Después de ese penoso incidente, el primer día de clases llegó a su fin sin mayores inconvenientes. Y Valentina solo pensaba en la desgracia de su vida. No en el incidente con Abigaíl, ni el que tengan que compartir el mismo salón, sino en el apellido de Dylan. Si, ese bendito apellido del que su padre le había advertido hasta el cansancio evitar acercarse. ¿Por qué? Nunca había recibido una clara respuesta, nada más que para su familia esas personas eran peor que la peste negra.
“No lo veo peligroso, hasta el momento la única amenaza que veo es que se vea tan bien al lado de esa princesa. No hacían mala pareja, podría decirse que eran la pareja perfecta; tan enamorados y felices.” Piensa
—Podría decirse que son tan lindos ¿Verdad? —le susurra Gabi.
—¡Ah! ¿Quiénes? —Dice Valentina levantando su mochila.
—¡Si! Disimulas muy bien el interés que tienes por Dylan.
—No, no es-toy interesada en… él.
—Sí, se nota —. La codea —Por tu bien, no dejes que esa ilusión crezca.
Al salir, pudo contemplar a Antonio a fuera de su auto, con sus gafas de sol y leyendo un periódico.
—¡Oh, por Dios! ¿Ya observaste a ese tipo raro? —Le manifiesta Gabi sujetándola del brazo— con esa cara de pervertido, bien podría ser un secuestrador.
—es mi chofer. Bueno, el que papá me contrató.
—¿En serio? ¡Ay, amiga! Cuídate mucho.
—No te preocupes por él, creo que, al lado de las locas de esta universidad, es él un manso gatito.
Gabi se despide y Valentina se acerca el taxi, Antonio le abre la puerta sin dejar de mostrar su sonrisa de bobo.
— Estás loco si piensas que iré al frente contigo. —le recuerda, apartándolo de un empujón para abrir la puerta de atrás.
—Está bien, lo que mencione la princesa —le dice él, cerrando la puerta delantera—. No perdía nada con tratar de nuevo.
—Y no vuelvas a llamarme princesa —se sube al auto.
Antonio sonríe y cerrando la puerta corre a su lugar. Pone en marcha el coche mirándola por el espejo retrovisor.
— ¿Qué tal tu día? —le pregunta con esa sonrisa inconfundible.
—No debe importarte.
—Lo expreso por la chaqueta de marca que traes encima ¿tu nueva amiga te la regaló? Por el estilo, podría ser de ella o de alguna otra niña rica de aquí.
—No te metas en mis asuntos.
—El que me odies, no ayudará en nada a esta relación…
— ¿Relación?
—De trabajo. —Responde aclarándole. —Bueno sabes que seré tu chofer el resto del año así que sería mejor, que empecemos a llevarnos bien y quizás con el tiempo tú y yo…
—Jamás habrá algo más entre nosotros ¡Entendiste!
—Díselo a tu padre.
— ¿Y tú? Encantado por apoyar esa locura.
—Sé que te llevo unos años de más…
—Veinte años de más, podrías ser mi padre. ¡Y mételo bien en la cabeza! Jamás sentiré algo por ti, así que de una vez arráncate las alas conmigo. No seas tan degenerado y me pienses en tu cama, podría ser tu hermana.
—El tiempo podría declarar lo contrario. —le guiña un ojo por el espejo retrovisor.
—Evita dirigirme la palabra el resto del camino.
La cara de amargura de Valentina mencionaba mucho. Pero era tan hermosa, que no podría perder la oportunidad de acariciar en su cabeza esa descabellada idea.
A las 7 de la noche, estuvo llegando a casa. Su padre la esperaba sentado en su silla de madera, afuera junto a la puerta. Al verla bajar se dirige a Antonio. —Te retrasaste quince minutos ¿Qué pasó?
—Debería poner 20 minutos más de límite, señor, el tráfico a veces es una mierda y las clases no siempre terminan a la hora establecida. —Le aclara el hombre.
—Lo tomaré en cuenta — le responde molesto. Aunque nunca ha estado de buen humor.
Valentina mueve la cabeza en forma negativa. "¡Es increíble! Siquiera se ha dado cuenta de que no lleva la misma blusa puesta, solo le interesa que llegue a tiempo. Nunca hay para mí un saludo." Murmulla antes de pasar de largo.
En tanto se aleja, nada más piensa en lo estricto que es su padre. Todo el tiempo vigilando que no dé un paso fuera de la jaula. Como si fuese posible escapar a algún lado con ese estúpido vigilándola.
Entra en silencio y escucha la puerta cerrarse tras ella. Ni un “¿Cómo te fue?”, de su parte. Siempre ha sido tan frío, quizá nunca llegue a perdonarla por la muerte de su madre.
Camina hacia su habitación y en la cocina ve a su hermana Jimena. Al saludarla de inmediato se da cuenta de su aspecto. Como siempre tan preocupada, si no fuera por ella jamás habría sabido lo que es el amor de una madre y atenciones de una familia.
Muy angustiada, intenta saber los pormenores de lo sucedido.
—No es para tanto, es lo mismo de siempre. —sonríe. — Las chicas odiosas, millonarias y arrogantes, pero sabes que irá mejorando con los días. Solo debo llevar más toallas húmedas, ropa extra y…
Jimena la abraza fuerte acortando sus palabras y llora, siempre ha sido muy sensible, en esos casos. A veces se toma demasiado en serio su papel de madre y hace sentirla miserable.
—Deja el drama, hermana, no paso a mayores, son solo chicas presumidas descerebradas. En una universidad como esa, abundan. Ambas sabíamos que no sería fácil llegar ahí siendo como soy.
—No quiero que te hagan daño —manifiesta Jimena.
—No lo harán. Estaré bien. Quédate tranquila.
— ¿Qué dijo papá? —interroga secándose las lágrimas.
—Nada, es despistado como siempre. Nada más le interesa que llegue a tiempo para encadenarme — responde valentina, enojada.
—No digas eso, tuvo un mal día en el taller y…
—No lo justifiques, sé por qué lo hace y no lo culpo. Con el paso de los años, he aprendido a comprender su actitud.
—Papá te ama más de lo que crees, Valentina.
—Definitivamente, lo hace, quizá por eso contrató al imbécil de Antonio para ser mi chofer.
—Hablaré con él para qué...
—Deja las cosas así, no quiero que te metas en problemas. Antonio puede ser una peste, pero si únicamente de esta manera puedo estar lejos de casa medio día, lo soportaré. Además, sé defenderme de tipos como él.
Jimena no puede evitar llorar recordando aquel suceso que para Valentina al parecer quedó en el olvido.
—No podría verte otra vez…
—Ya la página está volteada. ¡Dejémoslo de esta manera! —Responde al notar a que se debían esas lágrimas de Jimena —Voy a cambiarme de ropa.
—La cena ya está lista, en unos minutos pondré la mesa —Expresa Jimena limpiándose las lágrimas.
Valentina le deja un beso en la frente y se dirige a su habitación. Al abrir la puerta, su corazón ya no puede soportar más el dolor contenido y deja correr sus lágrimas, mientras se cierra la entrada. Deja la mochila sobre su escritorio y caminando hasta su cama se sienta en ella para tomar el retrato de su madre, que está sobre la mesa de noche.
— ¡Ay mamita! ¿Por qué dejaste que naciera? Hubiese sido mejor llevarme contigo. Papá jamás volvió a ser el mismo padre amoroso que Jimena recuerda. ¿Soy tan culpable como para que me castigue tanto? ¿No merezco enamorarme y ser feliz algún día? Ya casi cumplo dieciocho y solo he conocido amargura, dolor, desprecios, soledad e indiferencia. Cruel indiferencia, que duele más que el encierro. ¿Por qué soy su prisionera? ¿Acaso ignora el daño que me ocasiona? ¡No! Papá no lo hace. Ya no quiero pensar en cosas horrendas. ¿Sabes algo? Hoy lo conocí a él. —Suspira recordando los ojos verdes hermosos de Dylan y ese algo tan especial que pareció conectarla a él cuando se miraron. — Pero lo malo, no es el que tenga novia. Es que es… un Lisboa. Puede que sea uno de esos Lisboa, no todos tienes que ser parte de esa familia que papá tanto odia. ¿Verdad? — Suspira dejando el retrato en su lugar, se pone pie y lo voltea —. Será mejor que no me mires, la novia de Dylan me dio la bienvenida y… ¡Olvídalo! La universidad es genial, seré una doctora en unos años y papá no impedirá que deje esta casa y me enamore de quien quiera, así sea del hijo del hombre que le hizo tanto daño. —Sonríe.
Camina hasta el espejo y al mirarse, se da cuenta de que en verdad se ve mal. Deja correr sus lágrimas mientras lleva sus manos a la cabeza. Se quita la ropa y recuerda el pasar del tiempo ¿Cuántas veces estuvo en la misma situación? ¿Cuántas veces más tiene que estar de esta manera, para desplegar sus alas y volar de esa cárcel? Coloca sus manos en el reflejo sin imaginar que alguien en otro punto de la ciudad al mismo tiempo, alguien más imitaba ese gesto.
Mirándose, sus ojos dejan corren lágrimas de dolor y amargura.
Ambos lloran por el recuerdo de alguien amado y por la culpa de un pasado que crece más en su interior. Más, tras unos segundos vuelven a endurecer sus corazones dejando contemplar solo la imagen que todos quieren ver de ellos.
Dicen que las almas gemelas no únicamente conectan los corazones, también sus emociones, sentimientos y comparten el mismo dolor. Suena loco, pero de este modo. por algo se menciona que ambos nacen para estar juntos sin importar la distancia, el tiempo y las barreras intransmutables que el mundo pongo enfrente. ¿Qué tan fuerte es el destino?