POV Rebecca:
Siento dolor en cada parte de mi cuerpo incluso me duele el alma. No se por qué aun no me he muerto, pero espero que ese momento llegue porque ya no puedo más. Comienzo a abrir mis ojos y me encuentro en la habitación de un hospital, esta vez Giancarlo se lució, me envío directo a urgencias.
-Rebe por Dios, estas viva. – Dice mi suegro con un hilo de voz.
-Por poco suegrito, pero gracias por la preocupación.
-Perdóname...
-Daniele esas son palabras vacías si vas a seguir permitiendo que tu hijo me siga tratando de esa manera, te juro que si no me ayudas yo misma hago el trabajo que tu hijo no es capaz de hacer y me mato de una vez. Ya no puedo más.
No puedo evitar llorar, aunque eso hace que me duela cada parte de mi rostro.
-Tienes razón Rebecca. Por eso te he contratado un guardaespaldas.
-No quiero un guardaespaldas Daniele, quiero irme a casa por favor.
-Sabes que no puedo.
-Tu hijo ya esta condenado Daniele, tu crees que mi Padrino no sospecha que algo anda mal. No me dejan hablar con él, no he ido a verlo, ¿crees que el no sabe que algo esta pasando?. Déjame ir.
-No puedo, yo se que ya estamos condenado, pero aun no puedo dejarte ir. Lo siento mucho.
Y me deja sola de nuevo.
Un par de semanas después llego a casa con un bastón y unos cinco kilos menos. Estoy en el hueso y honestamente no tengo ningunas ganas de recuperarme. Hoy conoceré al dichoso guardaespaldas y a mi dama de compañía, según que harán mi vida mejor en este infierno.
Estoy sirviéndome algo de café cuando tocan la puerta, abro y Daniele esta con dos personas más, me presenta a Dolores y Pepe. En cuanto veo los ojos de este último, no puedo explicar lo que sentí, me perdí en ellos y de repente mi corazón se aceleró, no podía dejar de verlos y tal vez él sentía lo mismo o no lo se, estoy tan desesperada de encontrar una salida que me estoy imaginando cosa. Lo que si puedo decir es que me perdí en ellos desde el primer momento sin remedio.