Ivy no podía creer lo que escuchó, Amelia fue asesinada. Ella se había despertado a horas de la madrugada llena de sudor en todo su cuerpo, los latidos de su corazón a mil por ciento, la sangre roja y viscosa en su ropa, su cabello echo un desastre era espantoso. Pero lo que la dejo sin aire fue la noticia de los policías, no podía ser ella, Ivy jamás hubiera hecho una cosa así, la joven no era capaz de matarla ¡No es una asesina! ¿oh sí?
Ella suelta un jadeo desde su asiento, sus ojos se humedecen, apretando las manos en puños en su regazo. Ryan le mira y se percata de su actitud, Ivy solo miraba al vacío, no recuerda, no recuerda absolutamente nada de lo que paso esa noche, se negaba en su cabeza haberla matado.
—Eso es mentira …—dijo de pronto Emily, sacándola de sus pensamientos – ella no puede estar…ella no puede estar muerta.
—Lo sentimos señorita – le dice Pedro, con pesadumbre.
—¡NO! – exclamo fuerte ella – ¿usted que va a sentir? Ella era mi amiga ¡Me mataron a mi amiga! – gritó lo último, Ivy sintió una punzada en el corazón.
—¿Cómo pudo suceder eso? ¿Qué le hicieron? – pregunto con voz temblorosa Samantha.
—Le dieron unas puñaladas en su cuerpo y, su cara estaba rasguñada – respondió Patrick.
Los murmullos se escucharon en todo el salón.
—Amelia…—solloza Emily – mi amiga no, ella no…—empezó a llorar.
—Santo cielo, pobre Amelia – hablo Sasha con los ojos aguados.
El cuerpo de Ivy temblaba, se sentía culpable y de alguna manera, no podía estar ahí delante de todos escuchando sus lamentos, mirando sus lágrimas y murmurando que no podían creer que su compañera esté muerta. Así que a paso apresurado se levantó del pupitre y salió disparada al pasillo. Tanto los oficiales, la directora y los estudiantes quedaron atónitos ante la reacción de la alumna. Ahí, fuera en el pasillo, Ivy soltó el aire que contenía, sus lagrimas salen como nunca, se pasa la mano por el rostro con frustración al mismo tiempo también lo hace con su cabello, su pecho sube y baja; no puedo respirar.
—No pude ser yo…—murmuro ella en susurro, caminando de un lado a otro – yo no lo hice, yo no lo hice – chilla.
Ella camina de un lado a otro con la respiración entre cortada, un trueno suena y de pronto las luces del pasillo tintinean y haciendo que la joven se detenga en seco, alzo la vista hacia arriba y sintió un escalofrió. Escucho un sollozo de una chica a sus espaldas. Tragando saliva se voltea lentamente hasta que mira un cuerpo femenino parado frente a ella. Era Amelia Méndez.
Ivy se tapó la boca para reprimir un grito, Amelia tiene su cabello suelto con sus rizos algo despeinados. Su ropa: un vestido amarillo brillante, está cubierto de sangre al igual que mayor parte de su cara, esta descalza, tiene la cabeza algo inclinada. El cuerpo de la joven Montero entero tiembla horrorizada, sin no poder creer que lo miraba ¡Tenía enfrente al alma de la estudiante Méndez! El brazo izquierdo de Amelia sujeta un cuchillo donde en la punta gotea un poco de sangre, Ivy un da paso hacia atrás mediante sollozaba.
—Fuiste tu – dice Amelia, con la mirada sombría.
—¡No! – exclamó Ivy– ¡Yo no te mate!
—Entonces ¿Quién me mato…con este cuchillo? – pregunto, señalándola con el filo del cuchillo.
—¿Tú estás…? —Ivy habló con voz temblorosa, sus lágrimas caen por sus mejillas.
—¿Muerta? – completo ella – Si, lo estoy.
Otro trueno suena, las luces se prenden y apagan.
—Yo no lo hice – repitió en un chillido – No fui yo – ella se llevó las manos a la cabeza.
—¿Quién me dice lo contrario?
—¡Basta! – grito y cerró sus ojos.
—Se que no fue apropósito – le aseguró – debes buscar las respuestas.
—¿Qué? – emitió, abriendo un poco los ojos.
—Búscalas – susurra.
—¡Basta, no quiero oírte! – gritó, cerrando más fuerte los ojos.
—Ivy, si lo hiciste solo debes enfrentarlo.
—¡Yo no te mate, cállate! – vuelve a gritar.
—El miedo te puede paralizar…—susurró Amelia con voz distorsionada como si de un monstruo se tratase, Ivy abrió los ojos – y si no lo controlas…
—Puede ser tu final – completó Ivy. Ella da un paso hacia atrás.
Amelia levanta el cuchillo y viene corriendo directo hacia la joven.
—¡NO! — gritó - ¡NO ME MATES, NO LO HAGAS!
Todos los alumnos junto con los policías, la profesora y la directora salieron del salón.
—¿Ivy? – escuchó la voz de Ryan - ¿Qué tienes?
—¡NO LO HAGAS! – gritó ella, hasta chocar contra uno de los casilleros.
—¿A quién le hablas Ivy?
Las luces vuelven a la normalidad en el pasillo, Amelia ya no estaba, Ivy parpadeó como tonta. Su cuerpo entero esta tembloroso, su respiración entre cortada y las lágrimas cada vez son más en sus mejillas. Ryan corre a abrazarla, la joven se acurruco en él y soltó sollozos mientras le acaricia mi cabello.
—SSSSh, ya tranquila – susurra el joven.
—¿Qué le pasa? – le pregunto el oficial Patrick, intrigado.
—Ella tiene problemas en la cabeza – zanjo, mintiendo – cuando no toma sus medicamentos se comporta así – se encogió de hombros, restándole falsa importancia.
—¿Tu eres su hermano? – inquirió el oficial.
—No, pero ella me comento sobre sus problemas en la cabeza – Ryan inclina su cabeza al oído de la joven y susurra —estarás bien, deja que yo me encargo.
—¿Por qué ella salió así del salón? – preguntó la profesora Mercedes.
—Cuando ella escucha algo sobre muerte le produce este tipo de crisis, pero se le pasara – miente de nuevo.
Ivy separo un poco de él secándose las lágrimas y se dio cuenta que algunos de la clase están afuera mirándola como si fuera una loca. Respiro profundo calmando su miedo, acomodo su cabello y levanto la cara para enfrentar a todos.
—¿Todo bien Montero? – pregunta la directora entornando los ojos.
>> espetó Ryan en su mente.
La joven solo asiente con la cabeza.
—Si, todo bien.
—Vamos al salón – Ryan pasa su brazo por el hombro de Ivy dando pequeños masajes tranquilizadores.
Pasaron esquivando a los demás que miraban a Ivy con recelo y confusión, la joven solo sigue mirando hacia el suelo, apenada, avergonzada y asustada. Tiendo dudas en su cabeza, agradece que Ryan este aquí sin él su comportamiento quizás hubiera empeorado, ella nunca había reaccionado así. Emily no para de llorar y la primera se siente culpable por eso, Samantha tiene unas cuantas lágrimas y Jaime tiene la mirada triste, los demás murmuran sobre lo sucedido de Amelia e intenta pensar en otra cosa. Se sienta en su pupitre sacando sus cosas con poco ánimo, Ryan le mira de reojo de vez en cuando también preguntándose porque Ivy se comportó así. Fue una escena que ella no olvidara.
[……….]
En el almuerzo Ferguson y Montero van a la cafetería para poder hablar sobre lo sucedido. Estaban en una de las filas de comida, Ivy delante de él y él detrás de ella, la segunda escoge solo un puré de papas y un zumo porque no tenía mucha hambre, en cambio Ryan agarra una hamburguesa, refresco y dos pasteles de fresas con crema. Ivy abrió sus ojos como platos al verle todo eso.
—Este es tuyo – el joven pasa el otro pastel a la bandeja de ella – el pastel hace feliz a todos.
—En este caso no creo que me haga feliz – comentó Ivy saliendo de la fila, Ryan la sigue.
—¿Por qué actuaste así?
—Es difícil de creer – contestó – tendremos que quedarnos en una de las mesas, no para de llover y las gradas están mojadas— Ryan asiente con la cabeza.
—¿Qué era eso que me querías contar? – pregunta cuando se sientan en una de las butacas.
Dejaron las bandejas en la mesa, Ryan comienza a devorar su hamburguesa y la joven solo bebe su jugo.
—En la madrugada me paso algo extraño – comienza a explicar, paso saliva – estaba llena de sudor en todo el cuerpo y muy agitada…
—Esos son sueños húmedos – le interrumpió Ryan, ella le da un golpe en el brazo. Él solo se ríe.
—¡No seas idiota! – espetó – como decía, estaba llena de sudor en todo el cuerpo y muy agitada, sentía algo viscoso en mis manos y cuando…
—Eres una traviesa te estabas manoseando – le dice subiendo y bajando sus cejas mientras bebe de su Coca-Cola, ella le da otro golpe en la nuca. Ryan se atraganta con el refresco.
—¡Hablo enserio Ryan! Si te vas a poner con ridiculeces mejor no te digo nada – agarro su cuchara y prueba un poco de puré de papa.
—Dale, está bien, seriedad – elevo sus manos en forma de rendición. Ivy suspira.
—Cuando me veo las manos y la ropa me di cuenta de que lo que tenía era…sangre.
—Eso se le llama menstruación – asintió con diversión.
La joven se cansó de sus estupideces y exploto:
—¡Ryan, me refiero a qué horas de la madrugada me despierto sudorosa, agitada, tanto mi ropa como manos y cara estaban cubiertas de sangre, mi cabello echo un desastre! ¿te parece casualidad que Amelia salió a horas de la madrugada y amanezca muerta justo cuando yo tengo un montón de sangre? – soltó rápido, enojada y lo más bajo posible para que nadie escuchara – Lo que estoy tratando de decirte, es que pienso que yo mate a Amelia Méndez.
Ryan quedo atónito e impactado por sus palabras, mastico lento su hamburguesa y sus ojos negros estaban abiertos de par en par.
—¿Qué? – emitió después de un silencio. Ivy bebió de su jugo.
—Lo que escuchaste ¿así querías que te lo dijera?
—¡j***r! – exclamó y bebió dio un largo trago su refresco - ¿Tú la…mataste?
—No lo sé, la verdad es que …—exhaló – lo que paso en el pasillo fue que vi a Amelia.
—¡¿Ahora ves gente muerta?! – exclamó fuerte, casi en un grito.
—SSSSh, cállate Ryan – la joven miró por ambos lados por si alguien escuchó – Amelia estaba cubierta de sangre y me dijo que buscara las respuestas.
—Ya va —Ferguson cerró sus ojos—¿está viva o está muerta?
> rezó ella, recordando las frases de su compañera Samantha.
—Está muerta idiota – aclaró, restregando los ojos – pero la vi, supongo que era como su alma – se encoge de hombros – tengo que buscar esas respuestas.
—Claro – soltó un resoplido absurdo – ahora jugaremos a quien quiere ser millonario.
—Lo que me dejó pensando, fue que ella me dijo que sabe que no lo hice a propósito, que buscara las respuestas a eso – comentó pensando en voz alta.
—Un día eres joven, y al otro te enteras que tu única amiga es una asesina y que ve gente muerta – ironizó el muchacho, Ivy lo fulmina con la mirada y él solo se encogió de hombros.
[……..]
El corazón de Samantha se siente pequeño al enterarse de la noticia de Amelia, todos están hablando de eso en el instituto. Sus recuerdos llegan cuando apenas ayer la vio parada en uno de los pasillos de los dormitorios, su maquillaje arruinado por sus lágrimas y la sinceridad de sus palabras era un lado que nunca vio de la popular Amelia Méndez. La perdono por las cosas que hiso, sabia Amelia tenía problemas con su hermana y su familia, por eso ella se comportaba como lo hacía y no la culpaba, no todos tenemos una vida feliz, todos tenemos problemas, hasta el más rico o el más pobre tiene problemas. No todo es color de rosas, de hecho, la vida tiene sus límites. Un día puedes tener el más lindo reloj de una tienda, te esforzaste tanto por comprártelo que por fin lo tienes en tus manos y, al día siguiente llega un imbécil y te lo arrebata. Todo tu esfuerzo se va al suelo.
Así es la vida, tan justa y tan injusta al mismo tiempo. Amelia era una chica muy linda, morena, cabello rizado, ojos cafés claros, su lindo cuerpo era admirable ante los ojos de los chicos, a pesar de las maldades que hacía, en el fondo, muy en el fondo, tenía buen corazón. Había chicas que también la envidiaban a ella, por ser popular y hermosa, por ser tan moderna y única en resaltar al pasar los pasillos como la reina que imaginaba ser. Todas somos reinas y, Amelia era una de ellas, tan encantadora pero maliciosa, tan mala y tan buena, labios coquetos, sonrisa coqueta. A pesar de todo, Samantha no la olvidara.
—Es una pena lo de Amelia – comentó en susurro Eliot mientras tomaba de su batido de chocolate.
—Sé que no era muy buena, pero, no se merecía algo como eso – dijo Sasha comiendo de su ensalada.
—La vida es algo injusta – opinó Samantha llevando unas papas a su boca – ella me pidió perdón ayer – les cuenta.
—¿De verdad? – preguntó Sasha.
—Si – asintió – fue muy sincera, me hablo de cosas que no sabía sobre ella, ¿saben? Mas bien, sentí como si se estuviera despidiendo.
—¿Crees que ella sabía que la matarían? – inquirió Eliot, totalmente asombrado.
—No estoy segura, pero creo que si – contestó, con una mueca.
—¿De que ella estaría en peligro? – se preguntó Sasha, tomando una pose pensativa.
—Oigan, apenas ella murió y ya están hablando cosas sin saber, tengan un poco de respeto – intervino de repente Austin, mientras masticaba chicle y leía un libro llamado: Los crímenes de la calle morgue (Edgar Allan Poe)
Todos lo miraron con el ceño fruncido.
—¿Y tú desde cuando eres tan respetuoso? – le cuestionó Eliot.
—Le tengo respeto a las personas muertas es todo – contestó él rubio con simpleza, sin dejar de leer.
—Amigo eres raro – le dice Eliot, arrugando la nariz.
—Gracias – le responde Austin, sereno.
—Me da pena por Jaime, estaba muy triste en el salón – hablo Samantha después de unos segundos de silencio.
—Si, recuerdo que ellos eran novios – dice Eliot, mirando sobre su hombro a Jaime que estaba hablando con uno de sus amigos.
—Deberías hablar con el – aconsejo Sasha. Samantha frunció el ceño.
—No, ¿para qué voy a hablar con él? – tajo, aunque ella en el fondo quería hacerlo – Está muy acompañado ahora – dijo mirando a la chica que se acercaba a Jaime.
Los chicos siguen su mirada y ven que la chica abraza a Jaime diciéndole alguna una cosa.
—Alguien esta celosa – canturrea Eliot. Samantha lo mira seria.
—Por supuesto que no, solo que esa chica está aprovechando el momento para acercarse a él.
—Y, eso te molesta – afirmó Sasha señalándola con la cuchara de plástico.
Samantha no dijo nada y solo tomó de su jugo de frutas.
—Hablando de otra cosa, el comportamiento de Ivy fue raro ¿no? – cambio de tema Eliot, hundiendo sus cejas.
—Si, parecía una loca – confirmo Sasha – por lo que dijo Ferguson tiene problemas en su mente.
—Algo me decía que esa chica tenía problemas mentales – aseguro Eliot.
—Bueno tampoco se pasen, uno no sabe qué cosas ha tenido que pasar para ser así.
—¡Exacto! – intervino una vez más Austin, dándole la razón a Samantha.
¿Cómo puede leer y escuchar la conversación al mismo tiempo?
—Voy a buscar a Gloria, debe estar triste por lo de Amelia, ella también la conocía – Eliot se levanta de la mesa tomando su bandeja de comida.
—Dah, Amelia era popular ¿Quién no la conocía? – soltó Austin con obviedad, pasando una página de su libro.
—Viejo, ¿No te cansas de leer? – le cuestiono Eliot con desdén.
—Viejo, deja de criticarme y sigue con tus asuntos.
—Muy bien – les da la espalda, para mirarlos sobre su hombro – los veo luego.
[………..]
Al sonar el timbre Samantha camina por los pasillos, cuando ella cruza por uno de ellos visualiza a una de las profesoras junto con la directora, ellas colocan en la pared una foto de Amelia, abajo estaba una mesa donde ponen alrededor unas velas y flores rojas. A un lado de la foto dice: “En memoria a Amelia Méndez, siempre te recordaremos”. La cara de Samantha se entristece un poco al leer eso y, siente un pequeño escalofrío. Se giró sobre su eje para seguir caminando por los pasillos y llegar hasta su casillero, al abrirlo un sobre blanco esta cae al suelo, Samy frunce el ceño hundiendo sus cejas, mira por ambos lados del pasillo; pero los demás están en lo suyo caminando y buscando cosas en sus casilleros, no ve alguna cara que le de algún indicio de quien fue la persona que dejo eso allí. Decidida, agarró el sobre del suelo y lo abrió para leerlo:
“¿Quieres saber quién mato a Amelia? ¿Oh piensas que solo fue un asesinato común?”
Samantha vuelve a mirar a ambos lados, pero no ve nada extraño, mira la nota para volverla a leer, paso una mano por su cabello. No entendía nada.
—¿Me están jodiendo? ¿eso quiere decir que el asesino es de aquí del instituto? —pensó en voz baja.
Mi cabeza esta vuelta un ocho, es un rompecabezas en este instante y ni siquiera tengo las piezas para amarlo. Mis manos tiemblan al sostener la hoja y de pronto mi celular suena indicándome que tengo una notificación nueva. Lo saco y desbloqueo la pantalla.
Mensaje número desconocido: Te diré algo…la respuesta está en el pasado.
adivina quién?>> pensó ella.
Samantha: ¿Quién eres? ¿De qué hablas? ¿Por qué debería creerte?
La joven se preguntaba que estaba queriendo decir ese mensaje con el pasado ¿A qué se refería exactamente? Ella abrió la app de cámara para tomar fotos de la nota y hacer captura de pantalla de la conversación.