El cielo estaba tan gris como si fuese un anuncio de los dioses, las gotas de lluvia amenazando por caer y fecundar las tierras arenosas. Ahora unos frente a otros comenzando con un fuerte grito de guerra, sin temor provocando al contrario, flechas van y flechas vienen así como las lanzas y la parca y las keres regocijadas por el poco tacto. Fue Damjan de Macedonia quien recio y formidable atacó al fiero Espartano que resultó tendido en el pringoso suelo degollado con los ojos carentes de vida, el soldado ni siquiera había tenido tiempo de sufrir sin embargo el infausto que blandía su espada sin apartar su mirada del cádaver había visto el miedo cruzar por sus fracciones antes del último soplo de vida. Nadie tenía el corazón tan débil como para dejar de pelear y perdonar la vida del más

