Semanas después
Las primeras semanas en la Universidad no han sido del todo difíciles, y una más estaba por concluir y aunque las cosas no han mejorado mucho respecto a Abigaíl y sus amigas, que han buscado la manera de molestar a Valentina, pero también están quienes inesperadamente se han acercado para ayudarla. Como Darío, Gabi y el mismo Dylan. Podría ser el hombre que su padre menos desee conocer, pero el chico es atento, o finge muy bien. Ella aun duda si creer del todo en un niño rico o dejarse llevar por lo que grita su corazón.
Hoy en particular. Cuando se le acerca, unos metros después de haber cruzado la entrada.
—Hola, Valentina — la detiene Dylan.
—Hola —Lo saluda sorprendida. — Es raro verte sin escolta.
— ¿Lo dices por Abigaíl o Darío? —Sonríe destellando ese brillo en sus ojos que atraviesa su alma haciéndola estremecer.
—Por ambos.
—Te esperaba para discutir sobre el tema de anatomía que nos tocó realizar juntos. ¿Te parece si hoy almorzamos y coordinamos el proyecto?
—Por mí no hay problema, pero ¿Te dará permiso tu odiosa? —Interroga con sarcasmo.
—No tengo que pedirle permiso a nadie. —Dice él con una pequeña mueca.
—Me alegra saberlo, no quiero tener más roces con ella. Me están haciendo la vida de cuadritos y aunque puedo darle una buena golpiza no quiero ser expulsada antes del mes.
Dylan sonríe y la mira por unos segundos, le parece increíble que ella sea real, una chica tan diferente y fuerte, tan especial para su corazón. Desde que apareció, el solo admirarla lo llena de vida, de una incontrolable alegría.
—Bueno, princesa, llegó sana y salva a su casillero—. Le dice Dylan.
—Gracias por escoltarme noble caballero.
—No lo vuelvas repetirlo o voy a creérmelo.
—Bueno, para mí eres todo un caballero sin armadura.
—Es todo un halago. —Acaricia sus mejillas—Nos encontramos en la cafetería en unas horas.
—Perfecto — le dice ella.
Dylan se marcha sonriendo y mientras Valentina sigue de pie junto a su casillero. Esta por abrir la puerta cuando aparece Abigaíl y sus amigas. Desde que la maestra designo las parejas de trabajo, todas se fueron contra ella. ¿Pero quién podría ir contra el destino? Fue su suerte el que los eligieran esta vez.
La rodearon y Abigaíl le tira sus libros, haciendo su berrinche de niña rica, sin duda, la habían estado esperando y nadie le garantizaba que no hayan estado espiando su conversación.
— ¿Ustedes no se cansan? ¿Acaso les gusto o qué? —interroga Valentina levantando los libros.
Las otras chicas son dicen nada, están desconcertadas por la actitud de Valentina, en tanto Abigaíl moría de rabia. La empuja contra los casilleros.
—Si te crees especial por tener nuestra atención diaria, estás equivocada, mugrienta. El estar de pie frente a ti es humillante para nosotras, no solemos rebajarnos a un nivel como el tuyo, pero tenemos que hacerlo porque estás invadiendo nuestro terreno. ¡Mi terreno! —le informa Abigaíl.
—No sé de qué hablas. —Responde Valentina.
— ¿Te haces la idiota ahora? —Coloca sus manos a su lado acorralándola. —No quiero verte cerca de Dylan.
—Eso es inevitable, si ambos tenemos trabajo en conjunto.
— ¡Escúchame bien, maldita perra! —grita. — Espero que no te estés haciendo la idea de que alguien como tú, pueda gustarle. Si él se acerca es solo porque es amable y es necesario el contacto visual contigo. Porque a ambos nos causas repugnancia.
—Pues, creo que, si algo no le gusta de mí, es libre de decírmelo, ¿Sabes? El que estés aquí advirtiéndome, dice lo contrario. Te sientes insegura, porque temes que me elija a pesar de lo que soy.
Abigaíl se aparta dejándole una fuerte bofetada e indicándoles a sus compañeras hacer lo mismo. Una a una fue pasando, recibió cuatro bofetadas extras. Y como si eso no fuera suficiente, habían grabado ese bochornoso instante. ¿Cómo es que suelen ser tan rápidas para esas cosas?
Ahora, la diosa de la universidad la toma del cabello y la hace doblar a un lado de un tirón, sin darle tiempo a defenderse.
—No te sientas tan lista, pequeña ramera, que todos sabemos de sobra la clase de mujeres que son las de tu especie. El que estés en un proyecto con Dylan no te hace importante en su vida. Si se acerca a ti, es por le das lástima como a la mayoría de aquí. ¡Mírate! ¡Pobretona, rata de cloaca! Este no es tu lugar. Esta universidad no es para ti, si quieres continuar aquí, será bajo mis condiciones, si te digo que te arrodilles, lo harás, si te pido que lamas mis zapatos lo harás o de lo contario lamentarás cada segundo de tu vida el haber tenido la osadía de aparecerte por aquí—. La estrella contra los casilleros.
—Puedes hacer conmigo lo que quieras. —Responde sin intimidarse Valentina, soltado los libros y tomando sus manos para apartar a la diosa —Y eso no cambiará en nada tu situación con Dylan. Ya todos saben que entre ustedes no hay nada. Solo son apariencias y aunque te duela, no se casará contigo. Soy tan mujer como tú para mirarlo y ansiar una oportunidad. Si yo quisiera lo tendría en mis manos. Que no te quede duda.
—Maldita—Grita Abigaíl lanzándose encima, y eso era únicamente lo que esperaba Valentina para darle unas buenas bofetadas y tirones en su hermoso cabello rubio, tan falso como ella.
En un segundo se armó un gran lío, Valentina ya no estaba dispuesta a seguir aguándolas. Podía con dos o todas. Como cualquier pelea callejera las chicas lindas se despeinaban y recibían sus buenos golpes. Los gritos llegaron a oídos de Dylan y Darío, que aparecieron de inmediato para separarlas, pero ya el director estaba siendo informado de ese gran alboroto en los pasillos de su universidad. Poco después, todos fueron llevados a su oficina.
En medio de su alboroto e inconformidad, Dylan y Darío abogaron por Valentina haciendo estallar en gritos de histeria de Abigaíl y su grupo de niñas malas.
—¡Silencio señoritas! Este no es un mercado —grita el director—. Además, ya tomé mi decisión. Todas están sancionadas por una semana.
—¡No es justo! Ella empezó todo. —grita Nicole.
—¡Guarden silencio o subiré el castigo a dos semanas! — Advierte el director.—. Ahora se tranquilizan y se van a clases.
—Pero…— interrumpe Abigaíl.
—Sin excusas o ahora mismo se van a sus casas. —Se enfada el director.
Entre miradas de muerte, abandonan la oficina y guardan silencio hasta estar lo suficiente lejos como para poder seguir discutiendo. Más lo que ellas no esperaban, era que los chicos seguirían en su firme decisión de apoyar a la nueva.
—¡No puedo creer que prefieras a esta callejera! — grita Abigaíl.
—¡Basta! ¿Qué es lo que tanto te molesta de Valentina? —Grita Dylan.
—¿Por qué la defiendes? —Chilla Abigaíl. —¡Yo soy tu novia!
—El que nuestros padres deseen casarnos, no nos hace novios oficiales, desde hace unos meses he tenido ganas de terminar con esta mentira. Tu presencia me asfixia y tu comportamiento es desesperante. No eres la clase de mujer que quiero en mi vida el resto de mis días.
Abigaíl lo abofetea con tal rabia que marca su mejilla.
—Te guste o no seré tu esposa, así tenga que llevarte arrastras a la iglesia. ¡Entendiste! —grita.
—¡Estás loca! — le dice él sobándose la mejilla.
La mira enojada y se aleja.
—Si buscaban llegar a ser las dementes de la universidad, lo consiguieron—Les dice Darío tomando a Valentina de la mano, ante la mirada absorta de las chicas lindas.
Ambos aceleran el paso detrás de Dylan.
Si para ellas esa escena apestaba, para Valentina no era diferente. Debería salir de casa todos los días, si faltaba, su padre lo usaría de excusa y ya no la dejaría asistir más. Pero a los nuevos amigos se les ocurrió una genial idea, mientras la ayudaban a estar presentable tras esa riña.
—¿Están diciendo que puedo seguir viniendo sin entrar a clases y que ustedes me llevaran de paseo? ¡Están locos! —Expresa Valentina.
—Le temes a la diversión. —Sonríe Darío.
—Le temo más a lo que podría declarar mi padre si me descubre — dice con miedo.
—No lo hará. Podemos encargarnos de ese detalle, de paso podemos ponernos al día en las clases, utilizaremos la biblioteca. —Añade Dylan.
—¡Vamos! ¡Piénsalo! Te prometemos ser cuidadosos, tu padre ni se enterará. —Expresa Gabi, mostrándole un espejo para que se mire, con el maquillaje que le ha puesto ya no se nota los moretones.
—No quiero que se metan en problemas por mí. —Les manifiesta apenada.
—¡Tranquila! El dinero lo puede todo. Es la magia de ser ricos y caprichosos. —Se ríe Darío chocando las manos con Dylan.
Valentina sonríe y no cree cómo alguien tan lindo como él, pueda ser tan malo. Quizás no llegue a ser como su padre manifiesta que es su familia, quizás exista esa posibilidad de que sea diferente.