3- Nuevas amistades

1720 Words
[QUENTIN E ISABEL] [ISABEL] Una semana después: 15 septiembre Una semana ha pasado bastante rápido, y entre tantas cosas por hacer tanto en la casa como en mi negocio de “Amistoso Menú” hemos descuidado un poco el salir a relajarnos o convivir con algunos de nuestros pocos amigos, por lo que hoy el plan es ir a visitar a los nuevos padres, a Keira y Dane que amablemente nos contestaron el regalo que les enviamos con una invitación a su casa para que conozcamos el bebé, así que iremos por la tarde cuando Quentin regrese de la oficina y deje a Lea en casa de su amiga para ir.  Sin saber que ponerme, tomo a Adelaide entre mis brazos y me veo frente al espejo, al parecer la cicatriz de mi pierna ya va desapareciendo cada vez más y pudo al menos utilizar uno de mis tantos vestidos para los que no encuentro ya lugar en el clóset.  —¿Crees que mamá necesite otro closet? — Le pregunto a mi hija que en seguida me dice con la cabeza que no.— Bien, porque seguro tu padre me lo regala. — Bromeo.  Para ser sincera, estoy un poco nerviosa, ya que aún no me acostumbro a las amistades de Quentin y sobre todo cuando yo sé que no vengo del mismo mundo del que ellos vienen, constantemente mi seguridad me salva, pero aún tengo un poco de miedo cuando debo visitar a alguna mujer como Keira, por lo que el cambio de vestidos y conjuntos es en verdad constante. Finalmente, escojo un pantalón de vestir de color n***o y una blusa blanca de manga larga y escote en V que me queda genial y satisfecha tomo a mi hija que juega sobre la cama y bajo las escaleras al escuchar que Quentin ha llegado a casa y ahora habla por teléfono, lo encuentro tomando un  poco de whisky.  —¿Un día pesado? — Le pregunto mientras corta la llamada al verme entrar y sonríe. —No tienes idea, pero ya se arregló por completo, te ves guapísima.—  —Este fue el conjunto número cien que me puse, espero que esté bien para la visita de hoy.— Le comento un poco tímida.  —Relájate Isa, es una visita normal, no vas a ir a cerrar un negocio, no creo que Keira en este instante quiera hacerlo, todo saldrá bien.— Contesta Quentin mientras carga a Adelaide entre sus brazos—¿Nos vamos?—  —Vamos.— Contesto en un suspiro y juntos salimos de la casa para subirnos a la camioneta.  Momentos después llegamos a una hermosa casa de dos pisos con arquitectura moderna y bastante sencilla por tratarse de una mujer con tanto dinero como Keira Olavarría, supongo que esto me hace sentir un poco más tranquila ya que la mujer pareciera ser sencilla a pesar de todo. —¿Estás diciendo que Dane la rescató? — Pregunto a Quentin.  —Sí, ahora entiendo lo que Del Moral decía, en verdad está hermosa.—Contesta. — Si tú me dices le digo que nos haga una casa nueva.— Bromea.  —¿Para qué quiero tener dos casas? Con una basta y lo sabes, pero tal vez la casa de las montañas sí, no sé, creo que ya deberíamos de venderla.  —Hoy no hablaremos sobre eso, hoy conoceremos a un bebé.— Toma a Adelaide entre sus brazos.— Vamos hermosa, tal vez hoy hagas un amigo nuevo ¿quieres? Y tal vez su padre te diseñe una casa de muñecas tan enorme que parezca una segunda casa.— Comenta viéndome y yo simplemente me río mientras muevo la cabeza en negación.  Ambos bajamos de la camioneta y yo tomo a Quentin de la mano mientras él en el otro brazo trae a nuestra pequeña y sonriente niña que está en la expectativa de entrar al lugar, mi esposo hace que Adelaide toque el timbre provocando una risa y después de unos momentos abre el esposo de Keira, Dane, que nos recibe con una sonrisa y completamente impecable, al parecer los primero días de un bebé no son para él un problema.   Él viste un pantalón semi formal color n***o con una camiseta tipo polo color blanca de manga corta que lo hacer ver elegante, pero al mismo tiempo muy sencillo —Bienvenidos, pero pasen por favor— Nos pide abriendo un poco más la puerta dejando ver el interior de la casa, la cual sigue con el estilo del exterior. Sus pisos son de mármol color blanco que hacen ver todo el lugar más amplio de lo que es y muebles de estilo nórdico que van a la perfección no solo con el estilo de la casa, pero también con la iluminación natural y artificial de la misma. —Esperamos no llegar tan temprano.— Digo.  —No, no para nada, llegaron justo a tiempo.— Contesta Dane con una sonrisa.— Y ¿quién es esta hermosa bebé? — Pregunta al ver a Adelaide.  —Es nuestra hija pequeña, Adelaide.— Contesta Quentin orgulloso.  —Claro, ahora lo recuerdo, la hemos visto en la fiesta, es hermosa, muchas felicidades. Déjenme y le digo a Keira que ya llegaron, está con el niño en el cuarto— Nos explica.—Pónganse cómodos, pasen a la sala.  Observamos a Dane subir las escaleras mientras nosotros caminamos disfrutando del piso de mármol blanco hacia la hermosa sala que hay en medio del lugar y nos sentamos en el amplio sofá. Comenzamos a observar la exquisita decoración que hay en el lugar como todo es tan perfecto y bien situado que siento que a mi casa le hace falta organización.  —Es más sencilla de lo que crees.— Me murmura mi esposo al ver que sigo nerviosa.— Jamás te había visto así Isabel, tú no eres insegura.  —Es porque jamás habíamos tenido amigos así, la mayoría de las veces yo soy la única mujer y cuando estamos con del Moral es diferente, pero es Keira, he escuchado tantas maravillas de ella que no sé por dónde empezar.— —Estoy seguro que ella también ha escuchado maravillas sobre tí.— Y me cierra el ojo haciéndome sentir mejor.  De repente, escuchamos el sonido de unos tacones provenientes de la escalera que sigue con el mismo tipo de diseño que el suelo del salón, y la imagen que aparece frente a nosotros me hace sonreír. Dane es quien carga al bebé protegiéndolo de todo y ella baja detrás suyo y pareciera ser que él también la protegiera a ella —Buenas tardes, bienvenidos— Nos saluda y al poder verla mejor, me doy cuenta de que la elegancia forma parte de ella. Viste un pantalón blanco de tiro alto con botamanga ancha, con una blusa de color negra sin mangas que hace que su pantalón sea el que resalte completamente junto a sus tacones —Perdón por la tardanza, pero mi vida hace una semana se ha revolucionado por completo— Se excusa y se acerca a mi —Isabel, que gusto verte nuevamente y disculpas por habernos ido de la fiesta de esa manera, pero mi marido tenia razón, era un riesgo ir a una fiesta tan cerca de la fecha del parto— Comenta y me saluda con dos besos como si nos conociéramos de toda la vida y luego hace lo mismo con mi esposo —Quentin, un placer verte de nuevo— Le dice.  —No te preocupes, sabemos que estas situaciones no se pueden detener, la mía llegó por la tarde pero fue toda una mañana, se tomó su tiempo. Esperamos que el regalo que te enviamos te haya gustado, a mi me sirvió bastante cuando nació Adelaide.  —Por supuesto que sí, muchísimas gracias, me ha servido mucho, aunque admito que aun creo que soy una mala madre… esto no es nada fácil, pero afortunadamente Dane ha estado leyendo tanto acerca de bebés que parece una enciclopedia— Bromea y él encoge sus hombros. —Un mal común cuando tienes que saber si o si lo que te espera— Se defiende haciendo que todos riamos de su justificación.  — El único consejo que te puedo dar, después de criar tres hijos, es que no todo es como en los libros, la mayor parte es intuición y lo que sigue son horas de preguntarte ¿Qué es lo que tiene? — Bromea Quentin.  —Y eso no le falta— Comenta su esposo.  —¿Puedo verlo? — Pregunto y Dane me lo pone sobre los brazos y sonrío al ver a un hermoso bebé profundamente dormido. — Es precioso.— Le comento mientras Adelaide lo ve junto conmigo en los brazos de Quentin.  —¿Qué puedo decirte, soy su madre? te diré que es el más hermoso del mundo así como tú lo dices seguramente de tu hija— Responde sonriente y asiento. —Los padres nunca seremos neutrales— Añade Dane. Con cuidado vuelvo a poner el bebé esta vez en brazos de Keira y ella de inmediato sonríe nerviosa, algo muy normal en los padres primerizos, recuerdo que yo tenía la misma expresión cada vez que cargaba a mi hija en brazos y me preguntaba cómo el experto Quentin lo hacía.  Los cuatro nos sentamos sobre los sofás y nos perdemos en conversaciones acerca de la paternidad cuando de repente un hombre bastante alto entra a la casa y Keira de inmediato lo mira —¿Todo en orden Javier?— Le pregunta un tanto preocupada y él simplemente se acerca a ella con un sobre en la mano.  —Siento interrumpirlos, pero dejaron esto para usted, lo entrego un niño, dijo que una mujer le pidió que trajera esto aquí— Explica. Noto como el rostro de Keira se transforma por completo mientras que le pasa el bebé a Dane para poder tomar el sobre y cuando lo abre me doy cuenta de que algo no está bien —Busquen al niño y que intente describir a la mujer— Le pide al hombre y mi esposo se le queda mirando como preguntando qué ocurre aquí y por su expresión creo que no le agrada mucho lo que está pasando.
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