Terminé de revisar un texto y levanté la vista del manuscrito tras varias horas continuadas trabajando. Fue un tremendo error hacerlo. Solo pude ver como la totalidad de mi despacho estaba lleno de montañas de más manuscritos que estaban a la espera de revisar que ocupaban cada una de las superficies mínimamente rectas. Tenía demasiado trabajo y no hacía otra cosa que entrar más por esa maldita puerta. Me masajeé el cuello, deseando que fuera Álvaro el que lo hiciera. Tenía unas manos espectaculares, pero no nos habíamos podido ver en persona desde hacía varios días. Al menos nos habíamos divertido por llamadas y mensajes, pero no era en absoluto lo mismo. Pero de este fin de semana no pasaría. Lo sometería hasta hartarme. Aunque por desgracia, tendría que intercalar las sesiones con el tr

