La doctora Carmen estaba en su escritorio terminando de llenar el informe de su último paciente cuando la hora dio exacta para dejar entrar al siguiente y último del día. Dejó el lapicero sobre el escritorio y salió al pasillo del hospital para luego abrir la puerta de su consultorio y encontrarse, con una sonrisa en el rostro, a sus dos hermanos favoritos:
– Thomas, es tu turno –dijo suavemente mirando al muchacho de veinticuatro años, alto, bien parecido, de complexión delgada pero con buena alimentación y ejercicio. Era en definitiva un chico bendecido en apariencia más no en la vida.
Thomas le dio una palmada en el muslo a su hermano adoptivo y se dirigió al consultorio de su psicóloga desde hace cinco años. Luego de que el muchacho pasara, la doctora Carmen le dio una sonrisa a Clay y diciéndole que saldrían en cinco minutos cerró la puerta.
Thomas desde que tiene memoria ha sido un chico abusado física y mentalmente por la mujer a la que creía su madre. Fue víctima del síndrome Munchausen por poderes, inculcado por la misma persona que lo secuestró y apartó de su familia biológica, la psicópata Julia Fuller. Esta mujer le hacía creer a diario que no podría hacer nada sin ella, además de que lo “castigaba” si él llegaba a desobedecerla.
Sus castigos no eran físicos sino mentales, cómo por ejemplo: pintar patrones específicos de círculos y pequeños rectángulos en las paredes sabiendo que Thomas es tripofóbico (miedo o desagrado hacia los círculos o patrones), o aveces colocaba espejos en los pasillos por su eisoptrofobia (miedo irracional a los espejos o a ver algo terrorífico en ellos). Pero todo cambió para Thomas cuando conoció a Clay en la escuela secundaria “Lincoln High School”. El segundo se hizo su amigo a pesar de las insistencias (y amenazas) de Julia para que se alejara, pero fue Clay al final quién descubrió el oscuro secreto de esta mujer y él único que corrió a socorrer a Thomas antes de que una psicótica le arrancara el corazón.
Thomas ha formado parte de la familia Colt desde los doce años cuando Clay lo trajo en una carretilla desde la casa de Julia, salvándole la vida. Al principio se mostró tímido y asustadizo, se exaltaba con cualquier sonido y siempre iba a esconderse a su habitación cuando algún extraño los visitaba. Nadie a su alrededor (a excepción de los Colt) le inspiraba ninguna confianza pero, según su ex psicóloga, era normal pues estaba empezando a experimentar los primeros síntomas del “estrés post traumático” por lo que recomendó que le buscaran ayuda más profesional que la suya, es decir un psiquiatra.
Thomas tardó seis meses en acostumbrarse a los Colt y darse cuenta de que ellos querían ayudarlo criándolo como a su hijo. Lo habían recibido en su casa, lo habían alimentado, vestido, enviado a terapia y a la escuela. Habían comprado todas las medicinas que necesitaba e incluso lo inscribieron en el equipo de futbol cuando él demostró tener interés en el deporte.
Finalmente, luego de nueve meses, toda la familia decidió hacerlo oficial y adoptarlo, fue ahí cuando se vio una mejoría notable en Thomas. Su TEPT (Trastorno de Estrés Post Traumático) fue pasando con el tiempo. Thomas iba a terapia, tomaba sus pastillas: sertralina y paroxetina para aliviar sus problemas de ansiedad, y sobre todo su nueva familia lo hacía sentir a salvo y querido.
Empezó a recuperar su sonrisa y su confianza en las personas, incluso llegó a tener uno que otro amigo en la escuela, también le gustaba dibujar y hacer deportes. Y hablando de deportes, se convirtió en un muy buen jugador de futbol parte de la liga junior de la escuela, su familia nunca se perdió un partido.
El futbol lo hacía sentir feliz e importantre, hasta que perdieron un partido “por su culpa”. La verdad solo fue un gol que no logró anotar, pero la decepción de su equipo, de su entrenador y de todos los que vieron el partido fue suficiente para que su frágil y recién adquirida estabilidad emocional se tambaleara y amenazara con derrumbarse más de una vez.
Y como si eso fuese poco, empezaron a hacerle bullying en la escuela por ser un niño medicado, un “rarito”. Empezaron con burlas y comentarios fuera de lugar, a lo que Thomas tan sólo decidió ignorarlos. Pero un día, todo se salió de control cuando uno de esos niños tomó sus pastillas y las escondió. Thomas, al no verlas donde siempre las dejaba, le dio un ataque de ansiedad preguntándose ¿dónde estarían?, por lo que corrió al baño y se encerró en este para luego sacar su celular y enviarle un texto a sus padres diciendo que les agradecía todo lo que habían hecho por él hasta ese momento, pero él se “iría”.
Jeff y Sam llegaron a la escuela desesperados buscando a su hijo, creyendo que él se “iría” literalmente, es decir: “saldría” de la escuela y se perdería, pero en realidad, lo encontraron quince minutos después en el baño con cortaduras en sus muñecas. Llevaron al niño a urgencias de inmediato y por suerte ninguna de las cortadas que tenía era profunda, pero era más que obvio lo que intentó hacer.
Inmediatamente lo sacaron de esa escuela y lo pusieron en una escuela para niños especiales, a sugerencia de su psiquiatra claro. Allí, Thomas acabó la escuela secundaria más tranquilamente y además, conoció al amor de su vida. Ahora estudia literatura en la universidad “Charleston” en Reno, Nevada, junto con su novia, su mejor amigo (quién también debería visitar al psicólogo) su hermano Clay y su ex novia, pero de ella hablaremos después.
– Entonces Thomas, ¿cómo has estado? –preguntó la doctora Carmen Aguilar una vez que Thomas tomó asiento.
Thomas ha visto a la doctora Aguilar desde los diecinueve años, que fue cuando su antigua psiquiatra le recomendó ver a un especialista en adultos. Carmen, es una persona dulce, animada y siempre tiene una sonrisa en el rostro. Su carácter apacible y su paciencia para escuchar le dan a Thomas total seguridad para abrirse con ella, además de que su método, aunque no sea ortodoxo, es muy efectivo. No hay nada que Thomas Colt le oculte a su psiquiatra y gracias a ella, él siente que mejora con cada sesión.
Durante sus sesiones suelen hablar de muchas cosas, por ejemplo: Carmen sabe que Thomas tiene una gran personalidad. La mayoría del tiempo es inocente, tierno y algo tímido, es verdad, pero cuando entra en confianza le gusta hacer chistes, comentar sobre cualquier tema de su interés e incluso se vuelve un poco más gracioso y humorístico. Cuando tuvo un ataque de depresión recientemente o algo le está ocultando, Carmen ya lo sabe, pues se vuelve cerrado y cortante, casi no habla y no la mira a los ojos, pero cuando esto pasa, la doctora ya sabe cómo romper su caparazón: canciones y grupos de rock clásico.
A Thomas le encanta el rock de los 70’s y 80’s, dice que puede identificarse con la letra de muchas canciones, así que cuando el muchacho se encierra en sí mismo y no quiere hablar, ella pone una de sus canciones favoritas cómo: “Starway to Heaven”, “Back in Black”, “Sweet Cherry Pie” o su primera opción en todas sus playlist: “Carry on, my wayward son”
Thomas y Carmen llevan una buena relación como doctora y paciente, podría decirse que son bastante unidos. Quizás más que paciente y doctor son como dos amigos reunidos en una plaza hablando de todo y de nada. Thomas siente que puede desahogarse con ella, pues Carmen jamás lo ha juzgado por nada, es muy comprensiva y a diferencia de muchas personas, ella nunca lo ha mirado con lástima o asco, en cambio diría que se encanta de verlo, al igual que él con ella... y ella a cambio solo le pide su completa atención pasando un tiempo a solas en su consultorio, ¡es maravilloso!
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A Clay le gusta acompañar a Thomas a sus sesiones de terapia, pues considera que el consultorio de la doctora Aguilar es bastante silencioso, a excepción de la música que a veces ella pone en su oficina para calmar a Thomas, un poco alta para su gusto pero es por su hermno. Y así mientras su hermano (y mejor amigo) pone su mente en orden, él puede aprovechar y terminar trabajos escritos de la universidad o estudiar para algún examen.
¡Por la santa madre de Dios! Éste apenas es su primer año de universidad ¿y ya le están mandando cinco trabajos por semana?. Algo que sin duda Clay agradece es que Thomas y él hayan entrado a la universidad tarde. Mientras que otros entran a la universidad de diecisiete o dieciocho años, ellos dos entraron a los veinte, ¿Por qué? bueno, les dijeron a sus padres que querían tiempo para escoger una buena universidad que diera la especialidad que ellos querían, pero la verdad era mentira, solo querían descansar dos años de las tareas, los profesores y de levantarse temprano a diario. Ni idea de cómo pero cumplieron su cometido.
Sin embargo se dice que todo lo que se nos da tarde o temprano debemos pagarlo y eso es justo lo que está pasando con Clay y su ola de trabajos en el hogar. Aunque ya bien nadie dijo que ser ingeniero civil fuese cosa fácil.
Mientras tecleaba en su laptop miró el pequeño reloj electrónico de veinticuatro horas en su barra de herramientas y se dio cuenta de que ya había pasado media hora, por lo que ya deberían estar a punto de salir ya que cada sesión duraba entre veinte y treinta minutos.
Dicho y hecho, la puerta del consultorio se abrió y reveló a Thomas despidiéndose de su psiquiatra. Realmente la puerta del consultorio no está en frente de las sillas donde todos los pacientes esperan, está unos dos metros más allá, por eso el lugar es tan silencioso. Una vez Clay le preguntó a la doctora por ello y ella le respondió que "no quería que nadie escuchara sus conversaciones privadas con sus pacientes" lo cual le pareció totalmente entendible.
–Clay cerró la laptop y se levantó de la silla para acercarse a su hermano y su psiquiatra– hola, ¿todo bien? –preguntó a la doctora con una sonrisa tierna.
– Sí, nuestro Thomas sigue avanzando –respondió la doctora para mirar al muchacho con una sonrisa de orgullo– buenas calificaciones, se esfuerza mucho, sigue tomando sus medicamentos y quiero decirte lo orgullosa que me siento de que hayas iniciado una relación –dijo esta vez dirigiéndose solo a Thomas– primero tu cactus, luego tu gato, luego tu mejor amigo y ahora tienes novia. Estás siguiendo la escala que te dije y estoy súper orgullosa de ti Thomas.
– Gracias –dijo Thomas con la misma sonrisa alegre.
– Excelente, entonces, supongo que nos veremos la próxima semana –dijo Clay con buen ánimo.
– Así es. Próxima semana, misma hora –les dijo a ambos con tono autoritario pero bromeando antes de sacar una sonrisa y meterse a su consultorio cerrando la puerta tras de sí.
Los dos hermanos Colt iban caminando por la acera del hospital de vuelta a casa cuando Clay decidió cortar por el parque por dos motivos, A: la sombra de los árboles les darían sombra en un día tan soleado como ese. Y B: quería comprar un helado para él y su hermano. Clay odiaba que el helado se le derritiera en la mano y que el preciado líquido corriera por todo su puño embarrándolo, pero tampoco se esforzaba por evitar que esto pasara, ya que siempre se tomaba su tiempo para disfrutar de este frío postre.
– Pareces un niño pequeño –se burló Thomas viendo a Clay batallando con su helado que se derretía al sol.
– Déjame en paz –protestó Clay mientras lamía su puño y Thomas lo veía con diversión y un poco de asco– entonces –dijo limpiando algo de su desastre con una servilleta– ¿qué te dijo la psiquiatra?
– Tú la escuchaste –respondió Thomas lamiendo las orillas de su cono para no crear un desastre igual al de Clay– estoy progresando al tener una relación. Cree que es un gran paso, que me estoy abriendo más a las personas.
– Bueno –dijo Clay alzando un poco las cejas antes de decir– no es tu primera relación –y siguió comiendo su “desastre” llamado “helado”.
–Thomas tomó una pequeña respiración y sin perder el buen humor le dijo– pensé que ya no mencionaríamos los errores del pasado.
– ¿Errores? –preguntó Clay alzando una ceja inquisitiva pero con una sonrisa de diversión– ¿“ella” fue un error? Porqué, y siento decirlo, sonreías más cuando estabas con Alina que ahora estando con Megan.
– No estaba listo para una relación en ese entonces –respondió Thomas bajando un poco la mirada.
– ¿Y ahora sí? –preguntó Clay con cierta ironía.
– Se supone que el paciente hace un proceso primero –respondió Thomas casi como una protesta– primero su psicólogo lo pone a cuidar de una planta, luego de una mascota, luego de un pariente, un ser querido o un amigo y entonces, de último, vienen las relaciones amorosas.
– Okey –dijo Clay alzando los brazos a modo de decir que se rendía– yo solo digo que te veo igual de calificado para tener una relación que hace cinco años con Alina –dijo y quiso seguir comiendo su helado cuando se le vino a la cabeza una pregunta importante– y otra cosa: si todo lo que tenías que hacer antes de tener una relación “formal”… –dijo haciendo comillas en el aire– era seguir un procedimiento y luego entonces tener novia, ¿por qué no le dijiste a Alina que te esperara?
–Como Thomas no poseía ninguna respuesta concreta para ello, decidió bromear un poco– no habría historia de amor.
– Hablo en serio –le dijo Clay sonriendo por la broma.
– No lo sé, yo no… –dijo e hizo una pequeña pausa para pensarlo– no quería hacerle eso a ella.
– ¿No querías hacerle eso a ella? –preguntó Clay con cierta ironía otra vez, a lo que Thomas se encogió de hombros– ahora, gracias a ti, ella está con el patán de Matt, ¿tampoco querías hacerle eso a ella?
– Las decisiones que ella tome no me conciernen –dijo Thomas tratando de quitarle importancia.
– Pero tus decisiones sí son asunto tuyo –dijo Clay casi como un reclamo– y déjame decirte que fueron malas –dijo y se adelantó en el camino hacia la salida del parque.
– ¡Gracias por hacerme sentir bien! –gritó Thomas para que Clay (y las personas alrededor en el parque) pudieran escucharlo y luego se adelantó junto con su hermano.