Mikhail Leo y yo comimos mientras platicamos nuestro primer movimiento para recuperar mis empresas, todo debía salir perfectos. O al menos eso esperábamos, porque nadie nos preparó para lo que pudiera pasar. El sonido fue tan repentino que ambos levantamos la mirada, Leo tomó su celular sin pensarlo dos veces, pero en cuanto vio el nombre en la pantalla, su rostro cambió. Su expresión pasó del alivio a la alarma absoluta. —¿Mía? —preguntó con voz tensa. Yo lo observé en silencio, él tono de su voz me puso en alerta, y me levanté de inmediato. —¿Qué pasó? —volví a preguntar, pero Leo levantó una mano, pidiendo silencio mientras escuchaba. Su rostro se descompuso por completo. —¿Cómo que un accidente?… ¿Dónde están? ¿Están heridos? —preguntó con desesperación. Se alejó unos paso

