Capítulo 18: La Historia

3746 Words
“El conserje, ¿dando consejos?”  No hay nada mejor para Samantha que la haga sentirse más relajada teniendo: pijamas puesta, estar acostada en su cama, mientras come palomitas de maíz y ve series de Netflix. Las luces de su cuarto están apagadas y solo la luz de la pantalla del televisor ilumina su habitación, cuando terminó de hacer algunos trabajos del instituto se cambió de ropa para descansar. Las notificaciones de su celular solo muestran las veces donde la han etiquetado para ver las fotos y el video de todo lo que ha pasado en Hamers, al mirar todas esas notificaciones resopla dejando el teléfono en la mesita de noche. Para colmo también publicaron sobre el “s******o” de Andrés, eso a ella la ponía mucho más nerviosa. Agarró su vaso con Coca – Cola para tomar un sorbo, su padre, Thomas Pitterson, entra a la habitación regalándole una sonrisa de boca cerrada a su hija. —¿Puedo? – pregunta su padre enarcando una ceja, mientras señala el gran tarro de palomitas en la cama. Samantha asiente con la cabeza y él se sentó a un lado tomando un puño de palomitas para metérselo a la boca y masticar — ¿puedo contarte algo? —¿Qué cosa? – inquirió Samy con curiosidad, tomando un puño de palomitas. —Una historia – pronuncia su padre melancólico, las cejas de Samantha se hundieron – que sucedió hace años, es algo extraña, pero tiene su misterio – añade Thomas, guiñando uno de sus ojos azules que tanto heredo su hija. —Se dé cual hablas, pero cuando me la contabas siempre algo interrumpía el momento – su padre suelta una pequeña risa. —Esta vez no será así – aseguró, Samantha se acomoda un poco en la cama para escuchar a su padre, el hombre carraspea – Hay un hospital en la ciudad, uno abandonado, se llama “El hospital San Steven” si mal no recuerdo. En ese hospital hubieron rumores donde decían que había un sótano donde lo usaban para hacer cosas de almas e invocar toda clase de barbaridades, hubo un tiempo donde una familia se encontraba en el parque de la ciudad Hamers – hiso una pausa – esa familia, aparentemente fue secuestrada, hasta que los llevaron al hospital San Steven; una mujer logro salir de aquel lugar diciendo que veía cosas espantosas, donde unos cuerpos fueron hallados a unas cuantas calles de ese lugar. Nadie creyó las cosas que decía la mujer – contó. —¿Qué clase de cosas decía? – pregunto intrigada, bebiendo de su Coca – Cola. —Que le colocaban cables pegados al cuerpo, donde en una pantalla tenían control de su sistema y de su alma – explica, Samantha traga saliva. —¿Qué paso con esa mujer? – quiso saber, sintiéndose más intrigada. —Esta encerrada en el manicomio, la mujer estaba alterada, nerviosa y temblaba mucho – Thomas volvió a tomar un puño de palomitas – los cuerpos que estaban tirados cerca de ese lugar eran las personas secuestradas del parque – añadió luego. —¿Y ella estaba secuestrada igual que ellos no? – inquirió, dudosa. Su padre se encoje de hombros. —Eso sí que no lo sé, cuando la policía llego al hospital no había nadie, ni siquiera encontraron dichoso sótano – informó. Samantha asiente con la cabeza procesando la historia. —¿Habían niños? Porque se supone que era una familia – opinó ella. —Tampoco tengo idea de eso, creo que solo había una niña, pero creo que murió cuando la secuestraron en ese parque junto con sus padres y llevarlos hasta San Steven para acabar con ellos – la cara de Samy mostro una mueca de disgusto. —¿Te sabes el nombre de esa mujer? La que esta encerrada en el manicomio – pregunta. —No, pero se cuál es su apellido porque salió en el periódico en ese tiempo – su padre guardo silencio por unos segundos, recordando— su apellido era Gardner – le hiso saber. —¿Hace cuantos años sucedió eso? – preguntó, curiosa. —Creo que fue hace unos…nueve u ocho años – respondió Thomas, pensativo. —Para ese entonces nosotros no nos habíamos mudado aquí – cuestionó ella, ladeando la cabeza - ¿Cómo es que sabes esa historia? – indaga. —Eso es una historia algo popular en esta ciudad, cuando tu madre y yo nos queríamos mudar aquí tu tendrías unos dieciséis años por si no lo recuerdas, cuando la mujer salió de ese dichoso hospital abandonado fueron tres meses después de que nos mudamos – hiso una pusa – eso quiere decir, que ella estuvo encerrada mucho antes de que llegáramos, los periódicos estaban por doquier hablando del tema de aquella familia…luego de un tiempo ya nadie hablo más sobre eso – explica. —¿Entonces porque mencionaste que eso paso a unos nueve u ocho años? – inquirió, totalmente confusa. —Porque Gardner le dijo a la policía que estuvo encerrada ahí durante nueve años – le informó. Samantha mostró un total asombro por sus palabras. —Pobre mujer – dijo, en un hilo de voz – debió pasar por cosas horribles – pensó con pesadumbre la joven. —También la otra familia que estaba encerrada en San Steven – comentó su padre, mirando algún punto del suelo. —¿Sobre ellos no sabes nada? – insiste ella, para saber mas sobre esa historia. —Como te dije antes, solo sé que los encontraron sin vida muy cerca de ese hospital, al llegar la policía no encontraron nada ahí dentro, no había rastros de tales maquinas con cables y pantallas visibles para ver el sistema del cuerpo de alguien, así que creyeron que Gardner estaba loca – termino de contar Thomas. Luego de eso su padre y Samantha se quedaron en un profundo silencio. Ella regresa su vista a la televisión, solo se dispuso a pensar como fueron capaces de meter en un manicomio a una mujer que fue encerrada por más de nueves años en aquel hospital abandonado, después de tanto tiempo estar en aquel lugar ¿ahora estará encerrada de nuevo, sin nada de libertad, lleno de miles de personas locas a su alrededor? Samantha no lo veía justo, puede que Gardner haya estado algo alterada, nerviosa y asustada, pero, ¿Quién no lo estaría después de ser torturado de tal forma? > pensó ella, en sus adentros. [……………………..] Era martes, Samantha estaba en la sala esperando que su madre terminara de decirle por cuarta vez que tenga cuidado cuando este en la calle, ahora todos en el instituto están algo preocupados por lo que pasa, pero Samantha no tanto. Ella tiene que encontrar la manera de buscar respuestas a todo lo que sucede en Hamers, ahora es cuando tiene que estar atenta a todo lo que pasa a su alrededor, llevar esto al siguiente nivel y ella espera poder ganar. —Mira por favor a los lados cuando cruces la calle, no hables con gente desconocida y por favor envíame un mensaje cuando llegues al instituto—dijo su mama, cuando estaba a punto de cruzar la puerta para irse. —Está bien mama, no tienes que repetirlo tantas veces – recalca Samantha, regalándole una sonrisa de boca cerrada -, hasta luego. —Adiós, te quiero – su madre se despide de ella con un abrazo y un beso en la mejilla. La joven salió de la casa dejando sus llaves dentro de su bolso, luego fue caminando hasta el otro extremo de la calle donde se encontraba Eliot en su carro que estaba con un volumen un poco alto de música electrónica, Eliot tenía puestos sus lentes de sol estilo aviador, su cabeza se movía en un asentimiento al ritmo de la canción, Samantha se acerca con pasos confiados hasta él. A la joven le gustaba mucho el auto de Eliot, porque es lo suficientemente grande y es de color n***o, el color favorito de Samantha. —Buenos días Eliot – lo saludo apenas se posiciono al lado de la puerta del conductor. Él no me respondió, ya que tenía los ojos cerrados, sus lentes estaban en la punta de su nariz y la música no ayudaba mucho, Samantha carraspea la garganta —Buenos días Eliot – repite, elevando un poco la voz — ¿Eliot? – su amigo no respondió, ya Samantha estaba perdiendo la paciencia - ¡BUENOS DIAS ELIOOOT! – le gritó. Haciendo que el muchacho se sobresaltara del susto. —¡LE BAJARE EL VOLUMEN OFICIAL LO JURO! – gritó el varón, quitándose los lentes, al mismo tiempo que bajaba la música y soltó un suspiro de alivio al ver que se trataba de su amiga – Demonios Samy, creí que era un oficial. —Hay un terremoto y tú eres el último en saberlo, – musito Samantha, rodeando el auto para subir, abrió la puerta —Y para colmo no tienes cinturón de seguridad – le dijo, una vez que estaba en el asiento del copiloto.   —Lo siento, – se disculpó Eliot, para colocarse el cinturón – siempre se me olvida. —Si no quieres una multa o que te quiten el auto debes tener más cuidado – aconsejó, acto seguido Samantha se coloca el cinturón de seguridad. —Gracias por preocuparte bebé – ella puso los ojos en blanco por su comentario – nadie se preocupó tanto por mí. —Me preocupo por el auto — aclaró divertida — ¿Quién me va llevar al instituto si no tienes uno? —Auch – Eliot hiso un puchero triste, Samantha ríe. —Es un chiste, sabes que te quiero Eliot – Samantha sonreí - ¿Vamos a buscar a Sasha? —Si – responde, encendiendo el motor. Desde que Samantha llego al UEP.HAMERS Eliot fue uno de los que se le acercó primero (ah parte de Jaime), al principio ella pensó que era una persona muy creída pero luego fue todo lo contrario, Eliot es alto, blanco, tiene un carisma único, su cabello es n***o y siempre lo tiene peinado hacia adelante dejando pequeños pelos en su frente, tiene una sonrisa contagiosa y cuando se molesta mejor ni lo toques porque va a pagar toda su rabia contigo. —Es lamentable lo que le paso a Andrés – hablo Eliot después de un rato de silencio.   —Si, ¿Tu fuiste al funeral? – preguntó ella, regresando su vista hacia él. —La verdad no, no porque no quisiera – Eliot volvió a colocarse sus lentes – solo que no lo conocía lo suficiente como para asistir, ver a su familia y eso— explicó.  —Yo hable algunas veces con él, jamás creí que le pasara algo así – comento Samantha. —Bueno de todas formas él fue quien se lo hiso. —Yo no lo creo así – dijo sintiendo un nudo en su garganta, Eliot la miro de reojo – algo me dice que no fue un s******o – sentenció. —Él se ahorco Samy – le recordó, arqueando una ceja —¿Por qué piensas lo contrario? – cuestionó su amigo. —Solo digo que no encuentro motivos para que el haya echo tal cosa – soltó.   —¿Y lo de Amelia? – preguntó, mirando hacia el frente. —Lo de Amelia es diferente – se limitó a decir – ella salió muy tarde a horas de la madrugada sola sabiendo que en la calle puede haber cualquier persona loca— zanjó. —¿Pero que la hayan asesinado así? – se preguntó Eliot para sí, y luego negó con la cabeza – tiene que ser un psicópata el qué la haya matado. Samantha no responde, mueve su pierna nerviosa, sin casi saber que decir. Estaba inquieta por hablar del tema de Andrés, lo de Amelia puede ser otra cosa. Pero lo malo es que tiene un problema, uno muy grande —¿En qué tanto piensas Samantha? – le pregunta, luego de parar el auto justo en frente de la casa de Sasha—Pareces nerviosa y…asustada – agregó luego de inspeccionarla por completo. Sus manos sudaban y temblaban, Samantha no estaba segura si confesarle lo siguiente: —Eliot.   —¿Sí? — Samantha trago grueso. —¿Sabes porque no creo que lo de Andrés no fue un s******o? – dijo. —Samantha estas temblando, ¿Qué te… —Porque yo vi su muerte – confesó al fin, interrumpiéndole. Hacer tal confesión fue como si le hubieran quitado un gran peso de encima a Samantha. Ella tenía tantas ganas de decirlo, de confesarlo, de decírselo a alguien que, simplemente ya no pudo más y lo dijo. El silencio se apodero del auto, uno muy intenso y aterrador, Samantha se muerdo el labio, nerviosa, para mirar a Eliot a los ojos. Al hacerlo sus ojos están que casi que salen de su cara y, su boca esta entreabierta, no se mueve, no dice nada; tanto que parece una estatua. El respira hondo y de pronto suelta una risa nerviosa, nunca creyó escuchar eso de su amiga, se negaba a pensar que es real. —¿Estás bromeando cierto? – dijo él, nervioso. Sus ojos le suplicaban a Samantha que dijera que todo era una mentira, pero lamentablemente no es así. Su seriedad se lo confirmó. —No – susurró ella. Eliot trago grueso y miro hacia algún punto de la calle por la ventanilla del auto. —¿A qué te refieres con que lo viste? — preguntó, rompiendo el silencio que se había creado. Samantha cerro los ojos para respira con fuerza. —En realidad…los vi – se corrigió y abrió los ojos, Eliot gira su cabeza para mirarla, confuso – de la única forma de que me creas es mostrándotelo – explica. —¿Mostrarme qué? – tajo. —Tengo agravado como murió Andrés – confiesa, sintiendo un nudo en la garganta – te lo mostrare en la biblioteca – decide, moviendo sus manos en su regazo. —¿Acaso tu…? — la señalo estupefacto. Samantha niega rápidamente. —No, no, no, — negó ella — yo no lo mate Eliot ¡¿Cómo se te ocurre?! – exclamó en susurro. —¿Entonces? – balbucea Eliot. Sintiendo un alivio en su pecho. —Prométeme que no se lo dirás a nadie – susurró Samantha, mirándolo con suplica. Su amigo guardó silencio, mirando hacia la ventana. —Eliot, prométemelo – repite, insistiendo. Eliot la mira y asintió con la cabeza. —Te lo prometo, Samy. [……………] Los tres jóvenes bajaron del auto de Eliot cuando lo estaciono en frente del instituto. Subieron los escalones para pasar por la entrada de dos puertas del instituto, los murmullos y cuchicheos se hacen presentes en todos los pasillos y Samantha se preguntaba de que tanto estaban hablando. Austin estaba sentado en uno de los bancos del pasillo con los brazos cruzados, en una pose relajada muy característica en él, al percatarse de la presencia de sus amigos se levanta para llegar hasta ellos, cuando lo hace varias chicas se giran a verlo y, no las culpaba. A pesar que Austin tiene puesto el uniforme, compuesto por: el bléiser, camisa blanca, corbata de color azul oscuro y pantalones gabardina pegados al cuerpo. Se ve muy guapo, su cabello rubio y ojos verdes hacen lucir el uniforme, en cambio él lo odia porque no es nada comparado a la ropa negra que acostumbra ponerse. —¿Qué hay? – les saludo el rubio, Eliot lo saluda con el puño y a las chicas con un beso en la mejilla. —¿Cuál es el alboroto? – preguntó Sasha, mirando a su alrededor. —El nuevo conserje, es el alboroto – informó Austin. Los chicos fruncieron el ceño. —¿Nuevo conserje? – enfatizó Sasha, sin entender - ¿desde cuándo un conserje causa tanto alboroto? – cuestionó ella. —Cuando eres guapo y tienes ojitos azules causas un orgasmo a cualquiera sin tocarlo – bromeo Austin, asiéndoles entender que el nuevo conserje es muy guapo. —Vamos a ver – le dijo Sasha a Samantha jalándola del brazo, sus ojos estaban tan brillosos por la curiosidad que hasta se la contagio a su amiga. Ambas anduvieron por los pasillos caminando como locas buscando al tal nuevo conserje. Sasha no paraba de jalar a Samantha por el brazo para que caminara más rápido, hasta que se detuvo en seco, sus ojos se abrieron de par en par y sus labios formaron un “O” ante la sorpresa. El nuevo conserje, efectivamente si es muy atractivo, tanto como Jaime lo es, Sasha soltó el brazo de Samantha para colocar su mano lentamente en su hombro derecho. —Santo cielo – susurró ella, completamente asombrada – creo que me enamore – confesó Sasha. Samantha se dedicó a reír un poco por su comentario. El chico es alto, piel blanca, con nariz perfilada y cabello de color chocolate, ojos azules oscuros y penetrantes. Tiene ya puesto el uniforme de conserje y en su mano derecha sostiene el trapeador, Sasha le da una mirada sonriente a Samantha y la empuja con ella hasta que estuvieron en frente del muchacho, el las analizo por un momento de pies a cabeza y luego carraspea la garganta. —Boungiorno, ¿Puedo ayudarlas? – pregunta, amablemente. —Eres tan aguapo – susurro Sasha embobada, a su lado, Samantha le dio un codazo para que reaccionara, luego ella carraspeo la garganta – digo, ¿Qué te trajo a Hamers, eh? —Un autobús – contesto el joven divertido. Sasha ríe nerviosa. —Por tu acento supongo que eres…—ella dejo las palabras en el aire. —¿Italiano? – completo él – sí, lo soy. – afirmó. —¿Cuál es tu nombre? – le preguntó Sasha, con interés. El muchacho la miró directo a los ojos y esbozó una sonrisa. —Alessandro Vítale Conti, un placer, hermosa bambina. —¡Me dijo hermosa! – le susurro Sasha a Samantha, ella le dio otro codazo – el placer es mío Alessandro – extiende su mano hacia él – soy Sasha Steele – ella sonríe coqueta y Alessandro le estrecha la mano para luego plantarle un beso en ella, con una sonrisa. Sasha se sonroja ante tal acto caballeroso del chico, luego Alessandro dirige su mirada hacia Samantha. —Yo soy Samantha Pitterson –se presenta y le sonreí para estrecharle la mano, a diferencia con Samantha él no le besó la mano, cosa que Samantha agradeció para sus adentros. —¿Cómo qué edad tienes? – pregunta Sasha jugueteando con su cabello, era evidente su interés en Alessandro. —Tengo veintidós años, amore – responde. —¿No deberías estar en la universidad? – indago ella, dudosa. Alessandro aparta la mirada y su mandíbula se tensa, la pregunta de Sasha le incómodo. Las jóvenes se miran cómplices, Alessandro suelta aire por la nariz e intenta sonreírles un poco. —Tengo algunos problemas y necesito dinero, es todo – dijo, sin mucha importancia. Sasha y Samantha intercambian miradas de nuevo — ¿saben dónde está el aula 13? – pregunto el varón, cambiando de tema. Sasha sonríe de par en par y se coloca al lado de Alessandro. —Claro, ven, te mostraremos donde esta – dice. El chico le sonríe a Sasha y asiente con la cabeza. Samantha solo sigue sus pasos mientras escucha como Sasha le explica donde esta cada pasillo y aula en todo el instituto al nuevo conserje joven del instituto, hasta ella escucha los sollozos de una persona cuando se acercaron a una de las aulas número once, Nuria – la que era mejor amiga de Andrés Córdoba – se encontraba sentada en uno de los bancos del pasillo, mirando la foto de Andrés pegada en la pared, justo al lado se encontraba la foto de Amelia. La mesa estaba con velas y flores junto con unas palabras que decían: “En memoria de Amelia y Andrés”.  Samantha se sintió inquieta, tensa, ver aquella chica llorar le daba lastima y pesar. El joven Alessandro se detuvo mirando las fotos de los fallecidos estudiantes. —¿Quieres eran? – les pregunta Alessandro, con curiosidad. —Eran estudiantes del instituto – le contesta Sasha, haciendo una mueca – Amelia fue asesinada y Andrés se suicidó – contó. Un nudo en la garganta de Samantha se produjo en ella al escuchar lo último. —Andrés no pudo haber hecho eso – hablo Samantha en voz alta, el varón y su amiga la miraron atentos– nunca tuvo problemas para pensar en cosas como esa, alguien tuvo que hacer algo para llevarlo a la muerte – Samantha cerró la boca de golpe. Dijo demasiado. —¿Qué insinúas querida, Samantha? – Alessandro entrecerró sus ojos y cruzándose de brazos, puso una postura relajada para escuchar las palabras de ella. A Samantha no le gusto que haya usado la palabra querida con ella, pero lo ignoro para decir lo que pensaba. —Pienso que alguien tuvo que llevarlo a matarse, su muerte no fue un simple s******o – soltó sin más, mirando a Alessandro con las cejas hundidas, sus ojos azules se vieron más oscuros por un segundo, Alessandro dio un paso hacia Samantha, inexpresivo e intimidante. —Yo que tú, no andaría diciendo cosas sin tener pruebas o saber las reales razones, nunca sabes si tienes a tu enemigo frente a ti – reveló el muchacho, se lamio los labios para susurrarle: — puedes estar en la boca del lobo, pero si eres inteligente, buscarás la forma de salvarte y no entrar en su bosque, porque si lo haces…será muy tarde. El timbre del Instituto se escuchó por todos lados, indicándoles a todos que las primeras clases del día empezaban. Dicho eso, Alessandro se fue para entrar al aula número 13 para limpiarla. Dejándolas a Sasha y Samantha sin palabras y desconcertadas, ellas se miraron cómplices y se marcharon hasta sus clases. Nuria las miró de soslayo, quien estaba atenta en la conversación que tuvieron con el varón. 
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