El Fantasma de Collinstown

1928 Words
Collinstown es un pueblo pequeño situado al sur de Miami en Florida. Inaugurado al inicio de 1764 cuando su primer alcalde, Theodore Collins, se levantó contra el gobernador exigiendo un trato justo para el pueblo y sus habitantes de clase baja. Cómo el gobernador no le dio mayor crédito, este se levantó en armas con varios de sus más fieles amigos y lucharon por su libertad ganando un trozo de tierra solo para ellos, al cual ellos llamaron "Collinstown" en honor al hombre que los impulsó a la libertad. Con el tiempo se hicieron importantes para la pequeña ciudad, llegando incluso a amasar una pequeña fortuna, pero lamentablemente el tiempo siguió pasando junto con los años y las décadas, y con estos la familia Collins. Todos los descendientes de Theodore quedaron en el olvido hasta el año de 1969, que fue cuando Charles Jean Collins "CJ", tátara bisnieto de Theodore Collins, inauguró un club de fanáticos de las motocicletas Harley, un "MC" totalmente legal y dedicado a la hermandad y confianza que él y sus compañeros de batallón sintieron cuando sirvieron al ejército de los Estados Unidos en Vietnam. La vida de CJ era muy buena. En Collinstown se enamoró de la joven hija del reverendo Kellan, a la cual terminó embarazando y por ende, casándose con ella. Siete meses después de la boda nació su primer bebé: Troy Martin Collins, un niño al que su padre amaba con todo el corazón. Pero la felicidad, desgraciadamente, no fue eterna. CJ cometió la equivocación de meter en su club a un tipo frío y ambicioso, el cual acabó por destruir toda su visión de hermandad y confianza para convertirla en una red de negocios ilegales, además de que gracias a su extorsión, miedo, sobornos a la policía y las "comisiones" que les pedían a los dueños de los negocios terminaron por hacerse con la ciudad. Todo el mundo sabía que los Collins habían vuelto a ser jefes de Collinstown, solo que esta vez fuera de la ley. A CJ le fascinaba ser "el rey de Collinstown" cómo los civiles lo llamaban, pero no dejaba de preguntarse: ¿cuál sería el precio de ello? Hasta que finalmente lo descubrió: la sangre, la violencia y las mentiras acabaron por destruir, no solo su club, sino también lo que él era. Y por si eso fuera poco, seis años después de que él llegara a la conclusión de que se hallaba perdido, su segundo hijo fue secuestrado estando bajo su cuidado, todo por ir a escuchar que "Los Ángeles Caídos se habían movido a California". ¿Acaso esa noticia valía el haber perdido a su hijo? ¿Lo justificaba siquiera? No, nada valía o justificaba el haberse descuidado y haber dejado que se llevaran a su bebé, además de haber dejado a su primogénito de seis años expuesto. Todo ello sumió a CJ en una profunda depresión y rabia, pero su suplicio no terminaría allí. Su control se vio perdido cuando halló a otro hombre en la cama con su esposa mientras el hijo de ambos estaba en la escuela y él, supuestamente, se quedaría hasta tarde en el club. CJ perdió el control al instante, y luego de golpearlo a él y a ella acabó por salir de su casa, tomar su moto y hacer un viaje por carretera, del cual jamás volvió, al menos no de una forma que contara. Su siguiente movida fue solicitar el divorcio y dedicarse de lleno al club, olvidándose completamente de la familia que él sentía, había perdido. Se entregó de lleno a la violencia, a las mentiras y a la sangre, a tal punto que sus propios hermanos le temían y no confiaban en él. Ninguno lo admitiría en voz alta jamás (mucho menos estando Troy cerca), pero fue una tragedia y un alivio que CJ finalmente decidiera matarse. Pero, ¿qué tal si eso no fue lo que realmente sucedió? ¿Qué tal si hay algo que no nos están contando? Solo se sabe que Troy en cuanto volvió a Collinstown se convirtió (a petición de su madre) en un m*****o oficial del club y posteriormente en el V. presidente, es decir: "el príncipe de Collinstown". Fue él quien despertó la conciencia del viejo Connor y logró hacer que éste se alejara de ciertos negocios que los ponían en riesgo de muerte y libertad. Y así, lento pero seguro, su club se fue haciendo un poco más legal. . Troy, luego de la reunión para checar el almacén quemado, regresó a la casa club donde se encontraba el resto del MC trabajando en el negocio que servía de tapadera: un taller de automotor llamado "Silver Machine". Aparcó la moto en su lugar y entró al club para entonces acercarse a Chip, uno de los miembros más viejos y amigo fraterno de su difunto padre. Al acercarse vio que el novato estaba con él. – ¡Chip! –saludó Troy mientras se acercaba a él. – Hola, T –devolvió el viejo el saludo dándole también un apretón de manos. – ¿Cómo vamos aquí? –preguntó Troy en cuánto al novato. – Trabajador, pero habla como cotorra –afirmó el viejo Chip, a lo que Troy le dio una malévola sonrisa para luego acercarse al novato. – ¡Oye, "dos dedos"! –Gritó refiriéndose al joven no mayor de veintitrés años– ¡ven acá! –Ordenó y el chico fue enseguida– Tanner volvió a atascar el baño. – Okey, ¿entonces yo lo...? –preguntó el chico solo para estar seguro. – Desatascas –dijo Troy confirmando la orden y antes de que él novato se fuera agregó– y cuándo estés ahí dentro... mantén la boca cerrada –dijo Troy y le dio una palmada en el pecho. El novato, al comprender lo que le quiso decir, tan sólo asintió y fue a hacer lo dicho. Troy, por su parte, se burlaba de él por lo bajo, le gustaba ser el cancerbero de los "prospectos", los chicos que aspiraban a entrar en el club. Algunos de ellos lo llamaban "Hades" o directamente "Lucifer". Chip, al ver que ya había comenzado con su tarea de atormentar a los "más vulnerables" en su círculo social, lo tomó del hombro y se lo llevó a otra parte para conversar antes de que salieran sus pequeños cuernos. – ¿Qué demonios pasó? –preguntó Chip. – Los AC quemaron el almacén –contestó Troy– y se robaron las Marc-5 de los Carlisle. – Rayos –dijo Chip– eso es malo. – Dímelo a mí. Connor va a reunirse hoy con el tío Mikey para ganar tiempo. – Los Carlisle ya habían pagado por esa mercancia –dijo Chip. – ¿Por qué crees que Connor llamó a Mikey? –preguntó Troy– quiere evitar que pidan un "reembolso" –en eso el teléfono de Troy empezó a sonar, contestó la llamada y al otro lado escuchó la voz de su madre, Gwen Collins– hola, mamá –contestó con tono alegre. – Necesito que vayas a mí cochera a sacar unas cosas –dijo Gwen en llamada desde su auto– puedes quedarte con algunas si quieres. – ¿Sabes? cuando uno dice "hola" lo que espera escuchar es otro "hola" de vuelta –respondió su hijo jugando. – "Hola, Troy" –respondió Gwen siguiéndole el juego a su hijo– ¿lo harás? –preguntó mientras fumaba un cigarrillo y conducía. – Sí, está bien –respondió y volteó justo a tiempo hacia el baño para ver el novato con un destapa caños y algo de miedo de entrar. – También quiero hacer una cena ésta noche, ¿vendrás?. Compraré de la carne que te gusta. – Sí, claro –respondió Troy. – Trae a Chip y convence a tu padre de venir –dijo Gwen refiriéndose a su actual esposo, el padrastro de Troy– no podrá escapar de mí mucho tiempo. – Conn estará ocupado por ahora pero, veré qué le digo para convencerlo –dijo Troy y le hizo señas al novato de que afrontara su inminente destino mientras éste por poco le rogaba con la mirada. – Ese es mi chico –le dijo su madre al teléfono– ¡ah! y trae al chico nuevo también, quiero conocerlo. – No sé si esté listo para algo sólido por ahora –dijo Troy disfrutando ser el verdugo de todos los novatos del club. – ¿Qué? –preguntó Gwen. – Qué sí lo llevaré –corrigió Troy empezando a caminar hasta la barra– por cierto, ¿has sabido algo de Sarah?. Dijo que tenía algo importante que decirme hoy pero cuando desperté ya se había ido. – Honestamente no sabía que seguías con ella –dijo Gwen casi sin interés. – Mamá –reprendió el muchacho con tono cansado, su madre bufó. – ¿Y por qué no la llamas? – Tiene el teléfono apagado, por eso te pregunté si la has visto. – ¿Verla? –soltó con tono irónico– ella nunca va a la casa club, ni siquiera pasa por el taller. – Se está adaptando a su nueva vida –Troy, como el caballero que es, saltó a defender a su novia– dale tiempo. – Han pasado tres años, Troy. Creo que ya fue suficiente tiempo para que se diera cuenta de su situación actual –el comentario de su madre le dio a Troy una brillante idea. – Bien, la llevaré a ella a cenar también –dijo y como no obtuvo respuesta siguió– así podrá adaptarse a su "situación actual". – Ya que –fue todo lo que su madre respondió. – No seas amargada o te vas a arrugar –dijo Troy bromeando. – Vuelve a decir eso y te jalaré de las orejas hasta tu cuarto. Sabes que aún puedo hacerlo –le dijo Gwen antes de cortar la llamada. – Yo también te amo, mami –dijo Troy cerrando su celular. . Sarah Teller, la novia de Troy, se encontraba perdida y con el teléfono apagado porque estaba en una cita. Así es, había estado queriendo verlo desde hace un par de semanas y ahora se oculta de Troy por eso mismo, porque tiene un pequeño secreto que no quiere contarle, al menos no aún, y para eso es la cita, para hacerlo oficial. – Bien, señorita Teller –dijo su doctor sentándose en el escritorio frente a ella– como le dije por teléfono ya tengo los resultados de sus exámenes. No tiene nada de que preocuparse usted no está enferma. – Pero he tenido mareos, náuseas, debilidad, ayer por poco me desmayo en el trabajo –dijo Sarah con preocupación. – ¿Ha tenido apetito también? –preguntó su médico– ¿más de lo usual? – Sí, últimamente, creo –su doctor asintió con la cabeza. – Hay un último examen que podríamos probar, si usted está de acuerdo –propuso. – ¿Cuál? – Una prueba de embarazo –dijo y ella rió sin gracia. – No, imposible. Mi novio y yo... no ha pasado nada desde hace semanas, además tengo las pastillas –dijo ella. – Bueno, solo le diré que no siempre esas pastillas son efectivas y los síntomas del embarazo empiezan a manifestarse a partir de las tres semanas –dijo el doctor. Sarah, solo para salir de dudas, decidió hacerse la prueba de embarazo. Sin embargo, a la semana siguiente se llevaría la sorpresa de su vida.
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