Quería que la reunión terminara, tenía el discurso de Henry en mi oído izquierdo y la propuesta de matrimonio de Izan en mi oído derecho y claro, no puede faltar mi autoestima en el piso, sentí como cada uno de los presentes le pasaban por encima conforme salían de la sala.
Aún no tengo el valor de sentarme en mi escritorio del cual me había despedido en silencio, recorrí los pasillos buscando un lugar vacío pero no había, en todas partes, en cada rincón escuchaba el murmullo de la gente.
No quería ir al baño, es ahí donde la gente va a llorar derrotada y yo aún no estaba derrotada, varios minutos después estaba parada frente a la puerta del baño de mujeres, en realidad no se frente, si no de lado, escuchando como cada una de las mujeres en el interior hablaban de lo guapo y sexy que es Henry.
Definitivamente entrar ahí solo empeoraría mi sufrimiento.
Sin pensarlo demasiado abrí la puerta de junto, que, a comparación de la anterior no escuchaba ni un solo ruido.
— Lo siento. — Me disculpe apenas la puerta se cerró detrás de mi.
Parado frente a uno de los mingitorios había un hombre alto y corpulento.
Clave la mirada en la puerta y tire con fuerza para abrirla Pero no se abrió, el sonido de aquel hombre subiendo el cierre de su pantalon y lavandose las manos hacia eco en el caso vacío lugar.
Tire una y otra vez Pero la puerta no se abrió.
— ¿Es tu costumbre acosar a los hombres de esta manera? — Pregunto una voz ronca, mi cabeza vibró con el sonido de su voz, su pecho estaba pegado a mi cabello, con la mano apoyada sobre la puerta.
— No sabía que era el baño de hombres. — Menti nerviosa.
— vaya, los requisitos para entrar a trabajar a Clark & Davis realmente han bajado, ahora ni siquiera es necesario que los empleados sepan leer.
— Lo mismo digo yo, ahora un hombre que ni siquiera trabaja en este lugar se gana un puesto que otros merecen. — Sin darme cuenta las palabras llenas de resentimiento salieron de mi boca.
— Quizá esa persona no se lo merecía tanto.—con una risa engreída y sin mucho esfuerzo tira de la manija logrando que la puerta se abriera.
— Porsupuesto que me lo merecía, me esfor...— las palabras se quedaron atoradas en mi garganta al ver el rostro sonriente de aquel hombre.
Los mismos ojos feroces que ví antes ahora me miraban fijamente, imperturbable, imponente y engreído, con una sonrisa que no demostraba felicidad.
— Así que eras tú, quizá deberías esforzarte un poco más.
Habia algo familiar en él, en lo imponente de su tamaño, en su aroma, definitivamente mi cerebro tenía que estarme jugando una mala broma, porque nunca conocí un tipo más arrogante que él.
Sin darle una respuesta me di la vuelta y ahí a mi cubículo, me refugie en la comodidad de mi silla reclinable y cubrí mi rostro.
Respire profundamente y escribi un largo y detallado mensaje para mi amiga.
para: Ana ❤️
Es un IMBÉCIL, ¿puedes creer que insinuó que no obtuve el puesto porque no me esfuerzo? incluso dijo que no eran exigentes en los requisitos para las contrataciones ya que no se leer Agh, maldito, yo sé que me metí al baño de hombre y puede que lo haya visto orinando, Pero no tiene el derecho de hablarme así.
su respuesta fue casi inmediata.
Ana.
Tienes todas las razón amiga, es un imbécil ¿de quién estamos hablando?
casi solté una carcajada al leer su mensaje, no importa lo que diga o haga ella siempre está ahí para apoyarme y por eso la amo.
para: Ana❤️
El hijo del señor Clark, Henry, ese que me robó el puesto, es el mismo tipo del baño, el imbécil.
— Quizá si pasará menos tiempo en su celular o acosando personas en el baño y más tiempo trabajando, estaría disfrutando del puesto que otros nos robamos.
No tuve que voltear para reconocer esa voz, hacia apenas unos cuantos minutos me había hablado tan cerca que quedó grabada a fuego en mi lóbulo frontal.
Me trague los insultos que quería escupirle a la cara, oculte el puño que quería estamparle justo en el centro del rostro y respondió con las sonrisa más falsa he hipócrita que mi boca podia mostrar.
— ¿Le puedo ayudar en algo señor Clark.? — Dije agitando mis rizadas pestañas.
— El informe sobre el caso del asilo Patricks.
— ¿Perdon?
— ¿Acaso también es sorda señorita? aparte de analfabeta y acosadora.
— Escuche perfectamente lo que dijo, solo quiero una explicación de porque necesita el informe de mi caso.
— Porque así lo deseo, espero el informe en mi oficina en cinco minutos.
— Agh, maldito imbécil. — Murmuré en cuanto se dió la vuelta.
De mala gana tecleo con fuerza en computadora e imprimo una copia del dichoso informe.
¿De verdad tanto le costaba esperar cinco minutos? ¿porque tengo que llevarlo a su oficina?
Lleva escasos treinta minutos en el puesto (que debería de ser mío) y ya estás fastidiando.
—Hola, traigo el informe que pidió el señor clark.— pronunciar su nombre deja un sabor amargo en mi boca, estoy sorprendía de mi misma por mi gran manejo de la ira en este momento.
— Señor Clark, la licenciada Hudson tiene el informe que pidió.— Avisa por el intercomunicador.
— Estoy ocupado, dile que regresé en otro momento.
Abrí la boca lista para escupir un montón de insultos e improperios, los peores que jamás hubiesen existido, después la cerré, la volví a abrir y finalmente me di la vuelta, muy seguramente lanzando humos por los oídos.
En lugar de dirigirme a mi cubículo dirigí mis pasos en otra dirección, hacia el otro hermano Clark, el que no era un imbécil.