6 de abril de 2020.
—Doctor, ¿cree que es conveniente despertar a mi hija sin haber pasado 48 horas? —cuestionó mi tío Alfredo.
Mis tíos llegaron bien temprano de Ibiza, fue un momento agridulce nuestro reencuentro debido a la situación por la que las tres familias estábamos atravesando, porque sin importar nuestra sangre o apellidos todos éramos uno solo, una hermandad.
—Debido a que la paciente no sufrió heridas visibles en el cerebro y su evolución estas horas ha sido favorable, vamos a dejar de sedarla para que poco a poco vaya despertando y ver como reacciona su cuerpo con ella despierta —explica el doctor—. Es importante hacerle saber que será un proceso de recuperación largo, deberá asistir a terapias para recuperar la movilidad en su pierna derecha, con su apoyo y su fuerza este momento solo quedará como un suceso más en su vida. Dependiendo como evoluciona una vez despierta será trasladada a habitación, quedará unos días hospitalizadas hasta que se encuentre recuperada para darle el alta —hizo una pausa y enfocó su mirada en mi tío Alfredo—. El hospital cuenta con tres excelentes fisiatras les pondré en con ellos para que comiencen a estudiar el caso de Mónica.
Me alejo un poco de ellos y voy a sentarme junto a Carolina, la mejor amiga de Mónica, gracias Dios ella no sufrió más allá de raspones y magulladuras. Me da una tierna sonrisa y suspira.
—Te juro que esto es lo más horrible que he vivido en mi vida —susurra con la voz apagada—. Casi muero cuando veo a Mónica tan… —se entrecorta al revivir ese momento, sus ojos se llenan de lágrimas inmediatamente.
—Caro, no te sigas torturando con eso —dije, coloqué una mano en su hombro para infundirle fuerzas y teniendo cuidado de no lastimarla—. Ya pasó, gracias a Dios ambas están bien, Mónica con mucha recuperación podrá ser la misma, podrá bailar, cantar y pasar horas hablándonos de sus autores favoritos —le infundí fuerzas—, ya lo veras.
Asintió.
Ese día en el hospital estábamos mis tíos Alfredo y Fernanda, tío Gael, Carolina, papá, mamá y yo. Los demás estaban descansado y en la constructora. Alguien debía cuidar por los negocios de la familia y más en este momento, por lo que entendí ayer, tenían en su cartera a clientes millonarios con proyectos innovadores.
Mi teléfono vibró en el bolsillo delantero de mis jeans, imaginé quien podría ser y sonreí, porque ese era el efecto que causaba en mi el “cantantucho” como lo apodó mi familia. Me levanté y me dirigí hacia un ventanal que mostraba parte de l ciudad, saqué mi teléfono y en efecto era él.
Guz: ¿Cómo sigues Cariño? ¿Cómo está tu prima?
¿Más tierno? Creo que… imposible, eso era lo que más me gustaba de Guzman, sus detalles, por muy insignificantes que pudiesen ser.
Le marqué enseguida.
—Hola bebé —saludé con la mirada en el exterior, encerrándome en una burbuja —. ¿Cómo te fue anoche en el concierto?
—¡Bebé! —exclamó, por su tono de voz pude sentir que estaba un poco agitado —. No he dejado de pensar en Mónica y en ti, ¿Cómo están?
—Pocahontas se está recuperando, gracias a Dios no pasó a mayores, pero tiene inmovilizado un brazo, una pierna y algunas costillas rotas —dije, todo eso sonaba tan crudo, tan cruel—. Pero se va poner bien, se que si, mi Moniquita es lo más fuerte que he conocido —todos nos repetíamos eso como un mantra—. Mejor cuéntame, ¿Cómo te fue anoche?
—Bebé la fanaticada estaba enloquecida, todo fue una chimba de bien, como diría Balvin —dijo mi amor emocionado.
Esos momentos y logros me hacían sentir orgullosa de él, porque sabía todo lo que tuvo que luchar para que hoy esté donde esté, no será el duro en el género de Reggaeton y Bachata, pero Guzmán es un excelente cantante y su voz se amolda a la mayoría de los géneros musicales.
Escucho voces y gritos al fondo. Definitivamente algo está pasando donde Guzmán. Y le pregunto.
Silencio.
—Hey brother, ¿Me estas hablando en serio cabrón? ¿No me estás cayendo a charlas? —escucho su voz lejana y a Peter, pero no logro entender de lo que hablan. Un segundo, dos segundos, tres segundos… un minuto —. Mi amooorrr.
Alejo mi teléfono celular al escuchar su efusiva y la algarabía de su alrededor. Por lo menos me tranquiliza saber que es una buena noticia, porque si no lo fueses estoy segurísima que no estaría así de contento mi moreno.
—¡Haré una colaboración con Karol G! —hasta yo pego chillidos, las personas de mi alrededor me ven como si me hubiese vuelto loca, llevo mi mano libre aún sin poder creerlo—. Mamacita me vas a dejar sordo —comentó sonriendo.
Yo no dejaba de dar brincos, sin duda esto era una oportunidad maravilloso para su carrera. Karol G es una cantante colombiana que estaba despegando en el mundo del reguetón, ha hecho colaboraciones con Balvin, Maluma, Anuel entre otros cantantes del género.
Me gustaba mucho esa cantante, porque a millas se le notaba su talento y las ganas de echar para adelante, además que se le veía la humildad y no como otros cantantes que en cuanto comienzan a despegar se olvidan de dónde vienen.
—Mi amor estoy tan feliz —comenté mientras me recostaba de una columna —. Se que ambos harán un trabajo increíble y me moriré de los celos al saberte al lado de ella.
—Mamacitaaa, si sabes que solo soy tuyo —mi corazón aleteo y a la misma vez se encogió, porque era conocedora que no respondía a sus sentimientos con la misma intensidad —. Te quiero mi vida.
Cerré los ojos y me lo imaginé aquí conmigo, seguro me tendría entre sus brazos y su olor varonil inundaría mis fosas nasales. Solo me bastó pensar en eso, para que un perfume en especial destacase de todos los olores de aquel pasillo.
Lo ignoré, porque tal vez la imaginación me estaba haciendo una mala pasada.
—También te quiero cariño —susurré aún con los ojos cerrados—. Amor debo cortar, pero en un momento te escribo por w******p.
Después de lanzarle un beso colgué la llamada y abrí los ojos, la luz me encandiló, me enderecé y por encima del hombro mi mirada se encontró con unos ojos cafés que conocía muy bien.
Quedé en stock.
Se suponía que él se encontraba en la constructora con mis hermanos y hoy no iría al hospital. Pero está visto que no. Aún no me acostumbraba a su presencia y debía hacerlo, por el bien de todos.
—Gustavo —saludé por no ser descortés. Sus ojos estaban fieros y su mandíbula recta. Estaba molesto, todo su cuerpo lo gritaba.
Era él.
Era él ese olor que percibió.
Con los ojos cerrados y la mente ocupada aún su cuerpo seguía reconociendo a ese hombre sin necesidad de verlo.
—Ali —gruñó. Fruncí el entrecejo, ¿Y a este qué le pasaba? Pero todo eso pasó a un segundo plano, porque mi corazón se agitó enloquecido, tum…tum..tum…
Moví la cabeza para pasar por su lado y deshacerme de olor tan varonil que prometía obnubilarme los sentidos.
—¿Podríamos hablar?
—Creo que lo estamos haciendo —respondí lo obvio. Ni loca me quedaba con él a solas.
—Alaska, por favor —suspiró con pesar —. Sabes a lo que me refiero, necesitamos hablar.
Ja.
Mis cojones que necesitábamos hablar.
—Gustavo, por Dios —paré su acercamiento con mi mano, muy mala elección porque todo mi cuerpo vibró con su toque—. N-no tenemos nada que hablar, deja el pasado donde pertenece.
Cómo alma que lleva el diablo pasé por su lado, pero igual me alcanzó para susurrar a escasos centímetros de mi boca.
—No puedes huir eternamente de mi Ali, creo que ya lo haz hecho mucho tiempo.
Eh …Eh…
Mierda.
Me zafé de él y corrí hacia donde estaba nuestra familia. Sabía que si me quedaba con él intentaría algo, y yo no tendría la fuerza necesaria para frenarlo y huir.
Suspiré al llegar nuevamente al lado de Carolina, me senté y despejé mi mente. Era lo mejor.