CAPÍTULO 2. SEGUNDO DÍA Conocía que ya sólo me quedaban dos días antes de tener que dejar la ciudad, y eso que ayer había hecho más bien poco, únicamente subirme a un autobús para recorrer sus calles y conocer el lugar. Ahora me quedaba lo más difícil, tocar al mayor número de personas, antes de marcharme, para que los efectos que sobre las personas se produce, se expanda como si de un virus se tratase, pero esta vez sería un virus positivo, de felicidad. Sabía que mi misión era importante, y que el tiempo jugaba en mi contra, así que salí del motel y me dirigí hacia la parada del autobús, después de esperar un buen rato sentado, pasó un obrero que iba andando con la llanta de una rueda y me dijo, ―Espera usted en vano, ¿no se ha enterado de la manifestación?, tiene cortado todo el cen

