Había cuerpos por todas partes. Los que habían logrado escapar hasta donde el fuego había sido contenido, no habían logrado cruzar el límite. Estaban calcinados entre los árboles caídos por el fuego o botados por los aldeanos.
Quatre y Trowa se encontraban entre los aldeanos que revisaban el lugar, apagando los restos de fuego y buscando posibles sobrevivientes. El olor a carne quemada les hacía retroceder a muchos, mientras que otros continuaban. Trowa iba de la mano de Quatre, pero lo soltó al ver que estaba decidido a avanzar. No quería ver aquello. Su curiosidad había llegado demasiado lejos… cuerpos grandes, cuerpos pequeños, todos ellos estaban muertos.
Nada se podía hacer.
-Vamos Quatre…
-Tanta gente…
-Por favor Quatre, vámonos.
-Hay tanta gente aquí… y no pudimos hacer nada…
Quatre se alejó de Trowa y a solo unos pasos más adelante, escuchó un gimiente jadeo.
Uno de los tantos carbonizados cuerpos movía su pecho de arriba hacia abajo en señal de que aún respiraba…
-¡Está vivo! -Quatre se acercó a él y con horror observó a aquella persona cuyos párpados se habían sellado por el fuego -pero… ¿cómo…?
Se inclinó sobre él y posó su pequeña mano sobre lo que era su pecho. Su corazón latía, su cuerpo estaba mucho más caliente de lo normal, tenía la boca entreabierta pero sus labios no estaban, su piel tampoco estaba. Estaba con la carne expuesta al rojo vivo… solo era la silueta roja y carbonizada de la persona que había sido antes del incendio.
Solo una lágrima intentó salir de uno de sus ojos, pero ésta se evaporó en cuando comenzó su recorrido y entonces Quatre comprendió que aquella persona estaba sufriendo tanto por lo que le había pasado, como por no poder sufrir. No podía llorar. No podía gritar su dolor…
-¡¡Quatre!! -su primo le hablaba, pero estaba decidido a no alejarse de aquél que más lo necesitaba en ese momento.
Sus padres no habían sufrido, por eso él se había quedado sólo con su dolor. Ahora estaba con alguien que no podía llorar, y entonces sosteniendo una de sus manos decidió llorar por los dos. Por pena al ver a alguien en ese estado, y por el dolor del que estaba allí tirado sin posibilidades de absolutamente nada.
Sus lágrimas caían sobre la carne quemada evaporándose algunas al tocarla, y en medio de ellas el pequeño pudo ver como las luces se alzaban de entre las cenizas para irse lejos de aquel horrible lugar.
-¡¡Es El Dios de la Desgracia!! ¡¡¡EL DIOS DE LA DESGRACIA ESTÁ AQUÍ!!!
Trowa podía escuchar a los adultos horrorizarse por lo que veían y alejarse para no ser llevados también; entonces intentó acercarse a Quatre para alejarlo del peligro pero su padre lo detuvo. Ambos observaban cómo Quatre se aferraba a una mano blanca y luminosa que ascendía junto al gigantesco cuervo, mientras aquel ser luminoso le sonreía…
-Parece ser que… el dios de la desgracia lo querrá de sacrificio cuando la situación lo amerite… Es algo horrible lo que ha ocurrido, pero sin embargo nos hemos visto beneficiados en caso de que la desgracia caiga sobre nosotros… -el padre de Trowa se dirigió a los que se habían quedado detrás de ellos observando lo ocurrido -Quatre será nuestro sacrificio más valioso, cuando la desgracia sea inminente.
Trowa podía ver a su primo llorarle al cuervo que se alejaba, pidiéndole quizás que cosas, y observaba a su padre enfervorizado por que ahora la aldea estaría a salvo gracias a Quatre…
Un sudor frio comenzó a recorrerle la espalda haciéndolo despertar.
Estaba en su cama todo destapado, y la brisa nocturna estaba helando. Hacía una semana ya que Quatre había sido entregado en sacrificio.
Se levantó cubriéndose con las sábanas a modo de capa y salió a ver el cielo nocturno.
Todo se veía azul, azul muy profundo. Esperaba ver a Quatre regresando de alguna excursión nocturna para ver luciérnagas en las lagunillas de los claros más cercanos, pero él jamás llegaba.
El cuervo se lo había llevado en cuerpo y alma, ya que al día siguiente al del sacrificio había regresado al lugar y el cuerpo no estaba. Solo había una gigantesca mancha de sangre.
Todo había sido su culpa… culpa de aquel espíritu y culpa de él mismo, por lo que había hecho… contradecir las leyes era algo que se pagaba de forma estricta, y de alguna forma Quatre sospechó lo que le pasaría al ver que no recibía castigo alguno por lo que había sucedido.
-Te quiero Quatre…
-Tro-Trowa… detente… -Trowa lo tenía acorralado contra un árbol -esto no está bien…
-Quatre… te quiero… quiero estar contigo, que seas mío, solo mío…
-¡Ya hablamos de esto Trowa!... ¡Basta!
Quatre forcejeó hasta librarse de él, pero en lugar de lograr escapar hizo que ambos cayeran al suelo lleno de hojas. Trowa de espaldas al suelo y Quatre sobre él.
Trowa intentó alcanzar su boca, pero Quatre se lo impedía colocando una de sus manos sobre su rostro, alejándolo…
-¡Trowa! ¡Quatre!
Ambos se quedaron muy quietos. La voz imponente que les había llamado la atención era nada menos que la de su padre.
-Por mi culpa… -se decía Trowa mientras la niebla comenzaba a llenar el lugar.
Varias noches sin dormir, varios días sin comer… estaba perdiendo su sano juicio. Tenía que hacer algo.
Y esta vez, lo haría.
Mientras Trowa empacaba ropa y comida necesarios para incluso un mes, se decía a sí mismo que en aquel horrible bosque no había cuerpo alguno… solo el rastro de la sangre que debió de salir de la herida provocada por el ritual… entonces el cuervo se lo debió haber llevado en cuerpo y alma… y si tenía suerte…
-Es probable que esté vivo…
Y en la oscuridad de la noche, al amparo de la niebla, dejó su hogar para comenzar a adentrarse en el oscuro bosque en dirección al bosque muerto, donde seguramente encontraría algún indicio que le llevase a la guarida del cuervo, donde seguramente debería de estar Quatre.
Las bestias nocturnas invitaban a buscar refugio en alguna parte… se escuchaban chillidos y llamados de las criaturas que habitaban el bosque, pero eso no le importaba mucho. La niebla comenzaba a desaparecer. El cielo que alcanzaba a verse a través de los árboles comenzaba a aclarar.
Pronto amanecería y aún no llegaba al bosque del ritual.
Con los años se habían apartado de él, ya que los espíritus de quienes murieron en aquel lugar podrían ir a molestarlos, y terminaron moviendo toda la aldea hacia el otro extremo. Ahora estaba mucho más lejos que antes.
Buscaría refugio, para dormir durante el día y así evitar ser encontrado, y por la noche continuaría con el recorrido… si demoraba más, de seguro las pocas huellas que hubiese dejado el cuervo o el mismo Quatre desaparecerían.
Por suerte encontró una madriguera abandonada, lo suficientemente profunda como para ser notado a simple vista. Se refugió en ella y se cubrió con una capa negra, que sumado a la oscuridad del lugar, lo harían indetectable.
Se sumió en un profundo sueño, logrando dormir lo que en días no había podido.
Quizás el solo hecho de ir en busca de Quatre, le permitía querer descansar lo suficiente para enfrentarse a lo que fuera que tuviese que enfrentarse.
Tantas veces que le había dicho que lo amaba, y tantas otras que intentó demostrarle ese amor que sentía por él… deseaba tocarlo otra vez, abrazarlo otra vez. Si estuviera vivo… si estuviera vivo ¿podría hacerlo?
Demasiada culpa, demasiada angustia, lo tenían en un sueño pesado y triste. Lloraba entre pesadillas, pero el cansancio de noches acumuladas sin dormir y días acumulados sin comer, no le permitían despertar aún.
Quatre sonriéndole, Quatre hablándole, Quatre llorando frente a él, Quatre avergonzado por verse atrapado en sus brazos… Quatre ausente debido a las hierbas utilizadas en el ritual…
Quatre sangrando medio muerto sobre un altar…
Sus ojos se sentían sumamente pesados. Su cuerpo no deseaba moverse de la posición en la que estaba, pero aún así despejó aquellas horribles imágenes con la visión de la madriguera completamente oscura y su cuerpo sintió deseos de moverse al recordar que Quatre aún podía estar vivo.
¡Quizás el cuervo lo revivió y lo mantiene con vida!
Pensar de esa manera le ayudó a levantarse y prepararse para recorrer lo que le quedaba de camino, ya que el bosque entero estaba sumido en la oscuridad de la noche y la niebla comenzaba a caer, otra vez.
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WuFei estaba inquieto. Sabía que algo iba a suceder. Quatre en ese momento se encontraba recogiendo las hierbas que le había pedido, y podía observarlo a la perfección desde el interior de la casa.
Algo le estaba preocupando, tal vez demasiado. No sabía que era, no comprendía por que se sentía como se sentía… quizás comenzaba a sentir remordimientos por haber hecho a Quatre invisible para el resto del mundo, ya que en un principio había decidido que lo dejaría ir en una tierra lejana, para que pudiera seguir con su vida; sin embrago, ahora que compartía con el más de lo que hubiese querido, el deseo de retenerlo a su lado rayaba la línea que lo separaba de la obsesión…
¿Y si Quatre se alejase de él en secreto?
Tenía que dejar de pensar de esa manera… sabía que sus años de soledad le estaban pasando la cuenta, ahora que estaba con otra persona… al fin y al cabo con el paso de los años se quedaría solo otra vez, ya que Quatre crecería, envejecería y moriría como cualquier otro mortal. Él no podía hacer eso.
No se dio cuenta de que Quatre había entrado a la casa. Cargaba un canasto con varias hierbas y flores que le había pedido, y las dejo a un lado para acercarse a WuFei que estaba sumido en sus pensamientos, frente al escritorio donde guardaba sus libros de hechizos.
Tenía la pluma apoyada en los labios y el ceño fruncido. Se veía casi divertido.
-¿Qué sucede? -pregunto Quatre acercándose más a él.
WuFei salió de sus pensamientos, para encontrarse con el rostro de Quatre tan cerca… era mejor no pensar tanto en todas esas cosas.
-¡Ah!... no es nada…
Quatre parecía sospechar algo, por la expresión que puso; pero no preguntó nada, y dejó la canasta cerca de la chimenea, para luego acercarse a WuFei y sentarse en una de sus piernas.
-No escaparé de ti…
WuFei se sorprendió y cayó en cuenta de que Quatre también lo había estado observando.
Se había estado preocupando todo ese tiempo y no se había dado cuenta de que había sido tan notorio. Sus años de soledad le habían hecho acostumbrarse a no esconder sus sentimientos, como nadie podía verlo, entonces nadie podía saber lo que pasaba por su mente.
-Lo siento… es que hay algo que me está molestando hace unos días… y no sé que es.
-¿Algo?
-Una preocupación… un presentimiento… no estoy seguro, pero me está molestando hace varios días ya.
Quatre le besó en la frente y lo abrazó a su pecho por largos minutos, sintiendo como WuFei se relajaba entre sus brazos, rodeándolo suavemente.
-No salgas esta noche… quizás algo te va a suceder y por eso estás tan inquieto…
-No es algo que pueda decidir por mi cuenta… tengo que hacerlo.
-No… -Quatre atrapó sus labios y le besó en un roce -no vayas… quédate conmigo… -susurró contra sus labios y le besó de forma más firme.
WuFei no tenía por qué responder. Ambos sabían que tenía que cumplir con sus obligaciones… pero tampoco podía rechazar a Quatre. Era su único apoyo en el límite de la cordura.
Con un movimiento de su mano ordenó, todo lo que estaba sobre el escritorio y movió la silla hacia atrás, para así alzar a Quatre y sentarlo en el escritorio, colocándose entre sus piernas.
-¿Estás seguro Quatre?... podría pasar lo que pasó la primera vez y…
-Si no practicamos ¿Cómo esperas que no vuelva a pasar?
WuFei dejó escapar una pequeña sonrisa ante el reclamo de su compañero, y con un leve sonrojo en las mejillas tomó una de sus manos y se las llevó a los labios para besar su palma; y mientras lo hacía, con su otra mano le acariciaba el rostro.
-Me cuesta demasiado creer que alguien como tú haya terminado de esta forma…
Ahí estaba otra vez aquel semblante que Quatre tanto odiaba. Cejas arqueadas, ojos acuosos que lo miraban… era una mirada de angustia que nunca le había gustado.
Quatre soltó su mano de la de él y alzando ambas lo abrazó con fuerza. Había recordado algo que su madre siempre le decía, y que en su memoria eran palabras llenas de razón, sobre todo en aquel momento.
-Todos aquellos sucesos, buenos o malos, suceden por algo… quizás nosotros debíamos conocernos y para ello ocurrió todo eso… todo sucede por algo, nada es en vano, todo hecho tiene su propósito, y lo que me ocurrió a mí, fue para encontrarte a ti.
Tal vez tenía razón… de haber seguido con vida habría desposado a alguna novia, hubiese tenido hijos y hubiese seguido con su vida hasta envejecer y morir.
De no haberse incendiado el bosque, jamás hubiese conocido a Quatre, ya que fue él quien lloró su muerte, y de no haberse convertido en el Dios de la Desgracia no habría estado en este mundo para volver a encontrarlo…
Y a esas alturas de su vida, sin alguien más a su lado, habría perdido la cordura y se habría olvidado de su propósito.
WuFei buscó sus labios y así se quedaron hasta que el sol se ocultó por completo. Se separaron un poco y Quatre sentía bajo las palmas de sus manos cómo los músculos de su espalda se movían de forma independiente. Lo soltó y frente a sus ojos lo vio crecer y cubrirse de una espesa capa de negras plumas… WuFei se había transformado en el cuervo.
-Supongo que ya no hay nada que hacer…
Quatre se había abrazado a él nuevamente. Movía la cabeza para sentir las plumas contra su rostro, tan suaves y firmes, podía sentir los músculos firmes y livianos bajo ellas.
Se bajó del escritorio y parándose en puntillas le besó en la mejilla para luego ir a cambiarse de ropa, para dormir.
¿Podría estar con Quatre de esa manera?
Quatre ya se había quitado la parte superior de sus ropas cuando sintió que su espalda era cubierta por una suave capa de plumas, seguida por una pared de músculos cálidos y livianos, para luego ser rodeado por las alas de WuFei que lo recorrían entero, quitándole el resto de las ropas. Era muy diferente, demasiado diferente. No estaba contra otra piel, sino que estaba contra la criatura que se había adueñado de él y que también era parte de WuFei. Las rodillas le temblaban, ya no iba a poder mantenerse de pie…
WuFei lo guió hacia la cama donde quedó tirado de costado, pero aún así no sintió que se separase de él en ningún instante.
Le siguió acariciando, rozado su cuello con su gran pico, haciendo que reaccionara a su tacto. Ya había llegado a su límite.
-WuFei… ya no más… no puedo más…
Quatre se retorció entre sus alas al sentirlo entrar en él y dejó escapar un sonoro gemido al sentir cómo ambos se incorporaban. WuFei seguía recorriéndolo de pies a cabeza mientras se movía lentamente dentro de él, apegando su espalda contra su pecho, acariciando su rostro y su cuello con su pico… parecía que habían pasado horas en esa posición atrapados en una ola lenta perdiendo la noción de todo aquello que los rodeaba. La luna asomó en el claro iluminando todo a su paso. La blanca piel de Quatre estaba en contraste perfecto con la gran sombra que era WuFei en ese momento. El reflejo azulado de las plumas hacía ver al chico mortalmente pálido, como si una luz casi fantasmal emanase de él.
El ritmo era demasiado lento para soportarlo más. Ya no tenía fuerzas suficientes, por lo que se dejó caer sobre la cama apoyándose en ambas manos y piernas, sin salir WuFei de él.
Continuó moviéndose un poco más rápido rasguñando su espalda con la punta de su pico, para luego seguir con su cuello nuevamente y así apegar más su cuerpo al de él, aumentando el ritmo un poco más… ambos se habían desecho en placer en medio de respiraciones jadeantes y gimientes. WuFei se separó lentamente de Quatre dejándolo acostado y bien tapado sobre la cama. Seguía respirando agitadamente, pero poco a poco se fue calmando manteniendo los ojos cerrados.
Se había dormido igual que la otra vez.
WuFei se vistió, tomó lo necesario y se marchó a hacer sus deberes. Aunque Quatre le había pedido que no se marchase, no podía dejar de cumplir con su tarea.
El recorrido fue rápido. Quería regresar pronto con Quatre, no quería dejarlo solo, ya que aún se encontraba inquieto por algo y no sabía el por qué.
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La luz comenzaba a colarse entre la niebla matinal. El olor a cenizas le indicaba que estaba cerca, por lo que no había motivo alguno para descansar, tenía que llegar pronto.
El poco pasto que había entre los árboles comenzó a cambiar de verde oscuro a amarillento y a unos cuantos metros más adelante comenzó a cambiar a un tono grisáceo. Estaba cerca.
Árboles grises y negros se alzaban frente a él. De la tierra blanca y grisácea aún se levantaba algo de humo y aún se conservaba algo del calor que había abrasado el lugar hacía ya tanto tiempo.
Una gran mancha negra en las cenizas, era el indicio que estaba buscando. Ahora estaba frente al lugar en el que Quatre había sido abandonado mientras se debatía entre la vida y la muerte.
Estar en aquél lugar le significaba recordar todo lo ocurrido en aquél trágico día, pero tenía que hacerlo si quería recuperar a Quatre.
La luz del sol poco a poco comenzó a colarse entre los árboles muertos, y le reveló lo que tanto deseaba ver. Huellas.
Había huellas cerca de la gran mancha, huellas gigantescas de tres dedos…
El cuervo debió haber ido por él.
Ramas rotas en una dirección, más huellas entre el pasto grisáceo, manchas marrones en algunas hojas que comenzaban a surgir de las cenizas… había un rastro que lo condujo justo frente a una gran sombra cubierta por una gran capa negra. Un largo pico asomaba donde debería de tener el rostro.
-Eres tú…
-¿Me puedes ver?... ¿por qué?...
-¿Dónde está Quatre? Está vivo ¿verdad?... ¡¿Está vivo?!
WuFei podía observar la angustia de aquel muchacho, podía palparla. Era el chico que había pedido por su vida cuando realizaron el sacrificio.
Si le decía que Quatre estaba vivo ¿lo arrebataría de su lado?
Estaba desesperado. Su rostro le decía que había sufrido más de lo necesario por todo lo que había pasado. Si Quatre se enteraba de que lo estaba buscando, lo más seguro era que regresaría con él…
Estaría solo otra vez…
Un fuerte crujido rompió el silencio del bosque. Un par de árboles caían entre ellos interrumpiendo el encuentro.
Para cuando Trowa pudo divisar más allá de ellos, el cuervo gigante ya había desaparecido.
Había atrapado unos peces maravillosamente grandes. Quería que su novia los probase, y así mostrarle lo bien que se podía vivir allí, junto a él, en aquel lugar.
Lo estaba esperando sentada en un gran tronco caído cerca de un pequeño claro. La luz del sol se reflejaba en su larga y hermosa trenza castaña, vestía una larga túnica tradicional de su aldea de color verde jade. Lo observaba con sus enormes ojos, esperando a que llegase hasta donde se encontraba.
Ambos se sonrieron, sin percatarse de que eran rodeados por otras personas…
-¡¡Heero!!... ¡¿Qué haces aquí con esa chiquilla?!
El pequeño de cabello castaño oscuro abrió sus grandes ojos azules al escuchar la estridente voz de su padre llamándole la atención.
Se había visto tantas veces con aquella niña, que ya pronto le iba a pedir a su padre permiso para ir a pedirla en matrimonio, para cuando fueran adultos a los ojos de los demás, por lo que, en cierta forma, le alegró encontrarlo en aquel lugar. Ahora le diría todo lo que sentía por ella…
-¡Padre!... ella es…
Grandes y fuertes pisadas se escuchaban cerca de ellos. Eran los pasos apresurados de varios hombres armados de arcos y flechas vestidos con túnicas de igual corte que la pequeña.
- ¡Duo! ...¡No deberías estar aquí…!
Ambos adultos al percatarse de la presencia del otro se quedaron mirando atentamente por unos segundos y el adulto armado apuntó contra él mientras los demás lo imitaban.
-¡¿Qué hacen con mi hijo?!
Heero no prestó mucha atención a lo que los adultos hacían. Las flechas se veían amenazantes por lo que sintió la enorme necesidad de proteger a su pequeña novia, pero su padre se lo impidió.
-¡Padre!... ella es…
-¿Ella? -preguntó sorprendido el adulto armado -¡niño!... estás hablando de mi HIJO… ÉL es mi sucesor… y ustedes son nuestros enemigos…
Heero no lograba comprender muy bien lo que sucedía… ¿todo ese tiempo había estado cortejando a un chico como él?... ¿y de la aldea enemiga?...
Su padre lo había tomado en brazos y se alejaba cautelosamente del lugar, mientras una suave voz le llamaba por su nombre y le decía que no se marchase de forma triste y angustiosa, y a la vez le llamaba para que regresase a él; de forma cálida y gentil…