Mikhail El murmullo de la oficina aún vibraba en mis oídos cuando vi a Sofía desaparecer por el pasillo, llevando mi saco sobre los hombros. Anastasia seguía de pie, intentando fingir sorpresa por lo que había hecho, Maxim, mientras tanto, permanecía observando todo desde lejos con esa expresión soberbia que tanto detestaba. Maxim había mirado a Sofia de una manera que no me había gustado en lo absoluto, sabia perfectamente que esa mirada era de deseo y sabia de lo que era capaz mi padre, pero podría olvidarse de ella, porque jamás permitiría que él se acercara a ella. Tome el brazo de Anastasia y caminé de regreso a la sala, cerré la puerta tras de mí y apoyé ambas manos en la mesa mientras miraba con furia a mi padre y a esa mujer. —¿Alguien puede explicarme qué clase de circo prete

