-¿No puede reclamarte? Cree que, si te hace suya, estará más cerca a persuadir al rey Nechtán, tu tío, para que ayude a los parientes de Osreda recuperar el trono de Nortumbria. Es el mejor modo de librarse del nuevo rey,¿no crees? Con ayuda extranjera. Con ayuda de los pictos.
-No...
-¿No? ¿Por qué no?- Brand la observaba como un balcón calibrando a su presa-. Siempre cabe una posibilidad. Y piensa en los beneficios que te reportaría. Estarás emparentada con dos casas reales.¿No es eso justamente lo que querías?
A Alina se le heló la sangre. No podía decir nada; su garganta constreñida no lograba articular palabra.La idea de que volvieran a utilizarla en otra codicia y sangrienta lucha de poder le resultaba tan espantosa que no podía concebirla.No jamás.
Su mirada, fija en la empañadura de la espada que colgaba de la cadera de Brand, se concentró con una agudeza que nunca antes había conocido. La agudeza de su visión era temible, pero al mismo tiempo reforzaba extrañamente su resolución, como si la espada estuviera unida a su destino. La rutina labrada en la cruz se hizo visible, refulgió al sol, junto a la mano de Brand.
Las runas eran una invención de los anglos. No pertenecían a su pueblo. Pero Alina reconoció aquélla: el junco del elfo. Simbolizaba la protección. pero también era peligrosa, una runa de Artheling. Era un vínculo con un mundo superior, lleno de poder. Aquella fuerza podía sojuzgar a la gente si no se sabía controlar. Sólo los Artheling sabían fundirse con ella y convertirla en protección.
Brand era un Artheling, un príncipe.
Ella era una princesa. Eran iguales.
Alina podía sentir la mirada de Brand fija en su cabeza agachada, en su nuca. Brand se movió y el sol jugó con las sombras, como el espejo de su futuro.
-desearías haberme matado,¿verdad?Así serías libre. Libre para cumplir tus deseos. peo hay algo que tal vez no sepas, Alina. Algo que deberías tener en cuenta antes de tomar una decisión precipitada.¿Sabes quién es el embajador de tío en la corde de Bamburg? Tu hermano Modan.
A Alina se le enturbió la mirada.
-¿Modan? ¿Bernicia? Pero era el embajador de mi tío en...
-El reino de los anglos en Strathclyde. Tu tío lo hizo llamar. Y lo mandó a Nortumbria.
¿Su tío? ¿O su padre? Maol de los pictos no perdonaba. Ella conocía el alcance de su amargura en lo que a Strath-Clota concernía. En lo que a ella concernía y a...
-Modan...
Era como si lo estuviera llamando, como si él pudiera oírla. El rostro de ojos oscuros de su hermano mayor borró la espada. Modan era el único m*****o de su familia que se preocupaba por ella. No había tomado parte en las negociaciones matrimoniales. estaba en Strach - Clóta, con los parientes de su madre. A salvo.
-Mi hermano...
-Carne de tu carne y sangre de tu sangre.Piénsalo, Alina.¿Cuánto crees que valdrá su vida si no vuelves a Bamburg conmigo? ¿Si Goadel inicia una rebelión contigo a su lado? ¿Cuánto crees que tardará Cenred, el nuevo rey, o sus hombres en Bamburg en hacer asesinar a tu hermano? No durará vivo ni un solo día. ya es casi u prisionero.
-¿Un prisionero?
-Debería haber dicho un invitado de honor. Naturalmente, no le harán daño. A menos que lo que todo el mundo sospecha que está tramando Goadel resulte cierto. A menos que tú lo permitas.
La ironía de su voz y su mirada, su cólera, parecían sofocadas por una gravedad que Alina nunca había visto antes en él.
-Piensa.¿Merece la pena cumplir tus deseos a costa de la sangre de tu hermano? ¿Vale la pena despertarse cada mañana rodeada de poder y riqueza sabiendo lo que has hecho?
La sombra de otra muerte injusta cobró forma entre ellos. El poder del sacrificio de un hermano. El sonido que profirió Alina no era humano. Salió de la boca de un animal enloquecido que se retorcía en su trampa. De pronto comprendía por qué los lobos atrapados por los cepos se mordían las extremidades hasta amputárselas, sólo para escapar del dolor y de las tinieblas que se cerraban en torno a ellos.
Si volvía a Bamburg, la retendrían allí para siempre; sería su prisionera en todos los sentidos, salvo en el nombre. Para que él tramara otro matrimonio. Dado que incluso el más avaro y ambicioso de sus posible maridos podía hacerla suya ya.
Si daba un solo paso fuera de aquella puerta, pondría a Brand de nuevo en peligro, como había hecho antes. Y él la seguiría por toda Bretaña y posiblemente más allá.
Si no iba con él, matarían a Modan. Tarde o temprano.
Porque Goadel no cejaría en su empeño.
¿Merece la pena cumplir tus deseos a costa de la sangre de tu hermano?
Eso era lo que Brand había hecho sin querer. Había hecho daño a su hermano. Por causa de ella. Eso era lo que ella había hecho. Matar a un inocente.
¿Y qué haría ahora? ¿Qué opción tenía?
-Vamos. No te preocupes, no te importunaré, si eso es lo que temes.alguien más dice haber estado...buscándote. Está aquí.
Ella miró sus ojos ardientes.
-Sin duda velará por ti.
-¿Quién es?
-Ya lo verás.
Brand no la tocó de nuevo. No hacía fata. Alina dio el primer paso por sí misma, el paso que la ponía de nuevo en el camino del pasado, rumbo al hermoso y mortífero palacio encaramado a las rocas batidas por el mar de Bamburg. El lugar donde todo había empezado.
Fuera aguardaban media docena de Nortumbrios. Y un picto. Era su medio hermano Cunan.
El cancerbero de Craig Phárdraig.
Tendrían que parar.
Brand lo veía en la cara de Alina. Maldijo para sus adentros.Quería estar mucho más lejos antes de detenerse. Mucho más al norte. Sabía que podía seguir hasta que se disipara la luz del día y aun después, a pesar de la herida del brazo. Los hombres le seguirían. Tendrían que seguirle. Pero Alina...
Ordenó detenerse. El primero en protestar fue Cunan, aquel charlatán. Su nombre significaba >.Le venía como anillo al dedo.
Un torrente de maldiciones con mal acento anglo manó de su mandíbula estrecha y recia. Brand se dio la vuelta. Incluso un medio hermano ilegítimo debía abrigar algún sentimiento por su hermana. Cunan debería haber exigido que pararan hacia horas, no que siguieran adelante.
Brand se alejó a pie sin mirar, intentando ocultar su desagrado. Tras él siguieron las quejas.
Sus hombros se crisparon. Sentía el deseo de hacer que se tragara sus dientes de alimaña.
Alina no dijo nada. Casi no se había dirigido a su hermano desde que lo había visto. Brand ignoraba si ello significaba que le guardaba rencor o que no quería conversar con él delante de una banda de nortumbrios.
Se detuvo junto a la montura de Alina y le tendió las manos.
-Ven aquí.
Pensó al principio que ella iba a rehusar su ayuda. Seguramente le aborrecía hasta ese punto. Pero luego ella cambió de idea. Brand se dio cuenta de lo cansada que estaba. Sencillamente, se dejó caer de la silla, en sus brazos, sin la menor resistencia o, sospechaba Brand, sin él menor control sobre lo que hacía.
Brand se colocó instintivamente para cargar su peso sobre su costado derecho. No tendría por qué haberse molestado. Podría haberla cargado contra su brazo herido sin esfuerzo. Pesaba muy poco, demasiado poco para su altura.
La manos de Brand se crisparon sobre su cuerpo, bajo el raído sayo que ella al parecer consideraba un vestido de princesa y lo deslumbraría...