Me habían echado mal de ojo, una maldición o algo parecido. Era la única explicación que le encontraba a esto. Tras algo más de una hora haciendo de amiga con Diana y dándole consejos para no desesperarse por no encontrar lo que se quiere en el b**m a la primera de cambio volví a mi despacho, el cual parecía estar incluso algo más atestado que antes. Decidí que esto no podía seguí así, por lo que junto a todos los demás editores de la empresa fuimos a plantarle cara al estúpido de nuestro jefe. Parece que tras dos horas discutiendo habíamos conseguido abrirle los ojos y quiso volver al sistema anterior que parecía funcionar bien. Todo estaría estupendo a estas alturas sino fuera porque nos dio de plazo una semana para terminar con todos los libros que ya había en la oficina para empezar de

