3. ¿Estabas en Argentina?

1192 Words
Mi cerebro sufrió un cortocircuito después que dije su nombre. No dije más nada, solo me quedé allí, viéndolo. Examinándolo de pies a cabeza como cuando era adolescente. Los segundos pasaron, o tal vez fueron minutos. No sé, me desconecté del tiempo hasta que él habló. —¿Estabas en Argentina? ¿Ah? —Lo pregunto por lo rápido que llegaste — respondió a mi cara de desconcierto Lo detallo bien, sigue haciendo ese gesto en la cara cuando algo no encaja. Sus ojos azules parecen envolver todo a nuestro alrededor. Odio estas reacciones en mi cuerpo, porque a pesar de los años y de querer a Guzmán, él sigue generando emociones en mí. Eso me hacía sentir frustrada, ¿Cuándo por fin me iba a olvidar de él? Nos quedamos en silencio en medio del pasillo, ambos viéndonos. Yo sin saber que decir, y él… la verdad es que no sabía que podía estar pensando ese imbécil. Me envaré cuando escuché a mis espaldas una voz dulce. —Gustavo, nos están esperando —ante mi tenía a una reconocida modelo en Buenos Aires. En ese momento quise salir corriendo y caerle a puñetazos, la rubia se volteó hacía mí y con desdén preguntó — ¿Y tú quién eres? Uy… El calorcito que recorrió mi cuerpo al escucharla no era nada bueno. Inhalé y exhalé para no montar un espectáculo. Allí lo importante era Mónica y no el mujeriego con su modelo. No le pensaba contestar, solo me di vuelta para seguir mi camino y reunirme con mi familia. Me necesitaban, y yo los necesitaba a ellos. —¿Acaso no sabes quién soy yo? —cuestionó incrédula, sí. Sabía quién era ella, pero no me daba la regalada gana de reconocerlo. Levanté mis hombros en señal de fastidio y me volteé sin importarme la cara de imbéciles de aquellos dos. Le di varias veces al botón del ascensor y esperé que llegara, abrió sus puertas, entré y presioné el piso uno. Cuando el ascensor estuvo a punto de cerrar sus puertas apareció Gustavo en compañía de la modelo, hice como si no existieran, en este momento de vida existen cosas más importantes, como Mónica. La tensión se respiraba, pero eso no me importaba la verdad, me daba igual. Llegamos al piso 1 y salí primero que ellos, sacando el teléfono de mis pantalones, marqué el número de Leonardo. —¿Estás en Argentina? —fue lo primero que preguntó por el código del país. —Estoy en el piso uno, ¿Me podrías venir a buscar? —le dije, a mi vista solo tenía muchas habitaciones y el stand de enfermeras. Y ni loca le iba a dirigir la palabra a Gustavo, no mientras se encontrase con esa indeseable. —En seguida. Divisé a mi primo en el pasillo, y caminé en su dirección… aunque… caminar no sería la palabra adecuada, más bien corrí. Cuando lo tuve enfrente todo dentro de mí se paralizó, Leo no Lucía bien, su semblante se veía abatido. Siendo el vivo recordatorio del porqué nos encontrábamos en este hospital. Por un segundo Gustavo me había hecho olvidar donde nos encontrábamos, aliviando un poco mi dolor al desviar mis pensamientos, pero al estar frente a Leonardo me hizo darme un golpe contra la realidad. Las lágrimas inmediatamente acudieron a mí, esto no podía ser posible. Mónica no sé encontraba grave. Mi primo me tomó entre sus brazos, dándome un abrazo fuerte. Consolándonos, sollozamos juntos. Producto de las miles de emociones que esa situación nos estaba haciendo sentir. Pasamos varios minutos abrazados hasta que escuchamos la voz de Talía. —Ala, ¡No puedo creerlo! —exclamó impresionada —. Estás aquí, estás aquí, prima. Me separé de Leo, para ir a los brazos de mi hermana de corazón y prima de sangre. Las dos nos abrazamos fuertes y lloramos. Lloramos por reencontrarnos después de tanto tiempo y lloramos por hacerlo bajo esas circunstancias. Por el rabillo del ojo, vi a Leonardo hablando con Gustavo y la modelo, como el arquitecto le palmeaba el hombro a Leo. Me di cuenta en ese momento que Gustavo también tenía un semblante decaído. Y es que no podía olvidar que todos crecimos juntos, que ellos nos vieron nacer, y vieron cuando nuestros tíos trajeron a la familia a Talía y Mónica Mi tía debido a una complicación en el parto de Leonardo no pudo seguir quedando embarazada, por lo que optaron por la adopción. Dándole oportunidad de tener una mejor vida a Talía y Mónica. Entre los unos y los otros nos aprendimos a querer y a cuidar, sin hacer distinción de colores o rasgos, todos nos amamos por igual, incluyendo al idiota de Gustavo. Más lágrimas siguieron cayendo de mis ojos, mientras su mirada azulada me evaluaba. La modelo también la vio y pareció comprender quién era ella. —Todo estará bien —susurré—. Pocahontas estará bien, ya verás que ella saldrá de esto. Me alejé de los brazos de Talía. Quería saber qué es lo que realmente había sucedido. —Tengo muchas dudas y preguntas en mi cabeza —susurré. Le dediqué una mirada mis primos—. ¿Cómo sucedió el accidente de Mónica? ¿mis tíos lo saben? ¿dónde están mis hermanos? Fue Leo quien aclaró todas mis dudas, Mónica fue atropellada por un vehículo que se salió de control. Se encontraba con su mejor amiga saliendo de una librería cuando un auto perdió el control y subió a la acera. Fue Mónica quien se llevó la peor parte, a su mejor amiga la tenían en la sala de emergencias haciéndole algunos estudios, como la editora estaba en sus cinco sentidos se encargó de llamar a la familia Pedraza, Labrador y Arteaga. Mis tíos se encontraban de regreso a Buenos aires, estaban de vacaciones en Ibiza, mis padres y mi hermano Carlos estaban en el cafetín y mi hermano Enrique venía en camino. —¿Y los abuelos? —nadie los había mencionado. —Están en casa junto a Gael, todos estábamos en la constructora cuando recibimos la llamada, inmediatamente le indicamos al hospital donde debían trasladarla y el tío Gael, se encargó de llevarse a los abuelos —respondió Thalía. Me vio con el ceño fruncido, ató cabos y preguntó lo que no le había respondido a Gustavo y Leonardo—. ¿Estabas en Argentina? Pues… claro que lo estabas, por el tiempo que tardaste en llegar puedo asegurar que te encontrabas en tu departamento, ¿de verdad estabas aquí y no pensabas decirnos nada? Ahora la atención de todos estaba puesta en mí, cuatro pares de ojos me observaban a la espera de mi respuesta. Me puse nerviosa, porque no sabía que responder. Sí, los primeros días pensé en ocultarme de ellos, pero después me acabé diciendo que iría a visitar mis abuelos en los días siguientes de mi llegada. Cuando me armé de valor y fui a responder escuché la voz de mi hermano Carlos. —¿Alaska? —preguntó sin poder creer que me tenía frente a sus ojos. oder creer que me tenía frente a sus ojos.
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