“Cuidado con las miradas, pueden saber que tramas”
La mente de Samantha aún sigue procesando lo ocurrido, ¿de verdad tuvo una pesadilla? Se tuvo que pellizcar varias veces para comprobarlo. Y lo que más le extraña es ¿Por qué precisamente tuvo una “pesadilla” con Ivy? No le encontró mucho sentido, en la forma en que le presionaba el cuello, en cómo la tiró al suelo lo sintió muy pero muy real. Sus palabras la tenían muy inquieta, cada segundo que pasaba: “El miedo te paraliza y si no lo controlas puede ser tu final” j***r, en ese sueño sí que parecía ser su final.
—¿Samy te encuentras bien? – la voz de Sasha la sacó de sus pensamientos.
La joven estaba sentada junto con los chicos en la cafetería del instituto, su mirada estaba concentrada en Ivy, mirándola con recelo y con el ceño fruncido, Ivy que estaba a unas dos mesas delante de ellos, tenía unos audífonos colgando de sus orejas mientras probaba su almuerzo, Samantha, por su parte, jugaba con su comida mientras la veía con el ceño fruncido.
—¿Eh? – emitió ella, regresando su vista hacia Sasha.
—No has parado de mirar a Ivy – le hiso saber Eliot – ni siquiera has probado tu comida.
La joven baja su vista hacia su desayuno compuesto por un puré de papas con ensalada y pollo. Mostró una pequeña mueca y solo tomo su jugo de frutas.
—No tengo hambre – alejo un poco la bandeja de comida hacia adelante.
—Bien, más para mí – Austin agarró su bandeja y comenzó a comer. Samantha resopla.
—Ivy es mi compañera de cuarto – les contó – tuve un sueño extraño con ella, en ese sueño ella…casi me mata – los tres le miraron y guardaron silencio por unos segundos – pero solo fue eso ¿no? Un simple sueño.
—Tal vez – se encogió de hombros Sasha - ¿Pero exactamente como fue el sueño? –inquirió.
—Ella estaba parada al lado de mi cama, con los ojos cerrados – Samantha desvía la mirada hacia Ivy otra vez, y regreso a mirarlos a ellos – sonámbula, diciéndome “miedo, puedo oler tu miedo” y susurraba “El miedo te paraliza y si no lo controlas puede ser tu final” – explicó con detenimiento.
—¿Y después? – le incitó Eliot a seguir.
—Después – exhalo – ella se acercó a la puerta e intente seguirla, repetía las mismas frases en susurro sin abrir sus ojos, de pronto los pasillos formaron más oscuridad e intente alumbrar con mi teléfono otras ves, pero cuando lo hice ella ya no estaba – Sasha le escuchaba atenta mientras probaba sus papas fritas – la busque y sonó mi teléfono, era una llamada de un número desconocido y atendí pero nadie dijo nada, pero un fuerte ruido de una puerta me alarmo y salí corriendo devuelta al dormitorio, cuando me gire ella estaba ahí, inmóvil y murmurando cosas, escuche un sonido del teléfono, la llamada aún seguía en línea, las mismas palabras que me dijo ella se oyó en la llamada y lo dijeron al mismo tiempo – hice una pausa – después me tomo del cuello con fuerza y…
—La ensalada esta deliciosa, no entiendo porque no la querías comer Samy – le interrumpió Austin. Los chicos fulminan con la mirada - ¿Qué?
—Aja, entonces – dijo Sasha para que continuara, haciendo un gesto con su mano.
—Al momento en que lo hiso traté de zafarme como varias veces, pero no podía, ella abrió los ojos y me tiró al suelo para luego jalarme del cabello, cuando la vi sus labios tenían sangre y levanto su mano libre para mostrarme un cuchillo y…—cerro sus ojos con fuerza, para luego abrirlos – desperté
—Wow, deberías dejar de ver películas de terror – aconsejo Eliot. La joven agarró una de las papas fritas de Sasha y se las tiró —¡Hey! Solo digo que solo fue un sueño.
—¿Pero no es raro que me dijera las mismas palabras de ayer?
—¿Ella te dijo eso ayer? – Preguntó Sasha.
—Si – contestó Austin – nos dijo eso a nosotros dos cuando nos mostró uno de sus dibujos, que por cierto son muy buenos.
Hubo unos segundos de silencio, Eliot mira hacia los lados de la cafetería buscando a alguien con la mirada.
—Miren allá esta Gloria voy a saludarla – avisó Eliot levantándose de la mesa.
La pelirroja Gloria se encontraba en la fila de comida junto con otra de sus amigas, cuando Eliot se le acerco le sonrió mostrando uno de sus hoyuelos, mientras él le guiño el ojo complacido. Samantha regresa a mirar a Ivy, quien seguía estando sola en la mesa terminando de desayunar, su campo de visión fue interrumpida por la presencia de Jaime Sanz quien se acercaba vistiendo su jersey del Instituto y mostrando su ridícula pero linda sonrisa de siempre.
—Te dije que no te me ibas a escapar – se sentó a su lado. Samantha puso los ojos en blanco.
—¿Sabes Jaime? Eres como el periodo, te apareces cuando menos me lo espero – ella le sonríe falsamente – pero ahí estas, todos los meses fastidiando – resopla. Él rio ante su comentario.
Idiota>> pensó ella para sí.
—Te confieso que es una de las comparaciones más raras que una chica me ha hecho – sonrió – pero viniendo de ti, me encanta fastidiarte – toco su nariz con su dedo índice.
—¿Qué es lo que quieres? – soltó, con fastidio.
—Nada – se encogió de hombros – solo quiero estar contigo.
—Largo.
—No – negó él con la cabeza, aun sonriendo.
—Idiota – murmuro ella.
—Linda.
—Feo – le saque la lengua.
—Princesa.
—Imbécil.
—Hermosa.
—Estúpido.
—¡Oigan, ya por favor! – soltó Austin – Dios…detesto las cursilerías ¡Busque un dormitorio!
—¡Austin! – exclama Samantha.
—No es una mala idea – opinó Jaime. La joven lo fulmina con la mirada - ¿En tu dormitorio o en el mío? – le sonrió pícaro.
—¡En el de tu abuela! – contestó rodando los ojos.
—Oye Jaime – interrumpió Sasha - ¿es cierto que darás una fogata en las afueras del instituto?
—Es correcto – respondió asintiendo – pueden ir si quieren y…
—¿Para tener que soportar a tus amigos los ricos? No gracias – dijo Samy, interrumpiéndole. El frunció el ceño.
—Para que lo sepas no todos ellos son ricos, sin embargo, nada más porque tengan dinero no significa que son malos.
—En este instituto la mayoría que tienen dinero se creen mejor que los demás – hablo Austin – Y tú eres uno de ellos – lo señalo.
—Te equivocas, lo era – aclaró Jaime – he cambiado – sonó sincero.
—¿Y cuál es tu razón por la que has cambiado? – pregunto la joven, cruzándose de brazos.
El le sostiene la mirada por unos segundos, Samantha noto ver cierto brillo en ellos y sintió un pequeño cosquilleo, pero luego aparta la mirada y Jaime mientras se levanta dice:
—Es a las ocho de la noche, yo les aviso el día – Jaime la mira guiñando su ojo – adiós, preciosa.
—¡Agh! – exclamó ella una vez se fue - ¿Cuándo será el día en que deje de molestarme? – preguntó más para mí misma.
—Samantha admítelo – hablo Sasha mirándola seria.
—¿Admitir que? – frunció el ceño.
—Admite que en el fondo te gusta que Jaime te moleste – siseo.
—Claro que no – bufó - ¿ustedes irán a esa fogata? – les pregunta enarcando una ceja.
—¿Cuál fogata? – Eliot se une al grupo de nuevo. Deja su mochila en la mesa para sentarse.
—Jaime Sanz nos invitó a una fogata – le informó – es a los ocho de la noche, él nos avisa el día.
—¿Planean ir? – les preguntó Eliot, mirándolos– ustedes saben que amo las fiestas, por mí no hay problema.
—Yo no creo que vaya – informo Austin – odio tener gente loca a mi alrededor, por poco y los soporto a ustedes.
—¡Ay cosita nos quieres! – Eliot le aprieta los cachetes a Austin – ven que te como a besos.
—¡Suéltame viejo! – exclamo apartando sus manos – a veces me pregunto si eres gay.
—Nah, soy completamente heterosexual.
—¿Entonces ustedes si planean ir? – pregunto Samy, ignorando los comentarios cursis de Eliot hacia Austin.
—Si – respondieron ellos al unísono, menos Austin.
—Son de lo peor – bufa y se levanto tomando su bolso para colgarlo en su hombro.
—¿A dónde vas? – le pregunta Eliot, confundido.
—Al baño – contestó – al parecer mis amigos me dieron la espalda para estar junto a Jaime.
Samantha se giró sobre su eje para irse directo al baño, paso al lado de la mesa donde estaba Ivy, la segunda la miro y le sonríe con sus labios cerrados, Samantha le devuelve el gesto para seguir su camino. No entendió que les sucede a Eliot y Sasha ¿Por qué quieren ir a la fogata de Jaime? Le pareció una traición de parte de ellos dos, tal vez ella estaba siendo algo egoísta, pero no le agradaba que quieran estar cerca de la persona que me vive literalmente acosándola y molestándola todos los días. Jaime Sanz me las vas a pagar – pensó ella.
Cuando Samantha estaba casi cruzando una de las mesas para dirigirse al pasillo donde está el baño, algo o mejor dicho alguien, le hiso tropezar haciendo que cayera fuertemente al suelo, sus manos impactan la caída contra suelo para así no golpear su cara contra con este, toda la cafetería cae en silencio. Samantha dio las gracias a los santos porque hoy carga un pantalón colegial y no las faldas que acostumbra a ponerse, después de segundos escuchó las risas de todos los estudiantes de la cafetería, la ira llega a su cuerpo y se levantó para encarar a la persona que le hiso tropezar a propósito. Y no es nada más y nada menos que Amelia Méndez, una de las chicas más populares del instituto.
Amelia Méndez, cabello rizado, morena y de complexión delgada. Hoy lleva su pelo planchado, sus labios tienen un color rosa algo oscuro por su labial, sus cejas perfectas están semi levantadas con una sonrisa de burla. Ella estaba parada frente a Samantha sosteniendo unos libros con su bolso detrás de su espalda, la joven Samantha fulmino con la mirada, furiosa y casi por estallar.
> dijo ella para sus adentros.
—¿Te hiciste daño Samantha? – le pregunta, con una voz dulce más falsa que sus uñas – debes tener cuidado al caminar.
—No te hagas la inocente – elevó la voz, el silencio invade la cafetería – tu fuiste quien metió su estúpido pie para que tropezara – la acusó.
—¿Yo? – se hace la loca, fingiendo confusión – pero si yo estaba aquí charlando con mis amigos.
Samantha miró a los ridículos de sus amigos, sentados en la mesa disfrutando del espectáculo de Amelia contra la joven.
—Haber – Samantha respiro hondo – no te hagas la santa, Amelia, ¿Por qué demonios me hiciste caer?
Amelia cambia su expresión y aprieta su mandíbula.
—Eso te pasa por meterte con mi chico – le mira enojada, dando un paso hacia ella.
—¿Disculpa? ¿De que estas ha…—ahí Samantha lo entendió todo, ella lo hiso solo porque Jaime la vive buscando - ¡Oh! Así que estás celosa – ella le sonrió de par en par, cruzándose de brazos.
—¿Celosa de ti? ¡Ja! Por favor – Amelia ríe sin gracia.
—Es muy obvio, solo me hiciste caer porque estás celosa que Jaime me vive buscando a mí y no a ti – hiso énfasis en “a mí y no a ti” – él es tu ex novio ahora Amelia, supéralo ¿Sí?
-¡Ooooh! – se escuchó por toda la cafetería.
El bullicio de todos se escuchaba en la cafetería, mirando con fascinación la discusión entre las jóvenes, Samantha solo sigue con su sonrisa de burla sobre Amelia, se escuchan cosas en la cafetería como: “acaba con ella” “así se habla” “supéralo reina él ya no te quiere”. Amelia le mira con mucha ira, sus puños apretados en sus costados y la mandíbula tensa, la primera esta en la espera de algún golpe por parte de ella, pero solo la insulta.
—Eres una perra – dice entre dientes.
—No más que tu querida – Samy le sonríe, para luego señalarla con su barbilla - ¿Quién es la que se vive acostando con medio instituto? – contraatacó.
—¡Ooooh! – se vuelve a oír en todos partes.
> pensó la joven por sus adentros.
—¡Esa es mi amiga! ¡Dale con la silla! – escuchó el grito de Sasha a sus espaldas. Samantha ríe internamente.
—Ahora – habló después de unos segundos – me tengo que ir, por favor esfúmate, que estas atravesada como un florero en medio de una sala – Amelia le da una mirada fulminante y de nada mala gana se hace a un lado.
Al pasar Samantha por su lado escucho un “esto solo es el comienzo” por parte de ella, la joven ignoro eso y siguió su camino.
> dijo la joven en sus pensamientos.
Al llegar al baño y terminar de hacer sus necesidades Samantha sale de uno de los cubículos para lavarse las manos, siente la presencia de alguien, cuando gira su cabeza a la derecha se encuentra con Ivy. La miró de reojo y abrió el grifo para lavar sus manos.
—Estuvo bien cómo te defendiste de esa tal Amelia – le comenta acercándose hacia Samantha – Se lo merecía.
—Gracias, lo sé – tomó papel para secarse las manos y botarlo en la basura – Ella es una chica muy envidiosa, siempre quiere ser la mejor en todo.
—Entiendo – asiente.
El timbre del instituto suena por todos lados y Samantha sale del baño junto con Ivy. Los pasos y murmullos de todos suenan por los pasillos, a la joven tocaba clase de química y se va a su casillero encontrándose a Austin por el camino, el saluda a Ivy con un asentimiento de cabeza y se da la espalda para abrir su casillero. La joven se despide de Ivy para abrir su casillero y buscar un cuaderno, pero en ese instante una explosión de polvo de hornear estalla en toda su cara y cabello, Ivy se detiene en seco al escuchar aquello y Austin al otro costado la mira con los ojos bien abiertos, no tardaron mucho las risas que se escucharon de los demás.
> pensó ella.
—Samy…—intenta acercarse Austin, pero la joven lo detiene con la mano.
Samantha comenzó a correr mientras trataba de quitarse todo el estúpido polvo de hornear de la cara, ella recordó las palabras de Amelia: “esto es solo el comienzo”. Ahí ella supo a que se referían esas palabras. Siguió corriendo deslizándose entre todos y algunos torpes tropiezos hacen que pise algunos de los chicos, pero no se arrepiente, se lo merecen por reírse, al llegar a uno de los baños del pasillo abre el grifo y se echó agua por toda la cara, tratando de quitarse todo el polvo de hornear que pueda. Sentía toda la ira y la furia correr por su cuerpo, prometió buscar a la persona que le hiso eso, aunque es muy obvio y, lo peor es que no tenía pruebas, al levantar la cara su vista cae al gran espejo del baño y ahogo un grito al ver lo que este le muestra. La joven se voltea para comprobarlo, en la pared está escrito muy grande un aviso que dice “Estás muerta” dejando ver como un gran líquido y viscoso color rojo acompaña las letras, sangre, eso está escrito con sangre.
Pego un enorme grito mientras se lleva sus manos a la cabeza ¿Pero, cómo? ¿Quién escribió eso? De momento su grito se oyó lo suficiente fuerte para que algunos entraran al baño. Tres chicas entraron y cuando miraron la sangre en la pared también gritaron, la miraron de reojo como buscando una respuesta, pero Samantha no tengo ninguna. ¿En qué momento escribieron eso?
—¡VENGAN A VER ESTO! – gritó una de ellas.
—¡HAY SANGRE EN EL BAÑO! – gritó otra.
Samantha solo estaba inmóvil, sin articular palabra, aun mirando el “Estás muerta” en la pared ¿Esto lo escribieron para ella? ¿Para alguien más? ¿Oh solo quieren hacer una broma pesada?
—Iré por la directora – aviso la tercera, saliendo rápido del baño.
—Santo Dios – chillo la primera - ¿Quién habrá echo esto?
No tardaron mucho los demás en entrar al baño, todos tenían expresiones diferentes, unos solo se mostraban perplejos y otros solo lucían tranquilos, unas chicas tenían los ojos aguados casi que lloraban. Samantha resopla, le mataba la curiosidad por saber quien escribió eso en el baño, Austin se hiso presente y la miro algo preocupado, creía que le había pasado algo en el baño, pero luego su vista se fue hasta la pared.
—¡Wow! – exclamó – y yo, que pensaba que estas situaciones de novelas negras solo quedarían en mi mente, ahora lo veo en vivo y en directo – comento, sus ojos brillaron – fascinante.
Samantha le dio un codazo y abrió los ojos de par en par.
—¿Qué te pasa? ¿no ves que esta situación asusta un poco?
—¡Fascinante! – repite esta vez con una sonrisa. Ella volteo los ojos.
—Estás loco – le dijo, él se encoge de hombros aparentando indiferencia.
La joven saco de su bolsillo el celular y abrió la app de cámara para tomar fotos al aviso que está en la pared. Austin la mira, frunciendo un poco el ceño y ella le regalo una sonrisa inocente.
—A mi parece que la persona loca aquí eres tú – opina Austin- ¿para qué tomas fotos? Ni que trabajaras con la gente del forense o en la serie de Hawái 5.0 – ella se encoje de hombros.
—Para tener pruebas – le contesto con simpleza.
—Claro, ahora eres policía – soltó cínicamente.
Samantha iba a decir algo más, pero la voz de la directora le interrumpe.
—¡¿Pero qué es esto?! – exclama apenas los demás le abren paso para entrar - ¿Quién escribió esto? – pregunto elevando el tono de voz.
—Si no lo sabe usted, menos nosotros – susurró Austin para que no lo escucharan.
—Santo cielo – murmura ella - ¿Quién fue la primera persona en verlo? – pasaron unos segundos de silencio.
—Yo…—contesto Samantha en tono algo bajo, todos los demás se giran a verla.
—Señorita Pitterson a mi oficina – ordenó – Y la persona que lo hiso sepa de una vez que llamare a la policía – aclaro en un tono de voz para que todos escucharan - Ahora a sus clases vamos, y usted señorita – la señaló – acompáñeme.
La joven esperaba que la directora no pensara que fue ella quien escribió eso en la pared, porque está muy equivocada. Todos salieron del baño de chicas y otra vez Samantha se sintió como un bicho raro ya que todos la miraban de reojo, entre los pasillos encontró a Eliot y Sasha quienes le miraban interrogantes, en el otro extremo localizo a Amelia quien no borraba su sonrisa burlona hacia Samantha. La joven quería darle una cachetada, pero se contuvo, ella siguió caminando teniendo a la directora delante suyo, esa mujer suele ser intimidante, ruda, sus canas se notan un poco ya que se tiñe el cabello de n***o para que no se les note. Llegaron a su oficina, su escritorio está lleno de papeles, una taza de café, unos bolígrafos y cellos del instituto.
—Siéntese – le ordena, y rodea su escritorio para sentarse – primero que todo, ¿Por qué tiene harina en el cabello? – pregunta, colocando sus brazos sobre el escritorio.
La joven se aclaró la garganta, apretó su mandíbula aguantando la rabia que sentía y se sentó.
—Es polvo de hornear – le corrige – no tengo con certeza saber quién fue exactamente, pero creo que Amelia Méndez es la causante de lo que tengo en el cabello, ella me hiso caer a propósito durante el almuerzo en la cafetería – le contó.
—¿Con que propósito lo hiso?
—Por envidia.
—¿Envidia? ¿Por qué ella le tendría envidia señorita Pitterson? – cuestiono la mujer y juntó sus manos.
—Por…—Samantha no quería decirle que era por Jaime – no lo sé, ella siempre quiere ser la mejor en todo, cuando fui a mi casillero y lo abro me explota en la cara un montón de polvo de hornear.
—Hablare seriamente con ella – hablo firme y toco un botón del teléfono del escritorio – Ana, por favor busca a la señorita Amelia Méndez y dile que venga de inmediato.
—Si directora, ya mismo averiguo en que salón se encuentra para traerla – respondieron tras el teléfono. Ana es una de las asistentes de la directora.
—Perfecto y gracias– respondió la directora, soltó el botón para colgar – Entonces, ahora quiero que me explique lo de él aviso o advertencia que había escrito en el baño – le pidió.
—Después de lo que paso con el casillero, me fui directo al baño para poder limpiar todo el polvo de hornear de mi cara, cuando levanto mi vista me doy cuenta de lo que estaba escrito ahí – le explico – mire la sangre y grite, fue cuando unas chicas entraron y una de ellas la llamo a usted.
—Lo sé – exhalo – voy a tener que comunicarme con la policía, a menos que se sepa quien fue – la mujer entrecerró sus ojos hacia Samantha.
—¡¿Qué insinúa?! – la miro incrédula – Yo no escribí eso directora, se lo juro.
La mujer la examino por unos segundos, sacudió su cabeza y se comunicó con la policía. En pocos minutos Ana apareció con Amelia Méndez a su lado, abriendo la puerta de la oficina, los ojos de Amelia miraron a la directora hasta encontrarse con Samantha, rodeo sus ojos al tiempo que resopla con fastidio.
—Yo no hice nada malo – se defendió ella.
—Sentada – ordena la directora al instante y ella hace lo que le pide quedando a lado de Samantha.
Amelia cruza sus brazos y no mira por ningún momento a Samantha, el mal humor y la tensión que emanaban las dos jóvenes se sentía en toda la oficina.
—Ana puedes retirarte gracias – le indicó y esta asintió con la cabeza cerrando la puerta detrás de ella – ahora, la señorita Pitterson me informó que usted la hizo caer durante el almuerzo y aparte también le colocó un montón de polvo de hornear en su casillero ¿es cierto eso? – enarca una ceja mirando a la alumna.
Amelia se queda unos segundos en silencio, mira de reojo a Samantha y responde:
—Si, es cierto.
—¿Por qué lo ha hecho?
—Por…porque…—titubea – solo lo quise hacer – mintió. Ella sabe la verdadera razón.
—En ese caso entonces pídale perdón – Amelia respira hondo, estaba conteniendo su enojo.
—Perdón – dijo entre dientes.
—¿Disculpa? No te escuche – la molesta Samantha, haciendo oídos sordos.
—Perdón – esta vez dijo más claro.
—Bien, espero y tampoco tenga algo que ver con la advertencia que había en el baño – dudo la directora.
—Por supuesto que no directora.
—Perfecto, entonces será todo – pasa su cabello detrás de su oreja – ahora vuelvan a sus clases la policía pronto estará aquí y por favor usen los demás baños mientras investigan.
Las jóvenes se dedicaron a asentir con la cabeza, Samy tomó su bolso y lo colgó sobre su hombro, Amelia imitó su acción y salieron de la oficina de la directora. Al estar lo suficiente lejos de ahí Amelia la toma fuerte del brazo haciendo que la primera se gire hacia ella.
—No te aguantaste y tenías que ir con el chisme ¿no? – le reclamó.
—Para que lo sepas ella me dijo que fuera después de lo ocurrido en el baño, de todas formas, te lo mereces, no iba a mentirle – le contestó con las cejas hundidas.
—Si te vuelvo a ver cerca de Jaime te juro que…
—¿Qué? – la encaró - ¿me vas a matar? ¿Oh quizás poner una advertencia en un salón de clases?
—Yo no hice nada de eso – le asegura.
—Pues no te creo, aléjate de mí Amelia, búscate una vida y se feliz en vez de joderle la vida a los demás – dijo, pasando a un lado de ella golpeando su hombro con el suyo.
Amelia le da una mirada asesina y camina hacia el otro lado dando fuertes zancadas.