El vínculo que Xanthe había formado con Aeschylus era algo que la impresionaba pues ni siquiera con Miltiades lo tenía y él era la única persona a la que había sido tan unida desde pequeña. Lo cual solo la hacía entender que Aeschylus, un simple peltastas, como diría su padre era importante para ella. Él la observa bajo sus tupidas pestañas rubias con una intensidad que la estaba poniendo nerviosa. Su corazón se aceleró ante la visible cercanía en la que estaban y fue mucho peor cuando sintió su cálida respiración en la cara. Xanthe pudo sentir como su corazón saltaba de repente. Como si no notara lo que estaba causándole con su presencia, Asch alzó la mano para colocar su cabello detrás de su oreja sin apartar en ningún momento sus orbes azules de su rostro, tal y como si quisiera que

