2. Gustavo

1946 Words
4 de abril de 2020. A tan solo un día de su gran gira por América latina, el exitoso puertorriqueño Guzman González es visto la pasada noche en Miami International Airport. Lo que llamó la atención de sus fans es que no fue visto en compañía de su pareja, sino de una mujer rubia y en posturas muy comprometedoras, las imágenes fueron difundidas mediante i********: donde se puede observar como el boricua tiene en sus brazos a la desconocida, otra nos muestra el momento exacto cuando le deposita un beso en los labios. Estas fotografías no hacen más que dejarnos con muchas interrogantes que solo el cantante nos puede responder. ¿Dónde está Alaska Labrador? ¿Quién es la misteriosa mujer? ¿Se acabó el amor entre la diseñadora argentina y el cantante puertorriqueño? ¿Por qué justamente es visto un día antes de su gira? ¿Infidelidad a la vista? Estaremos muy alerta a sus movimientos, para comunicarles como es nuestro derecho. Además, debemos señalar que no es la primera vez que capturan al boricua en compañía de otra fémina, pues en enero del presente año fue visto con una pelirroja. No te pierdas ninguna noticia del cantante del momento y estén atentos a nuestras plataformas. Las r************* se encontraban inundadas con una foto de mía, pero en versión rubia. La rabia subió por la boca de mi estomago al leer aquello. Los medios no se cansaban de encontrarles pareja a Guzman. Respiré profundo. Aquello no era motivo para amargarme el día. Debía sonreír y seguir adelante, a pesar de que me encontraba super cansada. Pasar once horas y media en un avión me resultaron agobiantes, extenuantes, por eso cuando toqué suelo bonaerense miré al cielo y sonreí. Al fin. Me parecía que nunca íbamos a llegar. Pasar por inmigración fue tedioso, como en todos los países, ahora me encontraba esperando mi equipaje y con Sebastian Ingrosso y Tommy Trash amenizando mis oídos al ritmo de Reload, dejando de lado los malos pensamientos. When the night become the day They're sending you far away So so far away When everything start to fade You don't have to be afraid No you don't have to be afraid Take my hand and Reload This is free love That's what we are made of Yes we are, are, are... Reload This is reload That's what we are made of Yes we are, are, are... Agarré mi equipaje y me dirigí a la salida. Respiré profundo al salir del aeropuerto, nadie me estaba esperando. No le había dicho nada a mis hermanos para no tenerlos encima; en estos momentos necesitaba descansar, dormir largo y tendido, recuperar energías y después visitar a mi familia. Los cabellos se me despeinaron por la brisa, estábamos en otoño. Se veían de ese tono naranja que acostumbraba cuando estábamos en esta estación. Vi los taxis y decidí tomar uno hasta mi departamento. Allí nadie me molestaría, nadie sabía que seguía manteniendo mi departamento al norte de la ciudad. —Señor, por favor me lleva a las Barrancas de Belgrano. Media hora después estaba frente al edificio donde se encontraba mi departamento. Pagué la carrera, con mi equipaje me dirigí a entrar. —Buenos días señorita, disculpe, ¿Espera alguna persona de este edificio? —me preguntó quién deduje era el conserje. —Buenos días señor... —hablé, vi su chapita y añadí— Gómez. Me dirijo hacia el último piso. Su ceño se frunció. —Lamento informarle que ese piso no está habitado —habla con pesar—. Tengo entendido que su dueña está fuera del país hace mucho. Por lo que no le puedo permitir que suba. Sonreí. Pobrecito. Estaba haciendo muy bien su trabajo, de seguro en estos seis años que estuve fuera cambiaron muchas cosas. —No se preocupe —le dije mientras sacaba mis llaves del bolsillo—. La dueña la tiene ante usted, mucho gusto Alaska Labrador. Le tendí mi mano. Se ruborizó. —Oh —estaba anonadado el pobre hombre—. Disculpe señorita Labrador, no teníamos conocimiento que se encontraba en el país —apenado me devolvió el apretón—. Un gusto poder conocerla, vamos señorita, le ayudo con estas maletas. 5 de abril de 2020 Me desperté por el sonido de mi celular. Maldición, ¿Quién me llamaba? Aún sin levantarme de la cama tantee con la mano toda la cama, ¿Dónde estaba el jodido celular? Me levanté adormilada mientras seguía sonando. Lo localicé en la mesita de noche. Mierda. Guzmán. Se me pasó llamarlo el día anterior. —Hola bebé—saludé aceptando la vídeo llamada. Estaba en el autobús rodante, eso podía ver a través de la pantalla. —Nena, me tenías preocupado. Desde anoche no contestas mis llamadas —dijo tenso. Se pasó la mano por sus rizos y continuó—. Estuve a punto de llamar a tu familia para que me dieran razón de ti... —Imagino que no les marcaste, ¿Verdad? —interrumpí. El sueño se había ido de golpe. Me miró contrariado. —Por tu pregunta he de imaginar que no saben que estás en Buenos Aires —a lo lejos alcancé a ver a Peter y venía hacia Guzmán—. ¿Dónde te estás quedando? Porque puedo ver qué estaba muy cómoda durmiendo y yo con las bolas en la garganta por no saber de ti. —Guzman, vamos a parar un rato —anunció Peter—. Hola Alaska. Lo saludé con el mismo cariño que él a mí, se fue y dejó solo a mi chico. —No has respondido mi pregunta. —Vale, vale. No te molestes— pasé una mano por mis cabellos enredados—. Estoy en mi departamento. —¿QUÉ? ¿DEPARTAMENTO? —grita fuera de sí—. ¿Tienes un departamento y me lo ocultaste? Vaya que sí. —Bebé —susurré, las aletas de su nariz se abrían y cerraban—. Cálmate Guzmán. No le vi importancia, ¿Para qué iba a decírtelo si no íbamos a venir? No tenía sentido amor. Silencio. —Alaska debo dejarte, pero por favor no te pierdas nena. Me vuelve loco pasar tanto tiempo sin saber de ti —dijo un poco más calmado—. Cuando nos veamos tendremos una conversación pendiente. —Vale, bebé —antes de colgar le pregunté nuevamente—. No llamaste a mi familia, ¿Cierto? —No, pero ganas no me faltaron amor. Te quiero. —Y yo a ti. Me tumbé en mi cama después de la vídeo llamada. En cinco días sería mi cumpleaños. Debía aparecer en la mansión de la abuela lo antes posible. Mi teléfono volvió a sonar. Se me hizo extraño ver un w******p de Talía. Debes volver lo más pronto Argentina. Eh... El corazón se me puso a mil, mi prima cuando hablaba en esa tónica es porque algo más estaba pasando. Le marqué. —Alaska —sus sollozos se escuchaban de fondo —A-alaska. Mi cuerpo tembló, ¿Qué estaba pasando? —Prima —hipeaba. ¿Qué mierda estaba pasando? — mi hermanita, Alaska, mi hermanita. Mónica. Mi mundo se tambaleó. Todo dentro de mí se oprimió. —¿Qu-ué le pasó a Mónica? —tartamudeé la pregunta. Las lágrimas invadieron mi rostro. No puede ser. No puede ser lo que estoy pensando. —RESPÓNDEME —grité fuera de mí. A Mónica no podía pasarle nada malo, era como mi hermana, nos criamos juntas, nos enamoramos juntas, incluso tuvimos nuestra primera borrachera juntas. —Tu-uvo un acci-iddente. —¿Dónde están? ¿Dónde la tienen? —Alaska —escuché la voz de Leonardo, mi otro primo y hermano de Talía y Mónica—. Talía no se encuentra bien en estos momentos. Todos estamos preocupados por la salud de mi hermanita. De toda la familia Leonardo tenía el don de permanecer impasible ante los sucesos más trágicos. Por eso su voz se escuchaba neutral. Cómo si no le importara, pero sabía que por dentro se estaba cayendo en pedazos. Los conocía demasiado bien. —¿Dónde la tienen? —pregunté por segunda vez—. Llegaré en seguida. —La tenemos en el Hospital Británico —En seguida me levanté de la cama, abrí el armario para ponerme lo primero que encontrase—. Tranquila Alaska, igual te va tocar 12 horas llegar, cuando llegues seguro Mónica va estar divirtiéndonos. —lo decía para converse él mismo, para convencerme a mí —. Te quiero prima, nos vemos aquí. Me quedé estática. Miré varias veces mi celular sin poder creerlo. ¿Me había dicho te quiero prima? ¿Qué? Leonardo nunca ha sido de mostrar sus sentimientos hacia las personas, y si lo ha hecho es porque está muy mal. Seguro necesita sentirse seguro consigo mismo. Con lo primero que encontré en el armario me vestí, agarré mi cartera. Tomé el teléfono y marqué un número que me sabía de memoria. —Humberto, no tengo mucho tiempo —le indiqué—. Estoy en Argentina y necesito salir de emergencia. ¿Cuál de mis coches demora menos en ponerse en marcha? —esperé la respuesta y dije—. Perfecto, gracias por cuidar de ellos y por tu discreción con mi familia. Tomé las llaves de mi Audi A4 y salí del departamento. En estos momentos estaba maldiciendo vivir en el último piso, yo y mis alturas. El ascensor parecía que no bajase, me estaba comenzando a desesperar. ¿Qué tanto podía demorar en bajar de un piso 12 al sótano? Las lágrimas corrían por mis mejillas, necesitaba salir inmediatamente de aquel ascensor por eso cuando escuché las puertas abrirse salí corriendo a mi plaza. Desactivé el seguro y lo prendí enseguida. Me esperaban 40 minutos de carretera y de angustia. Antes de salir del edificio le envié un audio a Guzmán contándole lo sucedido para que no se mortificase si no le respondía el celular. Mi cabeza era un hervidero de preguntas y se nervios, ¿Cómo pudo suceder aquello? Le daba las gracias a Dios encontrarme en mi ciudad. Rogaba al señor que no le sucediese nada a mi prima. La familia no podría pasar por una desgracia, no, mi tía o lo superaría. Respiré con alivio cuando divisé el hospital, estacionarme fue lo de menos. Salí corriendo en dirección a la entrada. Por Dios, no me podía imaginar cómo estarían todos dentro. Si mi cuerpo corría por inercia, porque yo sentía que en cualquier momento me podría derrumbar. Pregunté en información. —¿Dónde se encuentra Mónica Pedraza? —Esa es información que no le puedo dar sin saber si usted es familiar, ¿es familiar de la paciente? —Síí —dije en un murmullo. —Está en quirófano, sus familiares están en la sala de espera. ¿Quirófano? ¿Qué coños le había pasado? ¿Tan mal estaba? —Señorita, ¿se encuentra usted bien? Asentí. —¿Dónde está la sala de espera? —En primer piso, el ascensor se encuentra al final del pasillo. Salí como un torbellino en esa dirección, necesitaba cuánto antes una explicación. Necesitaba saber, qué había pasado. Me paralicé cuando a mis espaldas escuché su voz ronca. —¿Alaska? Me volteé para corroborar mis sospechas, ¿De todas las personas que me podría encontrar tenía que ser justo él? Nos quedamos viendo sin decir nada, sin asimilar lo que estábamos viendo. Después de seis años estaba frente al hombre que destrozó mi corazón. Lo miré sin poder creerme lo que estaba pasando. Los años parecían no haber pasado por él, seguía igual de guapo y alto. —Gustavo
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD