Tras saludarla me dirigí al cuarto de mi hijo, donde se pasaba las tardes. Aunque no había quien le vigilase sabía que por la noche antes de cenar le preguntaría sobre las tareas que le habían mandado en clase y revisaría si lo había hecho bien. Por lo que él se repartía el tiempo como quisiera entre los estudios y el descanso, si quería podía realizar los estudios seguidos y luego pasarse la tarde jugando. Cuando llegué estaba coloreando un cuaderno, viéndome entrar se sorprendió y miró a un reloj por si se le había hecho tarde sin darse cuenta y dijo, ―Mamá, ¿qué haces a estas horas?, ¿estás bien? ―Perfectamente, únicamente he venido a verte antes, para saber cómo estas ―contesté con una sonrisa. ―Bien, gracias, pero vete que te van decir algo en el trabajo ―dijo apurado. Aquello me

