Capítulo 3: Investigación

2037 Words
“Una llamada, unas palabras, un secreto” Samantha caminó hasta estar al frente de la puerta del salón de química, toco unas tres veces hasta escuchar un “adelante” de la profesora Mercedes. Cerró la puerta detrás de ella, la profesora detiene sus movimientos para ver quién ha entrado, baja el marcador de pizarra y lo deja en el escritorio. Le pide a la joven que le dé una explicación del por qué llego algo tarde y le da un resumen diciendo que estaba con la directora, lo cual ella asiente con la cabeza y le ordena que tomara asiento. Las miradas de sus compañeros caen sobre ella y se siente muy incómoda pero los ignora, Samantha busca un pupitre y el único que está disponible es uno que estaba delante de Jaime. > piensa la joven con sarcasmo. Él siente su mirada y muestra una de sus mejores sonrisas para tocar con la palma de su mano el pupitre, emite con sus labios unas palabras que Samantha entendió perfectamente: “siéntate, no muerdo” para guiñar su ojo, la joven resopla y se acerca al pupitre hasta estar sentada y dejar su bolso a un lado. —¿Cómo estás? – le pregunta Jaime en susurro para que nadie escuche. Ella restregó los ojos desde su pupitre. —Mal – contestó en susurro. —¿Por qué linda? —Porque la ridícula de tu exnovia decidió molestarme hoy – dijo, sacando de su bolso un cuaderno. —¿Cuál? ¿Amelia? —Si – responde entre dientes – no sé cómo la soportabas – abrió su cuaderno para copiar lo que ha puesto la profesora en la pizarra. Samantha escucho una pequeña risa de su parte. —¿Por qué crees que termine con ella? – no respondió – oye, me entere de lo que paso en el baño ¿tu estas bien? —Es la segunda vez que me haces esa pregunta y, si, estoy bien por los momentos, no sé si ese mensaje iba directo para mí. —Si así lo fuera, por favor cuídate – la joven detiene su acto de copiar hacia la pizarra para verlo sobre su hombro – puede ser peligroso y no quiero que te pase algo – pudo ver cierto temor en él. —Jaime Sanz preocupado ¿por mí? – ríe un poco – eso es nuevo – ella sigue copiando la pizarra. —Para que veas que si tengo sentimientos. —Ahora gracias a lo que paso hoy me perdí una parte de la clase – dice soltando un suspiro. —Te equivocas linda ¿Para qué me tienes a mí? – hiso una pausa – yo te daré mis apuntes. —¿De verdad? – le preguntó enarcando una ceja, al tiempo que se gira del pupitre para verlo. —Claro – contesto con una sonrisa de boca cerrada. —Gracias – dijo Samantha, extrañada. —Silencio por favor – pide la profesora. La joven se sentía confundida por la ayuda que le estaba dando Jaime al prestarle sus apuntes, una corriente de alivio llego a su cuerpo al saber que no tendría que buscar con otra persona un cuaderno para poder copiar la clase que se perdió. Después de seguir escribiendo todas las fórmulas y ver contenido de aldehído y cetonas, en la clase química, Jaime le entrega su cuaderno para anotar todo sobre el comienzo de la clase, al abrirlo se dio cuenta que tiene muy bonita letra y que además el chico no pierde su tiempo, porque a un lado escribió su número de teléfono donde decía: “escríbeme cuando quieras, para ti estoy disponible las veinticuatro horas” > pensó ella para sus adentros. Se gira para verlo y este le sonríe de oreja a oreja, ella le sonrió meneando la cabeza, este chico no tiene límites. Mientras la profesora esta entretenida leyendo un libro de la clase Samantha sigue copiándose del cuaderno de Jaime. —Samy – la llama. —¿Sí? —Pasado mañana será la fogata, espero y puedas ir. —No creo que pueda. —¿Por qué no? —No lo sé Jaime, siento que no es mi estilo – miente, y se inclina hacia atrás del pupitre para susurrarle:—¿Y qué pasa si no voy? —Entonces iré hasta tu dormitorio, te cargare sobre mi hombro y te llevaré hasta allá – dijo divertido. —No creo que sea necesario – lo miró. Jaime frunce el ceño – porque si voy a ir. —¿De verdad? – pregunta sin poder creerlo. —No lo diré dos veces Sanz, así que no me hagas cambiar de opinión. —Gracias Samy – le sonríe – la pasaras genial ya lo veras – El timbre del instituto interrumpe dando por terminada la clase. —Hasta la siguiente clase jóvenes – se despide la profesora tomando su bolso. —Nos vemos entonces – le dice a Jaime mientras guarda sus cosas - ¿Te doy el cuaderno? Aun me falto una parte. —No, quédatelo, mañana me lo devuelves – él se levanta de su asiento, colocando su bolso en su espalda – adiós linda – la besa en la mejilla y sale junto con los demás por la puerta.                                                                      [………..] —Esto de verdad me fascina – admitió Austin al ver entrar a los policías al instituto – me siento como en una serie de Elite. Samantha miro a Austin y sus ojos verdes tenían tanto brillo que si le pones escarcha no se comparan con nada, el rubio tenía en su rostro un deseo lleno de curiosidad y fascinación, esperando que en cualquier momento llevaran a alguien preso del instituto. Sasha tenía su brazo rodeado con el de Samy y Eliot estaba a su lado con el ceño fruncido mirando el panorama, los oficiales eran dos: Uno moreno y el otro blanco, tenían edades de aproximadamente de unos cuarenta y pico de años. El moreno tiene muchos músculos a pesar de su edad, y el otro era un poco más alto con complexión delgado, pero con mirada intimidante, de pronto la tensión en el instituto fue muy obvia. Ellos estaban en el baño de las chicas mirando la notable “estás muerta” escrita con sangre en la pared. Había un fotógrafo tomándole fotos a la pared, mientras el oficial moreno se colocaba guantes, pasaba un hisopo por la pared con sangre para guardarlo en una bolsa transparente y examinar si la sangre perteneciente para saber si es de una persona, el otro miraba el origen pensativo cruzado de brazos. —¿Quién fue la persona que encontró esto? – pregunto el Oficial blanco de nombre Patrick. —Yo – su voz sonó temblorosa, carraspea – fui yo oficial. —La directora me comento lo ocurrido del porque estabas aquí – le contó – pero, ¿Sabes o saben ustedes a quien va dirigido esto exactamente? – inquirió. Nadie dijo nada, silencio. —¿Piensas que pudo ser para ti? – le preguntó a Samantha. —No estoy segura – admitió. —Por el momento no haremos nada, pero voy a necesitar hablar con la señorita Méndez ¿está por aquí? —Ella termino su clase temprano – respondió una de sus amigas. Emily. —Curioso – hablo el oficial moreno de nombre Pedro – justo cuando venimos averiguar qué es esto, se va. —Vendremos después entonces – dijo el oficial Patrick – pero díganle a la señorita Méndez que puede ser una de las principales sospechosas en esto – aseguró. Dicho eso se fueron de sus vistas saliendo del instituto, después de terminar la última clase del día (química) algunos se quedaron para ver el trabajo de los oficiales en el instituto. Por supuesto Samantha tuvo que quedarse porque fue la primera en ver aquella advertencia. Paso una mano por su cara dejando un largo suspiro. —Muy bien jóvenes pueden irse – dijo la directora, haciendo un ademan con su mano. —Oigan, Jaime me dijo que la fogata es para pasado mañana – les informa a los chicos mientras caminan hasta la salida. —¿Vas a ir? – le pregunto Eliot. —Si, iré con tus ustedes – Eliot mostro su pulgar arriba y Sasha me mostro su sonrisa, en eso Samy recordó una cosa – Austin ¿te vienes con nosotros? Él se mostró pensativo, como tratando de tomar una decisión, pero negó con la cabeza. Eliot le dijo que era un aguafiestas, pero Austin es así, muy pocas veces le gusta ir a fiestas o reuniones. Él es mas de libros y música. Samantha se despide de los chicos y se fue camino al dormitorio subiendo las escaleras, al estar frente a la puerta 32-B detiene su mano a punto de girar la perilla. La voz de Ivy hablando se hiso presente a sus oídos y por un segundo pensó que hablaba sola, pero era por teléfono celular. —¿Entonces mi mamá ésta bien? – preguntó Ivy con una nota de alivio – No sé cuándo pueda visitarla – dijo – todos estos años han sido difíciles para ella – hubo un silencio – trataré de buscar una solución y gracias – hubo otro silencio, había colgado. Samy se preguntaba que tendrá su mama, ¿estará enferma? Por un momento decidió preguntarle y darle su apoyo por si necesitaba algo, pero es mejor no meterse. Entró al dormitorio para luego cerrar la puerta, Ivy le dio la espalda y pudo notar movimientos rápidos de su mano y su brazo mientras se limpiaba la cara ¿estaba llorando? —Hola – la saludó. —Hola – respondió a un de espaldas - ¿Qué paso después que llego la policía? – preguntó buscando algo de ropa en el armario. —Pues dijeron que regresarían luego – dejó su bolso en la cama, para luego sentarse – buscarán las pistas que puedan y tal vez Amelia sea la principal sospechosa. —Esa chica es una bruja. —Ni te lo imaginas – dijo con hastío. Ivy se voltea con una ropa en las manos, Samantha pudo confirmar lo qué pensaba. —¿Estas bien? – enarca una ceja – Tienes los ojos rojos ¿estabas…llorando? Ella se paraliza por un momento sin saber que decir. Respira profundo y contesta: —No, debe ser una basura que me entro en el ojo es todo – dijo con simpleza. —¿Segura? – insistió. —Si, no te preocupes – se fue directo al baño para cambiarse. Ivy no podía seguir con esos sentimientos que la carcomen por dentro. Su madre sigue en ese lugar encerrada, sola, llena de personas que no conoce. Ella solo estaba en el baño soltando más y más lágrimas, no quería que su compañera de cuarto la vea en esas condiciones, no soporta que la vean débil, suficiente tenía con lo que ha pasado. Se mira al espejo y líneas negras de rímel caen en sus mejillas, toda su vida ha sido un fracaso, sus dibujos representan lo que siente y gran parte de lo que vivió. Pero al recordar su pasado solo quiere tener sed de venganza. Se seca las lágrimas para cambiarse de ropa poniéndose algo cómodo como unos shorts y una camisa negra holgada. Al salir del baño ve a su compañera acostada en su cama copiando unas cosas en su cuaderno. Le regala una sonrisa de boca cerrada y ella le regreso el gesto, agarró su computadora y se dispuso a hacer las investigaciones que les mandaron el día de hoy. El silencio en la habitación era tranquila e incomoda al mismo tiempo, a la joven Montero le apenaba hablar sobre el tema de su madre, agradecía que Pitterson no insistiera en preguntarle sobre eso. —Oye, mis amigos me mandaron un mensaje para salir a comer pizza ¿quieres venir con nosotros? – le pregunta Samantha. —No gracias debo hacer algunas investigaciones – contesto. —Si cambias de opinión me llamas – ella le entrega un papelito con su número de teléfono. —Gracias. 
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