VI

1423 Words
Esa noche acamparon cerca de sus enemigos sin embargo sabían que no estarían expuestos a una emboscada aun así se quedarían varios despiertos vigilando, por suerte al llegar junto con la reina Mirina Miltiades habló con ella, para Xanthe era muy raro ver que alguna amazona dialogara con un hombre y aún más que aceptara luchar junto a los de su grupo pero por alguna razón ella había dicho sí rápidamente. La princesa los miró a ambos con sospecha hasta que los ojos electrizantes de Mirina se posaron en Xanthe y seguidamente Miltiades desvió la mirada hasta ella con duda esculpida en sus fracciones, duda que ella sabría que representaría problemas. Xan se tensó al verlo levantarse del lado de la reina de las amazonas y encaminarse erguido hasta donde estaba su persona, él se cruzó de brazos posando sus ojos en el cielo oscuro sin luna pero luego de un par de segundos dejó escapar el aire de sus pulmones, ella se lo esperaba no obstante no contuvo el revoloteo indiscreto de sus ojos pues lo que vendría a continuación la molestaría. — ¿Estás segura de esto Xanthe? La nombrada palpó la preocupación dentro de su pregunta sin embargo ella estaba cansada de ser tratada como una niña por Miltiades, adoraba su preocupación porque sabía que se debía a su interés por cuidarla, su forma de demostrarle que le quería pero a veces se sentía cansada de su tediosa actitud. Desde luego él ya sabría la respuesta, Xanthe no era como las mujeres nobles que la rodeaban, no estaba acostumbrada a desistir y tampoco lo haría, estaba casi segura que su segundo nombre sería ''terca'' en vez de Demostrate. —Ya sabes la respuesta. Se limitó a decir la castaña. Sin más preámbulos Xanthe se levantó del tronco donde estaba sentada y le dio la espalda al trierarca caminando hasta su tienda sintiendo los pasos de él detrás de ella. —Ya puedo verlos, sus cabezas doradas hirviendo de furia, esperando a por nosotros, por matarnos Xanthe, los espartanos no juegan y si se dan cuenta de que eres una mujer...te violarían. El temblor en su voz secundó sus palabras y Xanthe no lo dudó en ningún momento sin embargo defendería su postura con contundencia, quería ser parte de esto y así lo sería. La vida estaba llena de riesgos y Xanthe Demostrate no era ninguna cobarde. —No flaquearé, venceremos, sino...enfrentaré las consecuencias. —Xanthe –la nombró con cierto desasosiego. Rápidamente Xanthe se giró a verlo, lo entendía pero era él quien debería entenderla a ella, era su decisión, si no iba a gobernar Macedonia por lo menos haría algo por ella, por su tierra que la vio nacer. —Parece que el miedoso eres tú, Miltiades, retrocede, descansa pues mañana tendremos un largo día. Él no pudo hacer nada más que asentir con la cabeza, después de todo Xanthe era su princesa y él no era más que un subordinado, se dio la vuelta y se marchó hasta su propia tienda con la vista de Xanthe pegada a su espalda. Pronto ella misma se dio cuenta que ambos habían sido el centro de atención sin saberlo entonces se ruborizó ante las miradas curiosas de todos, luego suspiró aliviada dándose cuenta de que ellos no podrían oírlos por más que quisieran lo que significaba que su secreto seguiría a salvo por más tiempo. — ¿Qué pasa? ¡Sigan en lo suyo! En seguida entró en sus aposentos acostándose en su lecho sin sacarse aun el kranos, no acostumbraba a hacerlo hasta que no sintiera ni un solo ruido fuera de su tienda por seguridad, no se arriesgaría a ser descubierta tan pronto. Dejó escapar un suspiro de cansancio frotando sus ojos a través del kranos rogando en silencio a los dioses que le concedieran que todos fueran a dormir, odiaba el maldito krános pero era necesario de otra manera no lo llevaría, si se mostraba ante ellos como la princesa Xanthe perdería su real respeto y la cuidarían como a una niña y sencillamente no estaba dispuesta a eso, había escapado de su padre por la guerra y no se iría sin luchar. —Nadie ha escuchado nada pero ¿No te parece raro que el trierarca Miltiades, obedezca diligentemente las demandas de un trierarca nuevo? Es para pensarlo –acotó Methodius—, no me fío de Hilarion, es jodidamente raro, por más destrozada que esté su cara ¿Por qué insiste en taparla con su Kranos? Está rodeado de hombres... bueno y las amazonas pero ellas no están interesadas así que... Aeschylus cortó sus divagues levantándose. Contrario a los demás él podría saber a qué se debía el ''enfrentamiento'' entre los trierarcas y lamentablemente él estaba a favor de Miltiades por esta vez. Asch en su vida había conocido el miedo a la guerra hasta que conoció a Xanthe, su miedo comenzó en el momento justo de verla debido a que la deseó desde el primer instante, luego se intensificó al pensar que alguien podría darse cuenta de su extraña afición por la princesa menor de Macedonia y decirle al rey, pero su temor no iba porque pudieran matarlo, no, el miedo que lo embargaba era el hecho de pensar que lo separarían de ella. Por eso había mantenido sus sentimientos a raya, bajo perfil. Nadie lo iba a apartar de ella. —Dormiré –anunció luego de un minuto. Methodius asintió tras de él como si Aeschylus pudiera verlo y se levantó de inmediato no sin antes desearle buenas noches y perderse en su tienda. Asch suspiró aliviado después de mirar hacia todos lados buscando algún indicio de alguien, por suerte no había nadie. Cuando estaba finalmente cerrando sus ojos cansada por el afán del día escuchó pasos dentro de su tienda alertándose se irguió por completo pero unas manos grandes se posaron en sus hombros volviéndola a posar sobre su lecho. Xanthe miró los preciosos ojos de Aeschylus y sintió un extraño sosiego que la dejó sin palabras por un par de segundos. — ¿Hay alguien fuera? –Preguntó ella con voz ronca por el cansancio pero se escuchó terriblemente sexy., Él arqueó una ceja mientras una pequeña sonrisita se colaba por sus apetecibles labios, sus grandes manos se posaron en el kranos y se lo quitó liberando su ondulado cabello castaño que cayó por sus hombros y se deslizó por su espalda como una caricia. —Si alguien estuviera fuera de tus aposentos ¿Crees que sería tan osado en entrar? Xanthe tuvo que morder sus labios para reprimir una risita, entendía porque encontraba a Asch tan encantado y fascinante, lo que no entendía era su obsesión por él. Ella había conocido muchos nobles muy caballerosos sin embargo ella no solía soñar con dichos nobles y mucho menos sentía con ellos la mitad de lo que sentía por Asch. Ni siquiera sabía si esos extraños sentimientos que comenzaban a surgir tenían nombre pero ella tampoco quería dárselo. —Luces cansada. —Lo estoy —aseguró. Pero se arrepintió tan rápido cuando vio el ceño de Aeschylus fruncido en preocupación. —No debiste venir aquí... Ella no lo dejó hablar más ya que su pequeña mano se pegó a su boca. —No veo porque no Asch, es mi decisión, de todos modos no tengo nada que perder pero sí mucho que ganar. Sus palabras lo turbaron. Si ella supiera... Se fijó en el casi íntimo roce de sus manos contra su boca y sin importarle lo que pensara tenía que hacerlo, debía consolarla. Así fue como Aeschylus besó la palma fría de su mano y para su satisfacción la vio estremecerse, pese a que sus ojos lo miraron asustados él supo la verdad, Xanthe también lo deseaba febrilmente. Aquello lo motivó. Después de todo, Xanthe si era suya y eso no era cuestionable. —No estás sola, ¿Lo sabes ómorfo mou1? Yo estoy contigo, tienes mucho que perder... tu vida... El regocijo que sintió el corazón de Xanthe la hizo temblar y aún más cuando se encontró entre los fuertes brazos de Aeschylus, en ese momento no querría estar en otro lugar más que junto a él. Se dejó arrullar contra su regazo sintiendo su piel contra la de ella y escuchando su voz seductora hasta casi caer en un profundo sueño, y por último escuchó como un susurro unas palabras que fueron enternecedoras para su ser. —Y donde termina tu vida también acaba la mía... ómorfo mou1: Hermosa mía.
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