Rebecka
—Así que... ¿trabajarás con los abuelos Ackerman?—pregunta Cami mientras lame su paleta de corazón.
Estamos recostadas en una banca, tomando un poco de sol.
Suspiro—Si...
—¡Dios!, te imaginas que en una de esas Alessandro vaya más seguido a casa de sus abuelos...
—Eso no pasará, ambas sabemos que él no va.
Suspira y recarga su cabeza en mi hombro.
—Igual es bueno que trabajes con ellos, necesitan tu ayuda.
Eso era verdad.
Hacia esto nada más por ayudarlos.
*****
Dejamos a Cami en casa y fuimos a la nuestra, como todos los días. Le ordene a Ray que hiciera su tarea y le deje comida. Me puse un jean sencillo, un suéter n***o, amarre mi largo cabello en una coleta alta, metí mis pies en unos converse blancos y crucé la calle hacia mi nuevo trabajo.
Toque la puerta y espere paciente una respuesta.
Segundos después el abuelo Ackerman giró la manija y abrió la puerta, regalándome un adorable sonrisa, de verdad todo el vecindario les tenía mucho respeto a estos señores, eran de lo más bondadoso.
—¡Bienvenida Rebecka!, Amy me dijo que trabajarás para nosotros.
—Si, estoy agradecida por eso.
Sonríe—Pasa, por favor—se hace a un lado.
—Lo único que encargarte de que no olvidemos nuestras medicinas, es todo.
—¿Solo eso? ¿No puedo ayudarlos a limpiar también?
—¡Oh no nena!, no queremos abusar—la voz de la abuela Ackerman se hace presenta al pie de la escalera.
—Al contrario, de verdad me gustaría, me sentiría patética si solo los ayudo con sus medicinas.
La abuela Ackerman suspira—Eres un ángel Becka...
Sonrió.
Casi una hora después, los abuelos Ackerman tomaron sus medicinas y ven televisión, mientras que yo limpio la cocina.
Mi teléfono vibra en el bolsillo trasero de mis vaqueros, lo saco con cuidado y contesto.
Es Camille.
—Hola nena, ¿qué tal el trabajo?
—Sumamente agradable.
—Aún no creo que mi mejor amiga es la niñera de los abuelos Ackerman.
Sonrió—No soy su niñera, solo los ayudo y limpio un poco su casa.
—¿Entonces ama de llaves?
—Tómalo como una amiga dándoles atención.
—Como sea, mamá insiste en que vengas a cenar, te quiere exprimir como un barrito.
—¿Qué quiere saber exactamente?
—Todo sobre la fiesta al final del verano.
—¿Dónde te emborrachaste y cantaste canciones vergonzosas?
—Si, solo a pesar de su horrible interrogatorio, no digas nada.
—Me sorprende que tengas que recordármelo, jamás digo nada.
—De acuerdo, te veré esta noche.
—Si...—cuelgo.
Continuó limpiando, después me uno a ver televisión con los abuelos, hasta que es hora de irme.
La abuela Ackerman me paga el día y me dice que está feliz por que este con ellos.
Corro a mi casa, me doy una ducha en tiempo récord y me pongo unos mom jeans, un poco más grandes y cómodos, un top sencillo por que hace algo de calor y unos tenis. Mi cabello lo dejo libre, camino hacia la habitación de Ray y toco la puerta.
—Pasa...—lo escuchó gritar.
Abro la puerta.
—Iré a casa de Cami, ¿quieres venir y jugar con Caleb?
Caleb es el hermanito de Cami, y un año mayor que Ray, son compañeros de clase.
—De acuerdo—se encoge de hombros.
Espero a que esté listo y salimos rumbo a casa de Camille.
—¿Tienes nuevo trabajo?—pregunta mi hermanito.
—De hecho si... hoy comencé a trabajar con los abuelos Ackerman.
—¿Y la heladería?
—Ya no era para mi...
—Bueno, por lo menos ya no me tendrá que cuidar Lisa.
—¿Que hay de malo con ella?
—Se la pasaba hablando con su novio, todo el día—confiesa.
Suspiro.
Aparcamos en casa de Camille, y inmediatamente veo aquella casa, recordando aquel día que nos encontramos tantas veces, definitivamente fue mi día de suerte.
Mi hermano baja del auto, yo hago lo mismo, cierro la puerta y le pongo seguro al auto. Comienzo a caminar pero un gran ruido me hace detenerme, por que conozco de que se trata.
La gran puerta negra se abre lentamente, me quedo estática en mi lugar, mientras veo avanzar una de las camionetas, sale a la calle y el portón se cierra, la camioneta avanza muy lentamente, respiro hondo, tratando de ahogar mis nervios cuando pasa juntos frente a mi, y después arranca y desaparece muy rápido de mi vista.
—¡Becka!—la voz de la madre de Cami, me hace reaccionar.
Sonrió y comienzo a caminar hacia ella, me abraza y besa mi mejilla.
—¿Todo bien cariño?
Asiento.
—Bueno, entra, la cena casi está lista.
Le hago caso.
Luna, la madre de Cami, siempre ha sido una madre para mi también. Conozco a su hija desde los 6 años, cuando nos mudamos aquí, mamá siempre está a ausente, pero Luna me dio un lugar en su familia y en su casa, siempre ha sido dulce, y me aconseja. Cuando Ray llegó, hizo exactamente lo mismo, me ayudaba cuando se enfermaba y mamá no estaba cerca.
Siempre ha sido una verdadera madre.
El olor a comida inunda el ambiente cuando entro, la casa de la familia Garber es dos veces más grande que la mía, hermosa y rústica.
Veo a Caleb y a Ray bajar las escaleras a toda velocidad, Caleb al verme besa mi mejilla y se sonroja.
—Sigo esperando a que a mi hermano se le pase el enamoramiento por ti—mi mejor amiga aparece unos minutos después.
—Llevamos 10 años esperándolo—bromeó.
—¿Qué tal los abuelos?
—Al final estuvo bien, ellos son adorables.
—¿Te sientes cómoda?
—Si—murmuró—Más que nada por que los conozco.
—¡La cena esta lista!—grita Luna desde la cocina.
Cami y yo compartimos miradas de complicidad, por que sabemos que no podemos hacerla esperar.
Camino a la cocina, veo a Tere la ama de llaves, paso por su lado y beso su mejilla, la conozco desde niña.
—Becka...me alegra tanto verte, hace tiempo que no pasabas por aquí.
—Lo sé, la escuela, pero ya volví—murmuro mientras me enjabono las manos.
—La cena está servida—vuelve a gritar Luna.
—Será mejor que vaya, odia cuando desobedecemos.
Tere sonríe, seco mis húmedas manos y me siento en la gran mesa. La deliciosa cena está frente a nosotros, pollo con verduras y sopa, Luna cocina de maravilla, y siempre se encarga de cada comida.
—Hicimos tu postre favorito.
—¿Pay de fresas?
Sonríe y asiente—Pero, quiero que se acaben la cena.
Todos asentimos rápidamente y comenzamos a cenar, la puerta principal se cierra y unos segundos después aparece el señor Garber, sonríe al vernos a todos juntos. Besa a su esposa, pasa por nuestro lugar y nos da un beso en la frente a cada uno. Y si, él ha sido el papá que nunca conocí.
—Me alegra tenerlos de nuevo aquí—sonríe.
—Ya los echábamos de menos...
—Nosotros también, tenías histérica a mi esposa, quería saber de ti, estaba preocupada.
Sonrió—Estoy bien...
—Sabes que me gusta estar al pendiente de ustedes, y el otro día pase por la heladería...
Suspiro—Si, renuncie.
—¿Te hicieron daño?—pregunta Lion, el padre de Cami.
—No, solo me canse de que mi jefe fuera un pesado—confieso mientras tomo un brócoli y lo dirijo a mi boca.
—Bueno nena, fue lo mejor—consuela Cami.
—¿Conseguirás un nuevo empleo?, puedo ayudarte con eso—se ofrece Lion.
—No, de hecho, ya tengo uno.
—¡Eso es genia!, ¿de qué es?
Carraspeo—Yo cuido a los abuelos Ackerman...
Todos se quedan callados. Bueno, no es como que los Ackerman y los Garber se lleven bien, en realidad, se rumorea que son enemigos, jamás me he atrevido a preguntar.
—¿A los abuelos Ackerman?
—Si... el abuelo sufrió un accidente y ya no pueden estar solos, me encargó de darles sus medicinas y limpiar un poco.
—Bueno, no suena mal, por lo menos estas cerca de Ray, sabes que siempre puedes dejarlo aquí.
—Si, lo sé, gracias Luna...
—Solo ten cuidado linda, esa familia es rara—me sonríe.
Es la segunda persona que me lo dice.
Termino la noche con una rebanada de pay de fresa, realmente lo amo...
Luna y Lion, insistieron en que nos quedáramos, Cami me acompaño por ropa a casa y ahora estamos arropadas en su inmensa habitación.
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