorio, abrió la puerta y agarro una de las cajas del suelo. Al entrar se encuentra con su compañera de cuarto y no esperaba verla aquí…Ivy. Estaba de espaldas sacando cosas de su caja como cremas, fotos y maquillaje.
—No esperaba verte aquí – le dijo, dejando la caja que tenía en manos en la cama.
—Digo lo mismo – la chica se gira para verla – perdón, no me he presentado soy Ivy Montero – extiende su mano, Samantha se acercó a ella.
—Samantha Pitterson – estrechó su mano.
La joven regreso a buscar su maleta y las dos cajas. Entro de nuevo, su compañera Ivy la ve cargando con las dos cajas y la maleta.
—Te ayudo – se ofrece acercándose y tomando las cajas – Tienes muchas cosas.
—Gracias…
La Samantha dejo la maleta a un lado y su compañera las demás cajas en la cama.
—¿Te puedo preguntar algo? – le dijo Samantha, colocando sus manos en los bolsillos del pantalón.
—Ya lo estás haciendo.
—¿Por qué en clase del señor William dijiste que era peligrosa?
—Porque en tu sangre corre el peligro.
—¿Qué? —Samantha sacudió la cabeza – no entiendo.
—A simple vista se ve que eres muy curiosa y, los curiosos, son un peligro para los que tienen secretos.
—¿Tú los tienes?
—Todos los tenemos – respondió – pero tú no pareces de tenerlos, creo que más bien…—dejo las palabras en el aire.
La joven espero a que prosiguiera, como no lo hiso, enarca una ceja.
—¿Mas bien? – la incita a continuar.
No respondió y siguió a ordenar sus cosas dándole la espalda.
—¿Mas bien qué? – insistió.
—Mas bien buscas los secretos y en este instituto hay muchos.
—¿Cómo lo sabes?
—¿Ves que si eres curiosa? – la miro sobre su hombro para sonreírle, suspiró – lo mejor es que sigas con tu vida y, si hay problemas es mejor que no te metas en ellos.
—¿Estas tratando de decirme algo? – Ivy se giró para verla, hubo un silencio, cuando estaba a punto de responderle miro atrás de ella.
—Creo que vinieron por ti – avisó mirando hacia la puerta.
Cuando Samantha se gira para ver quien esta atrás de ella suelta un gruñido de fastidio. Jaime estaba en el umbral de la puerta mirándola con una sonrisa.
—¿Me extrañabas?
—Largo – le dijo.
—No, me quedare aquí – dijo el muchacho sin derecho a réplica.
—No puedes estar en el dormitorio de las chicas – lo regaño y el joven se ríe - ¿Qué es tan divertido?
—Estas sonrojada – le hiso saber.
> pensó ella.
—Mentiroso – Samantha restregó sus ojos – yo nunca me pongo roja – asegura colándose de brazos cruzados.
—Lo estas – se lo confirmó Ivy.
>exclamo para sus adentros.
—Jamie lárgate antes que te saque de aquí.
—Quiero ver que lo intentes – le retó – vine solo para verte preciosa.
—Pues ya me viste, ahora largo – le señalo la puerta.
—Muy bien – se rindió el joven– mañana no te me escapas – guiño su ojo y se fue por la puerta.
—¿Es tu novio? – le pregunto Ivy.
-¿Qué? NO, NO, NO – negó rápido – es un idiota que me molesta nada más.
—Se nota que le gustas.
La joven no quiso responder, le incomodaba este tipo de cosas cuando de Jaime se trataba y decidió seguir con sus cosas acomodando la parte de suya de la habitación.
2:00am
Son las dos de la madrugada y Samantha no podía dormir, se movía de un lado a otro en la cama pero le era imposible seguir concentrándose en sus sueños. Froto sus ojos un poco, sentía la presencia de alguien, muy cerca suyo, y no se equivocó, un cuerpo estaba parado justo al lado de su cama, se sobresaltó y pego un pequeño grito. Se dio cuenta que quien estaba parado a su lado era Ivy Montero. Ella solo estaba ahí, quieta y sin moverse, con los ojos cerrados.
—¿Ivy te pasa al…
—Tienes, miedo – la interrumpió, hablando con los ojos cerrados – siento…tu miedo – hablo despacio y con detenimiento.
Al principio Samantha pensó que era una broma, pero recordó las palabras de Eliot y Sasha >. > Samantha no pensó que Ivy Montero daría tanto miedo siendo sonámbula.
—Miedo…—susurro la joven, dando un paso atrás – Miedo…—repitió ando otro paso atrás.
Comenzó a caminar en dirección a la puerta para abrirla, la segunda se incorporó en la cama encendiendo la lampara de la mesita de noche.
—¿Ivy?
—El miedo te paraliza…—siguió murmurando mientras trataba de abrir la puerta despacio —, y si no lo controlas puede ser…—terminó de abrir la puerta por completo – puede ser…
-¿Ivy a donde…—se levantó de la cama – estoy hablando con una sonámbula – susurro para si misma.
—Puede ser…—siguió repitiendo ella.
Ivy siguió repitiendo las mismas palaras mientras salía de la habitación, Samantha tomo su teléfono para alumbrar un poco los pasillos de los dormitorios, estaba siguiendo a una sonámbula, se sentía algo extraña al hacerlo porque nunca había hecho algo como eso, quería asegurarse de que Ivy no caiga por las escaleras porque puede suceder eso, no la despertaba porque tenía entendido que los sonámbulas es peligroso despertarlos.
—Miedo…puede ser…—la joven se detuvo en una puerta del pasillo– te…paraliza.
Ivy levanta su mano para tratar de abrir la puerta de uno de los dormitorios del edificio. Samantha abrió sus ojos como platos y fuerte trueno sonó haciéndola estremecer.
—¡No! – exclamo ella en susurro —¡Ivy! ¡No toques la puerta!
La joven Ivy se giró hacia ella, con los ojos cerrados, murmurando. Samantha no iba a mentir siendo algo de…
-Miedo…—susurro Montero.
En ese instante los pasillos quedaron oscuros porque La pantalla del celular de Samantha se apagó, no pudo ver nada, a la joven le extraño sobremanera como pudo apagarse la linterna de su teléfono, lo trato de encender de nuevo para alumbrar el pasillo y cuando lo hiso Ivy ya no estaba…ella…¿A dónde está?
—Ivy – la llamo - ¿Ivy?
Alumbro por todos lados y no la encontró, su celular sonó, era una llamada de un número desconocido. Frunció el ceño, ¿Quién la podría estar llamando a las dos de la madrugada? Ella tenía dudas en contestar pero lo hiso.
—¿Hola? – atendió la llamada, nadie respondió - ¿Quién habla? – nada, nadie se escuchaba.