Habían pasado pocos minutos desde aquel incidente, Karma le contó a Nagisa que había estado temblando por su ausencia, e incluso que no podía salir de la casa sin sentirse como un perro abandonado y ella solo se limito a reír un poco
- ¿Y eso porque? - pregunto el castaño, quien al parecer estaba en su salón de clases, sin embargo había estado ausente por problemas en su casa.
- Karma y yo no podemos estar alejados tanto tiempo, hemos estado juntos toda nuestra vida por lo que... - la chica se quedo en silencio al escuchar algunos murmullos
"¿Le han visto llegar? Estaba empapada, no me sorprendería que fuese una arrastrada" decían algunos "Ha llegado con el chico nuevo", "¿Creen que se haya metido con él?", "Es lo más probable", Nagisa solo bajo la mirada resignada y Karma suspiro, fue un suspiro audible y sonoro, lo suficiente para que las chicas dejaran de hablar y le mostraran su completo interés al pelirrojo
- Nagisa, ¿No odias a las personas que hablan mal a las espaldas de otras?- dijo con ironía, su mirada cobriza chocó con una azulina, perteneciente a una rubia - Yo las odio, y más cuando dicen ser tus amigos - agrego segundos después, y Nakamura salió del salón con la mirada gacha, probablemente llorando
- K-Karma.. - susurro asombrada Nagisa, con un pequeño sonrojo en sus mejillas > pensó mientras sonreía con más emoción y un poco de nostalgia
- ¿Chicos?, ¡Yuuma! - exclamo Hiroto al encontrarse con el castaño, ambos se abrazaron y los contrarios les miraron extrañados, ellos comenzaron a decir que eran amigos de la infancia, y comenzaron a entablar una conversación de ambas parejas
- Oh, ahora que lo pienso sería bueno ir a una cita doble - dijo Karma con burla - Nagisa podría ir con alguno de los dos y yo con Manami san - agrego y Nagisa le miro extrañada
- ¿A qué te refieres? - pregunto ella con un poco de preocupación
- ¿No te lo dije? ¡Cierto! Ayer te dormiste temprano y yo llegué un poco tarde - recordó Karma mientras se golpeaba la frente, y Nagisa supo a lo que se refería inmediatamente
- No nos fuimos juntos a casa, ¿Ahora son pareja? - pregunto Nagisa, forzando una sonrisa en sus labios
- Lo siento, hoy te fuiste temprano y no pude decirte - se disculpo Karma y Nagisa solo negó con la cabeza
- No te preocupes, todo esta bien - dijo mientras sonreía con un poco de emoción, fingida, por supuesto
Las personas cesaron de murmurar y Koro apareció en el salón, sorprendiéndose por la vestimenta de su alumna: Unas medias negras, un short azul marino que le llegaba a la mitad de sus muslos, una blusa de color hueso pegada al cuerpo con mangas largas y encima de esta una camisa de manga corta del mismo azul que el short, prácticamente llevaba puesto el uniforme de educación física de hace unos cuantos años. Su pensamiento le hizo sonrojarse.
- B-bien chicos, vamos a comenzar la clase - declara con nerviosismo aparente en su voz, los grupos de chicos y chicas se disiparon y fueron a sus lugares correspondientes, Nagisa le sonrió a su profesor y las clases comenzaron normalmente.
- ¡Bien ya es el almuerzo! - grito Yuuma emocionado al lado de Hiroto
- Lo siento chicos, quede con Manami, ¿Los veo luego? - pregunto Karma
- Claro, no te preocupes - dijeron los tres al unísono
- ¿Y bien? - pregunto Hiroto cuando Karma ya se había marchado
- ¿Qué pasa Hiroto-kun? - pregunto la chica mientras sacaba su almuerzo y caminaba al lado de ambos jóvenes
- Nagisa, sé que nadas mejor que nadie, pero hoy casi te ahogas en la piscina - dijo el rubio y Nagisa miro de manera acusadora al castaño y este solo rió nerviosamente
- Ayer.. Le mentí a Karma - susurro y los chicos le prestaron la máxima atención que podían otorgar
- ¿A qué te refieres? - pregunto Hiroto preocupado
- Yo... Fui al hospital - susurro y forzó una sonrisa - Al parecer ya no podré tocar el violín o nadar, mi hombro... Bueno, no sé exactamente lo que paso... - susurro con su voz apunto de quebrarse, y sin previo aviso, Yuuma y Hiroto la abrazaron, Yuuma no sabía mucho la importancia de esas actividades para ella, pero suponía que debía ser así, Hiroto por su parte, sabía lo bien que se la daba y lo mucho que le gustaba
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- ¿Karma? - pregunto Manami mirando al pelirrojo quien estaba algo preocupado, éste ni siquiera la escucho - ¿Pasa algo? - pregunto mientras pasaba su mano por la mirada perdida del chico
- Bueno... Siento que algo malo le esta pasando a Nagisa y eso no me deja tranquilo - respondió el chico mordiendo su pulgar
- Te preocupas mucho por ella, ¿No crees? - pregunto mientras bajaba su mirada un tanto triste
- Lo siento, prometo que no mencionare nada de ella en tu presencia de nuevo - dijo el chico algo arrepentido, la joven sonrió y comenzaron a hablar de temas triviales, pero ese amargo sabor no dejaba a Karma en paz, ¿Qué estaba pasando?, sentía una ligera opresión en el pecho, y una preocupación infinita.
// En el último periodo de clases, al término de la clase de educación física //
- Shiota-san, ¿Podrías ayudarnos a meter los cuchillos de goma?. pregunto una joven mientras se acercaba a la peliceleste, Nagisa la miro extrañada para después mirarla con una radiante sonrisa
- ¡Por supuesto! Es lo único que falta, ¿Verdad? - pregunto mirando la caja
- įSi! Muchas gracias - la joven se alejo y Nagisa se fue con una caja llena de cuchillos de plástico hacía el almacén de la institución, donde los dejo en una esquina no muy alejada de la puerta
- Perfecto - susurro mientras secaba una pequeña gota de sudor que bajaba por su frente, sonriente estaba apunto de salir del almacén, pero todo se torno oscuro, Nagisa con una gota de sudor frío corrió hasta la puerta e intento abrirla, más fue en vano su esfuerzo y comenzó a recordar los sucesos de su infancia - ¡No por favor déjenme salir! - gritaba a todo pulmón, con impotencia, con tristeza, con terror al pensar que estaba en aquel lugar, y comenzó a perder el aire - ¡Por favor! Deténganse, quiero salir, ¡Por favor! - gritaba y suplicaba
- ¡Te quedarás allí hasta que aprendas a NO ser una arrastrada con todo el mundo! - grito una de las chicas de su salón, no, sabía perfectamente quien era, Nagisa paro de gritar y se acurruco en una esquina del almacén, ocultando su cabeza en sus rodillas, sollozando sin derramar alguna lágrima, mientras que sentía como las heridas del pasado (literalmente) comenzaban a arder, los gritos, suplicas y sollozos comenzaron a invadir su mente, la sensación de cada cicatriz, cada herida, cada corte fue apareciendo en su piel, y en un último respiro antes de caer desmayada susurro con impotencia:
- Karma... Ayúdame… -