WuFei había cambiado a su forma humana. Se quedo en silencio por unos minutos y entonces se incorporó y le tendió una mano a Quatre.
-Iremos a casa… allá te contaré lo que vi.
Quatre tendió su mano, aceptando la de él, y se levantó aún tembloroso. Bajaron del árbol como habían hecho antes y caminaron en silencio por un sendero invisible pero ya conocido. En cuanto ingresaron al circulo de seguridad del hogar de WuFei, Quatre se quedó de pie en medio del pasto largo. No tenía intención alguna de moverse de donde estaba.
WuFei lo observó un instante y en el mismo lugar en el que se quedó de pie, se sentó quedando cubierto por el pasto. Quatre hizo lo mismo, y a pesar de que no podían verse a causa del pasto, ambos sabían que estaban frente a frente. Nada le impedía escuchar el relato de lo que había sucedido en ese lugar.
-Hay un bosque, que cada árbol en el, está muerto. Sin embargo nadie toma nada de ese lugar. Todo lo que está muerto lo relacionan con El Dios de la Desgracia. Ese bosque era tan hermoso como este. Pertenecía a mi clan, pero uno rival lo incendió para matarnos a todos y así fue. Todos morimos -Quatre estaba consciente de que WuFei le estaba contando parte de su propia vida y se imaginó que quizás su rostro reflejaba el dolor de recordar aquello -la tribu vecina contuvo el fuego pero nada pudo hacer por nosotros… solo recuerdo a un pequeño que lloró mi muerte en el instante en que me convertí en esto. En aquel lugar, en el momento en que el espíritu anterior a mí me cedió sus obligaciones, los hombres de aquella tribu presenciaron a la muerte llevándose nuestros espíritus, mientras que el pequeño que lloraba por mí tomaba mi mano irreal de mi cuerpo irreal, desprendiéndose de la carne quemada que era el anterior. Me convertía en lo que soy mientras ese niño sostenía mi mano y entonces los demás comprendieron lo que pasaba según sus pequeñas mentes… "El Dios de la Desgracia lo querrá de sacrificio cuando la situación lo amerite…" o algo así fue lo que dijeron. Todos esos sacrificios que son en mi nombre, solo son perdidas inútiles… mi poder no sirve para comunicarme con los hombres y decirles que dejen de hacerlo… solo puedo intentar salvar a los que no deben morir aún… pero casi nunca logro hacerlo. Ya había salvado a uno antes, pero mi error fue dejarlo marchar. En cuanto lo vieron regresar lo mataron por haber sido rechazado por mi… vi como algunos te arrastraban al bosque que fue mi hogar… unos tenían atrapado a alguien que gritaba y pedía que no lo hicieran. Otros continuaron con el sacrificio, encabezados por un hombre que pedía para que no me llevase a los moribundos y enfermos de su tribu, y entonces, hicieron lo que habían ido a hacer dejándote solo en aquel bosque. Yo no sé cuando realizan estos sacrificios, por eso voy al bosque de vez en cuando para intentar evitarlo… esta vez pude hacerlo… la historia de que necesito sacrificios humanos se esparció rápidamente, por lo que no puedo evitar todas las muertes… aún así… siempre intento no ser visto por otros, pero es casi imposible… los que está muriendo, en su agonía murmuran mi nombre y algunos brujos logran ver mi sombra… estoy relacionado con la muerte pero a la vez no… en ese lugar vi como te dejaban a tu suerte medio muerto, medio vivo… eso es todo lo que vi…
Quatre estaba en silencio. No emitía ningún sonido, ningún movimiento. Entonces se escuchó un leve sollozo acompañado de la temblorosa voz de Quatre.
-Dice que un niño lloró su muerte… ¿fui yo?... ¿por eso me ofrecieron…?
WuFei suspiró y se imaginó a Quatre aguantando las lágrimas.
-El que lloró mi muerte fuiste tú, sí… pero si fue por eso solamente por lo que te ofrecieron a mí, eso no lo sé.
Quatre comenzó a sollozar con más fuerza. WuFei no lo veía pero lo mejor era no hacerlo. El había sufrido mucho por su propia muerte y por las que provocaba con su presencia. Si se le acercaba lo más probable era que terminase llorando con él. Se puso de pie y regresó a la choza dejando a Quatre con sus sollozos en medio del pasto alto.
Era cierto. Él recordaba haber ido a ayudar a los hombres de su tribu con un incendio que amenazaba también con destruir sus tierras, pero era demasiado tarde. Se escuchaban gritos agónicos, tan dolorosos que provocaban dolor en quienes los escuchaban. No podía evitar sentir pena por todas aquellas personas que habían muerto en tales circunstancias y lo peor fue haber visto aquella persona que a pesar de haber sido consumida por el fuego seguía aferrándose a la vida. Intentaba respirar a través de sus pulmones incinerados, intentaba ver a través de sus ojos inexistentes, intentaba pedir ayuda a través de su boca hecha cenizas… deseaba mitigar su dolor, pero era tan doloroso, tan horrible que todo lo que pudo hacer por esa persona fue sufrir por él, ya que no sentía nada debido a la inexistencia de su piel, y llorar por él, ya que no quedaba fluido alguno en su cuerpo seco. En sus pequeñas manos sentía aquel cuerpo caliente aún, que de alguna forma había sobrevivido, sentía su corazón hecho carbón aún palpitante y entonces los vio. Personas luminosas que se alzaban de las cenizas y desaparecían a través de los árboles humeantes, una oscura sombra que se acercaba cada vez más hacia ellos, haciendo que a su paso se alzaran más personas para luego desaparecer… su voz de trueno, tan profunda, triste y agotada resonando solo en sus oídos… "Ya no puedo seguir… no puedo seguir viendo esto. Si tomas mi lugar seguirás viviendo pero no con los humanos… te instruiré en todo conocimiento que desees tener…si tomas mi lugar, te lo agradeceré eternamente".
Su cuerpo luminoso comenzó a desprenderse de la carne quemada. Él no quería que aquel ser se lo llevase. Su madre había muerto al igual que su padre, ambos frente a sus ojos y no había podido hacer nada. Al darse cuenta de que sujetaba aún su mano luminosa, hizo todos los esfuerzos que pudo por retenerlo, pero aquella persona solo le había sonreído triste mientras desaparecía junto al gran cuervo que había a su lado.
Lloraba por que se había quedado con el dolor de esa persona, por que había recordado el dolor de sus padres al morir, y el suyo propio al perderlos, mientras a su espalda escuchaba las voces de los asombrados adultos por la horrible escena que habían visto…
¿Horrible? ¿Era horrible ver la luz después de tanto sufrir? Para él no lo era. Una vez se había quemado con agua caliente. Le había dolido mucho, pero su piel solo se había puesto roja. Aquellas personas tenían sus pieles carbonizadas, otras habían perdido sus cuerpos por completo, otras habían muerto tan solo respirar el humo asfixiante y caliente… pero esa persona estaba hecha carbón y aún así respiraba… ¿le dolió cuando lo tocó? ¿Le dolió cuando colocó sus pequeñas manos sobre su carne sin piel?
Sus sollozos se convirtieron en llanto y entonces no lo pudo detener. Después de haber presenciado todo aquello que hacía El Dios de la Desgracia, y de no ser capaz de ser visto por los demás, comprendía un poco como se sentía WuFei, además de imaginarse todo lo que debió de haber sufrido después de su propia muerte y de la de los suyos… tener que cargar con las muertes de aquellos sacrificados en su nombre…
Palabras, imágenes y recuerdos que danzaban a velocidad vertiginosa en su mente, mientras su cuerpo se sacudía en espasmos de tristeza y sus lágrimas bañaban su rostro.
Si tan solo pudiera hacer algo por él…
El cielo estaba algo nublado. No lograba ver las estrellas y estas no lograban iluminar bien. Estaba preocupado por Quatre, que aún no entraba a la casa, pero aun así no debía preocuparse, porque era imposible para cualquier otro salir de ese lugar.
Le había contado todo lo que sabía e imaginó que en ese instante le estaría culpando por haber sido elegido para el sacrificio. Aun así, encontraría la manera de llevarlo lejos de allí y le ayudaría a integrarse a la vida de alguna ciudad lejana para que siguiera con su vida. Había planeado eso desde que escuchó a aquellos hombres decir que lo usarían de sacrificio cuando correspondiera. En ese entonces solo era un niño. Un niño que sufría por él.
La puerta se abrió suavemente. Quatre caminaba en silencio hacia donde él estaba, de pie frente a la chimenea. Su rostro estaba húmedo y su cuerpo estaba frio por permanecer tanto tiempo afuera.
WuFei estaba tenso, a la expectativa. Esperó a que hablara… estaba preparado. Preparado para los golpes, el llanto, para escuchar todo lo que pensaba que le iba a reprochar, pero no para lo que le preguntó.
-Esa vez… -susurró casi inaudible -yo recuerdo haberte tocado mientras morías… ¿Te dolió? ¿Sentiste mis manos…? No sé cómo preguntarlo… yo quiero saber…
Quatre comenzó a llorar nuevamente si dejar de mirar a WuFei, esperando por la respuesta.
Estaba ahí, de pie, temblando. No lo entendía… ¿cómo era posible que consintieran el asesinato de alguien tan preocupado por los demás?... no lo entendía, no podía.
-Esa vez me concentré en las manos que se aferraban a mí… pero no sentí dolor alguno. Era feliz por que alguien lloraba mi muerte, ya que todos los míos habían desaparecido…
Un suspiro de alivio salió de los labios de Quatre. Cayó de rodillas y calmó su llanto mientras WuFei se hincaba frente a él.
-No sabía si te hacía daño… yo solo quería que no murieras por que ya había visto a muchas personas morir… era solo eso… solo eso.
-Quatre… quizás era demasiado pronto para que supieras lo que ocurrió ese día…
-¡No! No… está bien. Tarde o temprano lo sabría. WuFei… ¿No te sientes triste al no ser visto por otros?
Una pregunta que él siempre se hacía. Extrañaba a su gente. Su tierra. Sus andanzas por bosques aliados… Comprendía el cansancio y la tristeza del espíritu anterior a él pero aún no llegaba al punto de renunciar a ello.
Porque entonces no sería capaz de vengarse de quienes habían provocado tal calamidad.
-Sí, es triste… nada existe si otros no lo confirman, por eso a veces me dejo ver por brujos en lugares públicos y otras veces me siento bien cuando los moribundos murmuran mi nombre en su agonía… pero aún así es triste no poder compartir esta "no existencia" con otro ser… sé que existo, por que estás aquí conmigo, hablándome… me siento triste al no ser visto por los demás, pero eso lentamente desaparece cuando recuerdo que ahora estás conmigo…
Entre lágrimas, Quatre se sonrojó notoriamente. WuFei no sabía cómo hablar con otros ya que había pasado tanto tiempo en soledad… pero hablar de esa manera tan íntima le ponía algo incómodo.
Comenzó a sentir vértigo. Sus pensamientos comenzaban a enmudecer frente al estruendoso sonido del latido de su propio corazón. No sabía que hacer y no lograba comprender por que su boca hablaba y su cuerpo se movía, cuando lo que deseaba en ese momento era alejarse un poco de WuFei… su presencia tan fuerte le estaba afectando de manera extraña, cómo le había pasado aquella vez con esa persona.
Estiró su mano temblorosa y la apoyó en el pecho del dios. Su corazón latía con fuerza y poco a poco aumento la velocidad. Si estaba muerto ¿por qué latía su corazón?
WuFei tomo la mano de Quatre y suavemente la separó de su pecho para acercársela a los labios y besó su palma al tiempo que cerraba los ojos.
Sentir a otro ser humano de esa forma, su realidad, su esencia, su presencia y su vitalidad era tan embriagante y urgente que no se daba cuenta de lo que hacía.
Estaba ya tan acostumbrado a la soledad de su situación que había olvidado casi por completo cómo interactuar con otros. Sabía que no podía hacer eso, por que era extraño, pero aún así deseaba hacerlo. No recordaba cómo hablar con otros porque hacía años que no lo hacía… sólo expresaba todo lo que quería decir en las palabras que conocía y en las acciones que recordaba: abrazar, estrechar, hablar gentilmente, tocar… cosas que en su vida anterior no habría hecho a otros, pero que con Quatre era necesario. ¿Hasta qué punto podría seguir? ¿Hasta qué punto le permitiría seguir?
Quatre estaba claramente sorprendido y avergonzado. WuFei no despegaba sus labios de la palma de su mano, por lo que aún podía sentir el calor de su piel contra la suya y su pesada respiración cada vez más caliente.
Había algo que quería saber pero que no podía responderse con palabras, por lo que retiró su mano lentamente y la acercó a una de sus mejillas. Estaba tibia y la piel era suave. Se atrevió a soltar un poco su cabello al pasar los dedos por él y lo sintió sedoso y delicado. Pasó la punta de sus dedos por sus párpados haciéndole cerrar los ojos. En este punto Quatre se había acercado lo suficiente como para darse cuenta del calor que manaba de su cuerpo.
-Me preguntaba cómo era tu piel antes del incendio… ¿era así?... -bajó la mano pasándola suavemente por su cuello llegando a su pecho para posarla nuevamente sobre el corazón -si estás muerto ¿por qué late tu corazón?...
WuFei tiró de él haciendo que ambos cayeran al suelo. WuFei de espaldas y Quatre sobre su pecho.
Podía escuchar claramente los latidos de su corazón.
-Sí… así era antes del incendio… y mi corazón late por que estoy vivo, pero… -WuFei se incorporó y se volteó de manera que quedó sobre Quatre -mi vida es de otro mundo. Yo ya no pertenezco a este mundo, por eso en este mundo estoy muerto…
Quatre no sabía qué hacer. Estaba en una situación extraña con un ser extraño, pero aún así no quería alejarse. Su cabeza le decía que tenía que estar lejos de él, pero no lo quería así. Vio como su rostro se acercaba al de él y sintió su respiración contra su piel, pero no se movió. Se quedó quieto hasta sentir sus labios tibios posarse sobre los suyos. Colocó los brazos a los lados para así permitir que WuFei apoyara parte de su peso sobre él, y al hacerlo pudo sentir el ritmo de su respiración, el latido de su cuerpo completo, sus caderas que se unían… sus labios se movieron en dirección al cuello mientras que resistía el resto del peso de su cuerpo sobre sus manos y lentamente movía las caderas para sentir lo mismo que seguramente estaría sintiendo Quatre. Miles de descargas eléctricas que se esparcían por su cuerpo, provocadas por el roce. WuFei nunca había sido tocado en una parte tan íntima y pensó lo mismo de Quatre al notar cómo se estremecía con cada roce. Sus labios se abrieron levemente y dejaron escapar un leve gemido mientras alzaba las manos y las metía por debajo de su ropa.
Deseaba tocar esa piel que antes había tocado, pero que en su momento no existía. Estaba muy caliente, muy suave… quería tocar más, ver más y su deseo crecía a la vez que se excitaba debido al frote de WuFei contra él.
Sentía una gran urgencia de terminar pronto, pero también quería continuar por largo tiempo con esa sensación. Tenía todo el tiempo del mundo para descubrir sus cuerpos ya que ninguno de los dos sería interrumpido.
Piel que se descubría lentamente, tan suave y cálida que era difícil creer que estaba muerto. Su corazón latía con violencia mientras seguía moviéndose contra Quatre haciéndole gemir un poco más fuerte.
Volvió a besarlo, pero esta vez el beso fue más profundo introduciendo su lengua en él, buscando la suya. Deseaba tocar su piel también, averiguar si era como creía que era desde el día en que se aferró a él para que no se fuera al otro mundo, y así era. Piel muy fina, muy suave, de alta temperatura que se estremecía por el contacto. Podría utilizar su poder para quitar las barreras de ropa que los separaban, pero no sería lo mismo… quería sentir cada centímetro a descubrir y descubrir cada rincón. Quería sentir a Quatre temblar bajo su tacto como lo estaba haciendo en ese momento y continuar explorando hasta que ya no pudiera más.
Cada uno escuchaba la fuerte respiración del otro, cada uno escuchaba los violentos latidos del otro, cada uno respondía a las caricias del otro con leves gemidos que aumentaban de volumen a la vez que las caricias se hacían más exigentes y explícitas. Cada parte de sus cuerpos reaccionaba al rozar con la piel del otro, mientras se observaban mutuamente comprendiendo lo que deseaban sentir del otro en ese momento.
Cada cual en su límite, susurraron sus nombres y Quatre pidió a WuFei que continuara hasta el final, sintiéndolo entrar en él de forma lenta y dolorosa… era un dolor incomparable al que lo había atacado cuando se enteró de lo que habían hecho con él sus seres más queridos, era un dolor que le decía que estaba vivo y podía sentir a la perfección el cuerpo latiente sobre y dentro de él. WuFei también estaba vivo, aunque no en su mundo. Ahora eran solo ellos.
Solo ellos dos, en medio de los vivos sin estarlo ellos.
Necesidad, soledad, obligación… palabras que cruzaron sus mentes en esos momentos, pero que entonces no significaron nada, por que ya lo sabían.
Era todo eso y a la vez, no lo era.
El dolor desapareció de forma lenta, dando paso al placer, la exploración fue lenta, dando paso a la satisfacción y ninguno de los dos se vio urgido por terminar pronto, ya que todo había sido a un ritmo demasiado exquisito como para querer finalizar aquello.
Quatre lo sentía moverse dentro de él, llegando más adentro, su piel rozando la suya, una de sus manos acariciándole donde más lo deseaba. El empuje lento y excitante que le hacía olvidar todo en ese momento, excepto al que estaba con él.
Había llegado al punto en el que solo podía sentir.
Ya no podía razonar más. Estaba completamente entregado al ser que lo poseía, abandonándose a la sensación de embriaguez y vértigo que lo invadía por completo, desde donde se conectaban sus cuerpos hasta las más finas terminaciones de sus nervios…
WuFei se sentía arder dentro y sobre él. Se había abandonado por completo a sentir el cuerpo de Quatre, su voz suplicante, sus caricias suaves y tiernas, su piel suave, caliente y apretada que lo quemaba en su zona más íntima; le era muy difícil controlarse escuchando aquella voz que pedía más cada vez que se movía. Se abandonó tanto, que sin darse cuenta dejó al descubierto parte de su poder haciendo que la piel de ambos quemara más, haciéndoles sudar más, haciéndoles gemir más fuerte… sus cuerpos estallaron de placer de forma tan violenta, que ambos quedaron atrapados en increíbles espasmos, WuFei sintiendo a Quatre contraerse debido al orgasmo y humedecer sus cuerpos, y Quatre sintiendo a WuFei palpitante dentro de él, mientras su calor lo llenaba completamente.
Solo escuchaban sus respiraciones jadeantes y gimientes.
Solo sentían sus cuerpos latientes, uno contra el otro.
Solo sentían el abandono de caer en los brazos del otro y se hundieron en un sueño profundo, sin las fuerzas necesarias si quiera para separarse.
Exhaustos y agitados se fueron recuperando en la profundidad del sueño.
El característico rasguear de la pluma sobre el papel del libro de hechizos de WuFei, le hizo despertar.
Quatre estaba acostado en la cama del cuervo, cubierto hasta el cuello. La habitación estaba a oscuras y nada se escuchaba afuera. Solo lograba escuchar los pequeños sonidos en el interior de la casa. El crepitar del fuego sin leña, el sonido de algo hirviendo, los suaves y casi imperceptibles pasos de WuFei que había abandonado el libro y se acercaba a la habitación.
-¡Quatre!... ¿estás bien…?
-… ¿cómo llegué aquí…?
-Bueno… -WuFei se sonrojó al ver el rostro somnoliento de Quatre. Al parecer él aún estaba cansado -te traje aquí… no despertabas así que te traje a la cama para que estuvieras más cómodo…
Quatre se sonrojó notoriamente y entonces recordó lo que había sucedido.
-¿Es muy tarde?
-¿Tarde?... te desmayaste… estás dormido hace tres días.
-¡¿QUÉ?!
-Es que… -WuFei se sentó en la cama cerca de Quatre, mientras este se acomodaba. Aún se sentía cansado y eso era demasiado extraño -Verás… mi antecesor me habló de ello, y yo pensé que me tomaba el pelo, pero será mejor tener más cuidado…
-No entiendo…
-Mi soledad se debe a que tengo un gran poder difícil de controlar. Si me ofusco demasiado, por cualquier razón, mi poder se manifiesta por sí solo… no logro controlarlo… y así pasa en cualquier otra situación "intensa"…
-¿Intensa?... entonces…
-Perdí el control y te viste afectado… - WuFei tenía una expresión que mezclaba el "perdóname" y "pero no me arrepiento" -fue una situación muy intensa y por eso perdiste el sentido… mi antecesor me había hablado de otros que aprovechaban su condición para hacer lo que deseaban, incluyendo tomar a cualquier persona que les atrajese… muchas veces aquello resultaba fatal, ya que ser tomado por un ser sobrenatural es mucho más extremo que estar con otro ser humano… y esa es justamente nuestra situación. No creo haberte hecho algún daño físico, pero aún así me asusté tanto al ver que no despertabas, que comencé a revisar el libro de hechizos en caso de encontrar alguno que me fuese útil…
WuFei comenzó a mostrar angustia frente a la idea de haberle ocasionado algún daño irreparable y entonces Quatre, comprendiendo lo que estaba pensando en ese momento, lo estrechó suavemente entre sus brazos y le acarició el cabello, soltándoselo un poco.
-Si vamos poco a poco, me acostumbraré… tú a controlarte y yo a resistir. No tienes que seguir buscando hechizos.
WuFei dejó escapar una leve risa y abrazó a Quatre de vuelta, sintiendo su corazón golpear con fuerza su pecho.
Estaba bien, estaba feliz. Las circunstancias eran extremas, ya que estaban los dos solos dentro de aquél mundo de vivos sin ser vistos, pero sabían que existían, ya que se tenían el uno al otro para comprobarlo y no necesitaban que nadie más les hablara de su propia existencia.
-¡¡Vamos Quatre!! Apresúrate…
La voz lo urgía a correr más rápido. Debía alcanzar pronto a su primo, o lo molestaría hasta el cansancio por ser algo más lento que él.
Se respiraba la primavera por todas partes. El bosque se mostraba más verde al paso de los días entregándoles frutos y refugio. Estaban en una zona boscosa en la que era difícil llegar sin ser detectado, por lo que las guerras casi no los tocaban. Con solo 6 años, Quatre había pasado tanto tiempo en medio de los árboles, de ese bosque, que era imposible para él perderse. Hacía dos años que sus padres habían muerto en una escapada, frente a sus ojos, por lo que ahora vivía con su tío y su único hijo, su primo Trowa.
Su tío y su primo eran iguales. Ambos tenían el mismo color de cabello castaño, los mismos ojos amables, la única diferencia entre ellos, era que Trowa lo cuidaba de sobremanera, no así su tío.
Trowa lo esperaba, haciéndole burla para que intentara alcanzarlo. Le gustaba jugar con él.
Ese día se la habían pasado buscando bellotas en un claro algo lejano de la aldea, pero no importaba. La brisa era exquisita, el sol se colaba entre las hojas y en algunos pequeños claros podían distinguir el cielo azul, muy brillante.
Corrían riendo, jugando, sin darse cuenta del efecto visual que estaban presenciando.
Los rayos de luz parecían sólidos. Como si fueran bastones luminosos. El aire era más denso y un extraño olor se intensificaba a medida que avanzaban.
Al llegar a su aldea, se dieron cuenta del gran alboroto que había. Gritaban la alarma de incendio y todos, absolutamente todos debían ir a ayudar a apagar el fuego, o los alcanzaría a ellos.
Trowa tomó la mano de Quatre y lo guió hacia donde se producía el fuego. Con gran rapidez los aldeanos botaron árboles, acarrearon agua y utilizaron tierra para intentar apagar el fuego, pero solo lograban contenerlo lejos de la aldea. A través del sonido del crepitar del fuego, se podía escuchar el llanto de los que habían quedado atrapados. Gritos de piedad a los dioses, de ayuda a quién pudiese ayudar, de perdón a quienes pudieran haber ocasionado algún daño… un fuego intenso, una contención intensa que duró cuatro días, dejó a todos exhaustos. Mujeres y niños habían ayudado curando heridos y alimentando a los que estaban ayudando además de crear turnos para así mantener el fuego a raya… se habían salvado pero no así el resto