Episodio sin título

1013 Words
Novela registrada ante derechos de autor, reservados todos los derechos. Código de registro 2405057877076 Nota: el siguiente capítulo puede resultar sensible para algunas personas debido a su contenido violento. recomendo discreción al leerlo y recuerden que es una historia de ficción. Aurora estaba en shock. No podía creer lo que veía. Congelada por la impresión, no se dio cuenta de que su esposo se colocaba detrás de ella, hasta que la abrazó tiernamente, mientras dejaba un rastro de besos apasionados en su cuello, hasta que llegó a su oreja susurrándole: - ¿Te gusta amor? -. --------- Se sentía estúpida. Ella se imaginó por un momento algo diferente y, a pesar de convivir con ese hombre todos los días jamás se le pasó por la mente algo así, aunque en algún punto de su matrimonio, sí llegó a pensar que su esposo parecía disfrutar del dolor de otros. ¡Qué corta se quedó con esa idea! Pero sin importar qué, no podía demostrar ni desprecio por él y mucho menos repulsión, porque ese sería su fin, así que decidió decir una verdad a medias: —No entiendo, ¿qué es este lugar y por qué ese hombre está así? —contestó Aurora mientras su esposo seguía abrazándola por la espalda y besándole el cuello, hasta que la volteó para poder ver su rostro. - ¿Sabes algo? Jamás me planteé la idea de traerte aquí, pero no lo sé, de pronto me resulta excitante, cariño. Dijo William con esos ojos azules y fríos como el hielo, que, en ese momento, parecían irradiar alguna aura oscura, mientras observaba a su esposa que parecía tranquila, ante la escena de un hombre amarrado a una cruz y derramando sangre. No pudo contenerse; parecía que ese lugar era su elemento, uno que lo hacía librarse de la máscara que se puso ante la sociedad, pero ahí, en medio del dolor ajeno, la sangre y el miedo que su adorada hada intentaba ocultar, no pudo sentirse más feliz y por ello la besó con ansiedad, como si supiera que todo terminaría muy pronto. Su buen ánimo aumentó cuando su esposa le devolvió el beso. Cuando por fin se separaron, comenzó a explicar todo. —Mandé poner un sillón con alfombra para ti, amor, siéntate, hoy conocerás otra parte de mí, pero no me interrumpas, no hagas ruido, solo disfruta—. Aurora asintió sin decir palabra alguna porque su garganta estaba seca. Cuando por fin notó el sillón, se dio cuenta de que no estaba tan lejos de la cruz; su cuerpo se estremeció, pero obedeció a su esposo y se sentó. Cuando ella por fin se acomodó, William se acercó al hombre de cabello oscuro y volteó a ver al encapuchado, que de inmediato le proporcionó unos guantes negros. En cuanto se los puso, tomó la cabeza del individuo y la azotó contra la madera de la cruz de manera violenta. Aurora se sorprendió y saltó por el miedo, pero su esposo no lo notó porque acababa de entrar en el frenesí de la adrenalina por lo prohibido. La cabeza del hombre rebotaba en la madera, una y otra vez. William no estuvo satisfecho hasta que escuchó un crujido y la sangre caía como cascada del cráneo… Y ese fue el comienzo. El asistente sin rostro de William puso una pequeña mesa con diferentes instrumentos a disposición del torturador. Sin decir nada, solo tomó un látigo, con púas en la punta, que sirvió para abrirle el pecho con la carne que salía volando cada vez que los picos de las púas se incrustaban en su piel, ante el horror de Aurora, que solo podía desear que aquella persona muriera pronto. Pero el espectáculo continuó; tomó una navaja grande y gruesa que sin piedad alguna enterró en el ojo izquierdo de su víctima, que dio un grito tan desgarrador que ni Dios podría haberlo ignorado, pero eso no evitó que su torturador siguiera enterrando la navaja todavía más profunda, y girándola bruscamente, la sacó llevándose con ella el ojo que William tomó para meterlo en su boca, mientras su asistente, preparado en todo momento, se acercó para cocerle de manera despreocupada la boca, como si se tratara de algún pedazo de tela. Mientras William preparaba su acto final. —Amor, acércate. Aurora, impactada por todo lo que acababa de presenciar, tardó unos segundos en darse cuenta de que su esposo le decía que se acercara a él mientras extendía su mano hacia ella, que temerosamente se levantó, dándole la mano. Y una vez más, abrazándola por la espalda, le dijo: —Amor, estás muy fría, necesitas entrar en calor-. -Hace frío aquí —alcanzó a responder tímidamente Aurora. —-Enciende la fogata- que mi esposa tiene frío-. Al instante, la orden fue cumplida y el hombre que regresó de la inconciencia solo pudo emitir gritos ahogados de dolor y miedo que salían de su garganta, pero que terminaban en unos labios sellados que no volverían a hablar jamás. Aurora observó como el fuego consumía la carne de aquella pobre alma que cometió el error de toparse alguna vez con William O'Connor Norman. Y no sintió asco ante el olor de la carne quemada o el hecho de que descubriera el particular gusto de su esposo. Sintió dolor. Dolor por esa persona que conoció en sus últimos y crueles instantes de su vida. Sintió dolor por su propia vida y porque comprendió que no podía recibir ayuda de su hermano y su cuñada, porque de pensar que acabarían así, Aurora no se lo podría perdonar jamás. Vio abrirse su pecho ante la agonía de dejar a su hermano atrás para huir sola, y continuar con su vida o ser ella la que matara al demonio que llamaba marido. Y para sobrevivir seguiría actuando, hasta el día de su partida, porque viva o muerta acabaría con el último O'Connor de una dinastía sangrienta. Nota 2: No se pierdan el siguiente capítulo que continúa con estos momentos tensos. ¡No se olviden de seguir esta historia y a mí en Dreame!
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