Capítulo 4

2424 Words
El avión aterrizó en Atenas, el día estaba soleado, mientras que en Minnesota debía estar aún de madrugada, Eros salió junto conmigo del avión y charlamos un rato, su beso no desaparecía de mi mente y cada vez que nos rozábamos aunque fuese accidente parecía ser como fuego para mí, tal vez era algo estúpido y era una atracción pasajera, pero con cada segundo que pasaba con él y que respiraba su mismo aire, se hacía más fuerte, más intensa, más palpable. Camino junto a Eros hasta las bandas de equipaje, el lleva su melena discretamente recogida, gafas de sol y un sombrero. -          Parece que fueras alguien importante y te persiguiera la prensa – digo en broma – No tienes idea – repone Eros, y en ese momento escucho el ladrido de mi chico, rápidamente voy hacía él. -          Eros, Eros, mi amor, lo siento, si, yo también te amo – digo una vez lo saco de su jaula y pongo su collar alrededor de su cuello y él lame repetitivamente mi rostro, caminamos juntos de regreso con Eros humano. -          Ey chico – dice Eros poniéndose a su nivel y acariciando su cabeza -          Andrea cariño, ¿estás lista? – dice mi tía acercándose a nosotros tres – Eros muchas gracias por cuidar de mi sobrina durante el viaje , toma esta es mi tarjeta por si quieres reunirte alguna vez con nuestra familia – dice la tía Eileen. Un par de hombres comienza a cargar nuestro equipaje, la tía Eileen, me hace un gesto de que me dará espacio para despedirme de Eros. -          Bien, ha sido un placer Eros, cuídate y gracias por todo – digo y el me besa por última vez como despedida – Recuerda nuestra salida por Atenas – dice y con una sonrisa me voy tirando del collar  de Eros.   EROS -          Tierra llamando a Eros, ey Eros oye – dice Nikos intentando llamar mi atención, parece que lleva un buen rato intentándolo. -          Lo siento, Nikos, no te había visto ¿ocurre algo? – pregunto y él sólo se sienta en la silla frente a mí observándome – Si que ocurre algo, algo pasó en América y no quieres contarme – dice -          No sé de qué hablas hermano – digo volviendo la vista al boceto del motor pare el nuevo auto – Bueno, yo hablo acerca de la diseñadora que encontraste por pura casualidad, ¿has logrado ingresarla a la compañía? – pregunta calmadamente. -          Ah, era eso, bueno, la invité a un recorrido guiado por las instalaciones de la compañía, será algo bueno que se enamore de la esencia de Onassis Motors, luego, ella tomará una decisión  - digo intentando ignorar el recuerdo de las risas, las sonrisas de Andrea, además de ese beso que nos dimos, y lo hago, intento borrarlo, porque simplemente no soy la clase de hombre que la colmaría de cosas románticas, no soy ese hombre y ella no sabe quién realmente soy. -          Eso es bueno, así que tu aplicas tus conceptos de marketing para reclutar a diseñadoras – dice con una sonrisa – No es eso, Nikos, ella es en realidad talentosa, actualmente trabajo en el diseño de un motor para uno de los diseños que me obsequió – digo, Nikos cruza sus piernas pensativo. -          ¡Vaya! Así que ¿son amigos? – pregunta y yo me encojo de hombros – Quizá, no lo sé – digo regresando a mi dibujo y Nikos comienza a hablarme de la expansión de su negocio al transporte aéreo. -          ¡Maravilloso! Enhorabuena Nikos, eso es una excelente noticia, así podré contar contigo únicamente como proveedor de transporte – digo a la vez que él se acerca, palmea mi espalda y dice – Tranquilo hermano, no hay que apresurarse, aún no han llegado todas las máquinas y quiero asegurarme personalmente de que todas sean seguras y funcionen de manera óptima – dice – Tienes razón – digo volviendo la vista al boceto del motor, borro unas líneas y marco las principales. -          Bueno, pero ¿qué te parece si vamos a comer algo para celebrarlo? Este sería un nuevo logro para ti – digo levantándome de mi escritorio sin esperar respuesta, mientras me pongo mi chaqueta y Nikos y yo salimos de la oficina hacía un restaurante situado, a las afueras de la ciudad.   […] Eros, Eros, ven aquí regresa – escucho una voz conocida proveniente del exterior del restaurante y al parecer mi observador hermano también la ha escuchado – Creo que alguien te llama, hermano – dice.   -          También lo creo – digo a la vez que doy un trago a mi copa de vino blanco. Justo en ese momento – Parece que no era a ti a quien llamaban después de todo – comenta Nikos observando por el ventanal del restaurante, como el can regresa obedientemente con su dueña. -          Que mal, después de todo no era a mí – digo y ambos reímos, seguimos tomando un par de tragos de nuestras copas, pero al levantar la vista… Andrea, lleva en brazos a un bebé mientras entra al restaurante seguida de Eros y un hombre bastante más alto que ella, un sentimiento extraño de agonía me embarga. -          Dylan ¿Dónde demonios dejaste a Ari? – pregunta Andrea mientras el hombre solo se ríe - ¡Relájate! Te dije que viene atrás con la tía Eileen, tú solo cálmate hermanita ¿ok? – dice y ella asiente. “Así que son hermanos” pienso con una sensación de calma inexplicable, entonces ambos caminan hacia una mesa cercana a la nuestra, mis ojos los siguen hasta donde ellos se sientan y continúan  su charla y Andrea aún embelesada observando al bebé  que lleva en sus brazos. -          Aún no me creo que estoy llevando en brazos al pequeño Matthias, es ¡tan hermoso! – dice y su hermano ríe – Oye, claro que es hermoso, es mi hijo de quien estamos hablando, ha heredado mi buena genética – dice y ella hace un gesto de estar pensando seriamente lo que dice su hermano. -          Oye, tienes razón, ¿por qué no lo había pensado? Obviamente es hermoso porque comparte mis genes – dice y su hermano lanza una carcajada – Pero que conste que yo fui primero – dice él – Pero, verás soy la última, así que la belleza genética de nuestros padres, se acumuló en mí, así que soy más bella - dice Andrea y su hermano se rinde dejándola ganar. -          ¿Verdad que si pequeño Matthy? La tía Dre es la más linda – dice haciendo que le pequeño bebé ría en sus brazos.   Nikos ve que observo con gran atención la escena que se desarrolla frente a nosotros y llama mi atención - ¿Los conoces? – pregunta y con discreción me aventuro a señalar a las personas de la mesa cercana a la nuestra – A ella sí, pero al hombre y al bebé aún no – digo y en ese momento una joven de la edad de Andrea entra al restaurante, seguida de la señora Morinakis y Theo Morinakis. La joven se acerca al hombre y le da un cariñoso golpe en su espalda – Dylan idiota, me diste un gran susto – dice y él la atrae a sí – Mi dulce Ari, como me encanta que te enfades – dice y la besa a la vista de sus familiares, haciendo que Andrea se sonroje a la vez que los señores Morinakis se sientan a su lado.   -          ¿No es ese el señor Morinakis? – dice mi hermano entre asombrado y curioso – Si, es él, no vayas a hacer una tontería – digo y él sonríe – Oh, no ni mucho menos hermano mío, yo tengo curiosidad por saber ¿Quién es esa mujer?  - dice señalando discretamente a Andrea. -          Ella es Andrea, la diseñadora de la que te hablé – digo y él la observa cómo sin poder comprender – Te hubiera creído que te acostaste con ella, pero no que fuera alguien tan talentosa – dice intrigado. -          Si, se ve mucho más joven de lo que es, pero es ella – digo, en ese momento, Andrea se levanta de donde está, deja el bebé en brazos de su tía y camina hacía nuestra mesa.   Lleva una falda corta, unas sandalias griegas, un croptop rosa y una chalina tejida en crochet, unos pendientes largos y el cabello recogido en una coleta alta con un par de mechones ondulados sueltos enmarcando su rostro, su labios llevan un color durazno y sus ojos están suavemente maquillados.   -          Eros – llama, pero su perro se pone en guardia, ella entonces comuna sonrisa se vuelve a él – No tú, mi cielo, ya regreso – dice y vuelve a caminar hacia la mesa – Eros, ¿eres tú verdad? – pregunta con una sonrisa.   Me levanto de la mesa con el mismo ánimo, y la abrazo sorprendiéndola con mi espontanea acción, y no sólo la sorprendo a ella, sino también a mi hermano. -          Andrea, que bueno verte pensaba en llamarte para hacer nuestra caminata por Atenas – digo y ella sonríe – Pensé que lo habías olvidado – dice y de repente me siento como un imbécil. -          No, no es eso, es sólo que hemos estado ocupados con el trabajo – digo y Nikos me mira extrañado como diciendo “¿Acaso no sabe que eres Onassis?” y yo niego, mientras la tengo sujeta por su cintura. Nikos se aclara la garganta, recordándome que no lo he presentado formalmente con Andrea, así que sintiéndome extrañamente vacío retiro mi brazo de su cintura y hago la presentación. -          Andrea, él es Nikos mi hermano mayor, Nikos, ella es Andrea, una amiga de América – digo y ambos terminan las presentaciones con un par de besos en cada mejilla.   Su tía se levanta de su asiento con el bebé en brazos – Eros ¿cómo has estado? – pregunta con una sonrisa suave en los labios – Muy bien, señora, encantado de verla nuevamente – digo y ella sonríe – Si, no es mucha molestia para ustedes ¿les gustaría que compartamos mesa? – dice y mira a mi hermano con una sonrisa, usted también joven Kiryakos, venga a comer con nosotros – dice. ANDREA La espontanea invitación de mi tía era un regalo para mí, quería saber más de Eros, pasar tiempo con él pues lo consideraba un buen amigo a pesar del poco tiempo que nos conocíamos, me encantaba la idea de poder compartir mi pasión y gusto con alguien que non me criticaba por ello, claro, era consciente que éramos prácticamente desconocidos, pero después de todo en la vida no hay nada seguro todo puede ser temporal o simplemente no dura mucho. Al ver a Eros sentías que su nombre le cazaba perfectamente, en la mitología griega, Eros era el dios del amor, regalaba amor a todo el mundo creyendo que solamente en no lo necesitaba, pero descubrió que sí lo necesitaba, pero su amor no se podía limitar a sólo una persona, eso no era justo, se supone que el amor NO es egoísta, pero extrañamente Eros sentía el egoísmo bullir en su interior un deseo de poseer y jamás soltar, pero si ello se volvía su debilidad cualquier enemigo suyo  lo usaría en su contra, así que por el bien de aquello prefería sacrificarlo a verlo perderse por un orgullo  vano, por supuesto, Eros o Cupido sólo era un mito y aunque estos muchas veces definen temores propios de nuestra naturaleza, Eros, el Eros real de carne y hueso de mi era, se veía demasiado seguro, demasiado orgulloso y demasiado él para permitirle a alguien tal poder. -          Y entonces Eros, ¿a qué te dedicas? – pregunta mi hermano Dylan, Eros se ahoga un poco con la comida en su boca y Theo y mi tía se miran como si ya lo supieran y entonces como un feroz felino acechando a su presa Eros mira a cada individuo en la mesa – Ehm, tengo un pequeño negocio de automóviles – dice con simplicidad y yo sonrío. Después de todo Eros y yo no éramos tan diferentes, pero la verdad es que sí lo éramos, su estilo de vida lo decía y aunque él lo sabía inexplicablemente no quería hacerlo tan evidente, Nikos Kiryakos, su hermano mayor era bien conocido en la industria del transporte marítimo, pero también por sus aventuras con muchas mujeres. Me levanto al ver a Giulietta entrar con su hijo Romeo – Giulietta, por acá – digo y noto como extrañamente Nikos se tensa en su asiento ¿acaso ocurría algo? No lo sabía, hasta que Giulietta llegó a nuestra mesa, sentó a su hijo y ella siguió sus pasos justo a su lado, era una joven madre soltera, habíamos ido juntas a la universidad y fuimos las únicas chicas de nuestra promoción, luego ella regresó a Italia para cuidar de su hijo. Nikos levanta la vista conectando con la de Giulietta, ella rápidamente atrae a su pequeño a su costado intentando ocultarlo y con una suave sonrisa  - Nikos, que gusto verte – dice – Giulietta casi son 5 años ¿no? – pregunta él y ella asiente soltando al pequeño Romeo, quien si lo detallas con gran atención te das cuenta de que es bastante idéntico a Nikos, entonces el ambiente parece volverse algo tenso alrededor - ¿Así que se conocen? – pregunto intentando calmar los ánimos, ambos asienten y así lo dejan parece que no ven necesario  usar palabras – Que pequeño es el mundo, ¿No les parece? A Eros lo conocí hace un par de semanas y resulta que mis tíos ya lo conocían a él y a su hermano – digo y hago que Eros, Dylan y Ariana rían. -          Bien, supongo que dije algo incómodo – digo y justo a tiempo llega lo que pedimos – Giulietta, no quise pedir por ti, pide lo que gustes por favor – digo con una sonrisa e inmediatamente hace lo que le digo.   Estaba claro que Nikos y Giulietta tenían una historia en común, una bastante complicada en la cual no pensaba intervenir, no era asunto mío y lo que sea que hubiera entre ellos era problema suyo, sin embargo, la aventura apenas iniciaba y el hecho de que yo me estuviera involucrando con Eros cambiaría mi perspectiva de las cosas.
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