Capítulo 5

1651 Words
Vaelkaris es una nación que se encuentra al norte de Fenicia, reconocida por sus altas montañas cubiertas de nieve. No todos pueden soportar sus bajas temperaturas, por lo cual los convierte en una zona táctica para las batallas. Por mucho tiempo se mantuvieron como líderes, un ejemplo a seguir de cómo debería ser un reino. 500 años le costó a la familia real mantener ese legado, el cual fue pisoteado cuando el rey Louis IV ascendió al trono y, posteriormente a él, su hijo Louis V, actual monarca. Ambos fueron muy ambiciosos con sus deseos de obtener las ciudades que hacen frontera con sus vecinos: el reino de Xylos. Pensaron que ellos no responderían a sus ataques injustificados y es lo que les dio paso a una batalla absurda, carente de sentido. La cumbre anual, conformada por los cuatro líderes de los cuatro reinos, aún no llega al consenso para que se cese la guerra entre ellos y así concentrarse en la verdadera amenaza: los reinos extranjeros que aún tienen toda la intención de apoderarse de las riquezas de Fenicia. Demian sabe que su amado reino ya no es el mismo; es lo que lo ha llevado a constantes discusiones con su padre. Hasta podría decirse que ha tratado de manejarlo lo mejor posible; sin embargo, el anuncio de su inesperado matrimonio es algo que va más allá de lo que podría tolerar. La sola idea de tener que casarse con una mujer completamente extraña para él, aún más grave, que sea la princesa del lugar que le causó tanto dolor muchos años atrás, le llena de ira. —Con cuidado, como sigas con esos movimientos, terminarás cortándome el cuello —advierte Esteban mientras se protege de los ataques de su primo. Ya ha pasado una semana desde que se ha revelado la propuesta de unirlo en matrimonio con la princesa Amira, y desde entonces Demian ha invertido la mayor parte de su tiempo entrenando. No le hace sentido que su padre, de manera repentina, quisiera formar una alianza por medio de un matrimonio. Eso solo lo haría alguien desesperado. Es consciente de que Vaelkaris no está pasando por su mejor momento, pero es cuestión de planificar estrategias que le devuelvan toda su prosperidad. Para eso, solo necesita que su padre deje de tomar decisiones tan disparatadas como irracionales. —Cuidado —vuelve a hablar Esteban una vez que se aprovecha de la distracción de Demian para tirar al suelo su espada y poner el filo de la de él contra el cuello del príncipe. —Sabes, no tiene ningún mérito ganarte si no estás concentrado —comenta mientras guarda su espada. Ambos se encuentran en la parte trasera del palacio, en un espacio al aire libre que el príncipe y su primo suelen utilizar para sus entrenamientos, como la espada o la arquería, la cual no es fuerte de ninguno de los dos. También practican equitación para mejorar su habilidad al momento de las batallas. Demian prefiere pulir constantemente sus habilidades, no quiere ser un príncipe o rey solo en título, quiere ser un monarca que pueda estar tanto sentado en un trono como luchando en las primeras filas de batalla. Una convicción muy contradictoria a la de su padre, quien prefiere las comodidades y protección del palacio a estar tirado en una carpa de campaña esperando que el enemigo se rinda. De eso sabe muy poco el monarca. —Creo que hoy no tengo cabeza para nada —dice mientras camina hacia un banco. Su primo va tras él. —¿Aún no le dices? —cuestiona Esteban. Demian mueve la cabeza en negación mientras toma agua de su cantimplora. —¿Y qué estás esperando? ¿Que llegue el día y la tome por sorpresa? —¿Y qué le digo? “Hola, mi amor, quiero que sepas que me voy a casar con otra mujer, pero no te preocupes, que solo será mi esposa de título, porque yo continuaré contigo”. O mejor le digo: “Oye, ¿qué crees? Mi padre quiere que me case, pero no lo voy a hacer; me escaparé contigo y seremos felices por siempre”. ¿Cuál de las dos oraciones crees conveniente? —infiere con frustración. —Opino que debería ser la que se acerque más a la realidad —comenta mirando hacia el frente. —Escucha, no tengo idea de cómo es una relación seria; desde mi punto de vista es mejor evitarlas, pero tú e Isabella parecen tener algo real, entonces, tienes dos opciones: o vas contra tu título o vas contra ella, lo que sí sé que no podrás elegir a las dos —le exhorta con honestidad. —¿Por qué piensas eso? Siempre podría imponer mi título y hacer que Isabella sea la reina consorte de Vaelkaris. Exhorta a sabiendas de que algo así sería un gran desafío. La familia de ella ni siquiera es noble; desde el punto de vista de la monarquía, la hermosa joven de sonrisa cálida no tiene nada relevante que aportarle al reino, aun con los negocios de su padre. Con esa desventaja es difícil justificar su renuencia a casarse con una princesa real. Estar enamorado no es fundamento suficiente para rebelarse y salirse completamente con la suya. —Ja —murmura Esteban. —Me sorprende tu idea fantasiosa. Tú más que nadie sabes que la propuesta de tu matrimonio va más allá de un padre queriendo hacerle la vida imposible a su problemático hijo. No sé tú, pero no me creo lo que dijo el ministro de economía sobre que financieramente Vaelkaris se encuentra “estable”. Entre el año pasado y los dos primeros meses de este, ya se han aumentado los impuestos dos veces; son ligeros aumentos que aún no se sienten; sin embargo, puedo jurar que al cerrar el año algún giro habrá. Y a eso agrega que hay decenas de dimisiones de soldados, una guerra absurda con nuestros vecinos, a los cuales se les unió Bussana y, por último, los piratas cada vez están más sanguinarios en nuestras costas. ¿Quieres que siga enumerando los problemas? —cuestiona. Demian se levanta de un tiro del asiento y pasa sus manos por su cabellera rojiza con desesperación. Por razones ajenas a él, siente que el universo le está mandando más señales de que le haga caso a la razón y no al corazón. De que tendrá que poner su deber por encima de su amor. —Ya entendí el punto y créeme cuando te digo que lo sé. Sé que hay más de lo que se debate en las asambleas, sé que todos esos eventos desafortunados no son fortuitos; aun así… —El príncipe toma una pausa para respirar profundo y continuar hablando. —Aun así, quiero creer que de verdad podemos tener un futuro juntos. —Podrías, a menos que la conviertas en tu concubina. Comenta Esteban, sin tener ganas de ofenderlo, más bien de abrirle los ojos, que no importará lo que elija; de alguna forma no terminará como el príncipe lo desea. Demian voltea a ver a su primo con molestia. Él jamás haría algo tan bajo como convertirla en una concubina; es una de las tradiciones que le alegra que se esté erradicando. El joven hombre quiere creer que es diferente a su abuelo y padre. No se cree un ser superior, pero no cometería ese error. —¡Jamás! —exclama. —No vuelvas a mencionar tal cosa. Nunca le haría eso —declara con firmeza. —Bien, entiendo. Aunque solo te he escuchado hablar de Isabella, pero si se da tu matrimonio, ¿qué pasa con Amira? Ella será tu esposa y ya sabemos la historia que tienes con Catleya. —No lo sé, tendría que verla para darme cuenta si ella es una víctima más u otro intento de mi padre para controlar mis acciones; si es lo último, no tendré ninguna consideración con esa mujer- revela. Demian intenta no hacerse un prejuicio de ella, aunque es inevitable no imaginar que la joven podría ser tan ruin como su padre. Desde ya, él siente que casarse con un m*****o de esa familia sería el equivalente a casarse con una espía, una que mantendría a su padre informado de sus movimientos, al mismo tiempo que al reino que tanto odia. —Bueno, no creo que… —Las palabras de Esteban son interrumpidas cuando ve a lo lejos cómo uno de los concejeros reales corre hacia el gran salón. —¿Y este por qué corre?, ¿qué está pasando? —pregunta con el ceño fruncido. Demian desvía la mirada hacia donde ve su primo, percatándose de lo mismo. Intrigados, ambos corren hasta alcanzar al hombre mayor. —¿Qué pasa, concejal Lewis? —¿Por qué la prisa? —cuestiona Demian. —Alteza, qué bueno que está aquí, quizás usted también debería ir a la asamblea de emergencia —dice agitado. —El rey convocó a los concejeros y al ministro de Defensa; hay un tenso momento en Costa Brava con los piratas. Han secuestrado a los soldados que permanecen allí. Su padre quiere discreción sobre el tema, así que solo seremos nosotros —informa. El príncipe frunce el ceño, denotando intriga. —¿Pero qué dices?, ¿por qué allá habría guardias? Se prohibió comercializar en esa zona debido a lo revoltosas que pueden llegar a ser sus aguas. Más de un barco se ha accidentado o perdido allí —cuestiona Demian con fundido. —Bueno, creo que ese dato no lo manejo del todo, su alteza —miente. Aunque siente afinidad por el príncipe, no pretende revelar más de lo que debe. Demian intuye que está mintiendo; no obstante, lo deja pasar. Mira a su primo, a quien, sin que le diga algo con palabras, asiente, y los tres van hacia el gran salón. Continuará…
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD