Me encontraba frente al edificio que con tanto sacrificio les costó construir a mis abuelos, tíos abuelos y tíos. De ese edificio ahora era parte de mis hermanos, mis primos, de Gustavo y mío. Porque ese era nuestro legado, legado que transfeririamos a nuestros hijos. Esa sensación de confort que me embargaba cada vez que estaba en la constructora me inundó. Estaba en casa, desde pequeña corría por los pasillos dándole dolores de cabeza a mis padres y mis abuelos. Jugando con Mónica, pero cada uno eligió una profesión diferente a lo que hubiesen elegido nuestros padres. En el caso de Mónica era profesora, pero en sus venas como en las mías corría la arquitectura. Y en mi caso me había decidido por el diseño de interiores, que estaba relacionado a lo que mis hermanos se dedicaban. Ell

