Pensé que sería imposible, pensé que jamás volvería a pasar, verlo dormir así en la misma cama que yo, lo imagine, lo desee tantas veces que no creo aun que sea posible, lo veo allí, con todo y su pijama aun así se ve perfecto para mi, pero ya no es el mismo, ni siquiera a la hora de dormir puedo reconocerlo.
Brinca y tiene una especie de espasmos mientras duerme y me asustan, eso sin contar que cada vez que tiene esos espasmos involuntarios me presiona con fuerza y es doloroso.
Levanta la manga de su bata despacio, descubre grandes moretones en su brazo, levanta la manga de su otro brazo y está igual.
Se que no lo ha hecho a propósito, sin embargo prefiero que él no lo vea, porque seguramente ahora sí se negara a dormir conmigo y no quiero. Cada vez que cierro los ojos siento que al abrirlos me despertaré en una realidad en la que el no exista y no quiero hacerlo.
Al asomarse por la ventana puede ver a todas las personas de seguridad rondando el lugar, todo vuelve a su cabeza, la explosión, el secuestro, su duelo, las lágrimas no tardaron en salir.
Tocan la puerta y ella no tardó en asomarse no sin antes secarse las mejillas y fingir una sonrisa somnolienta.
─Buen día señora. ─dice Miriam con una sonrisa en su rostro y un par de sobres manila. ─le traje un par de cosas que estaban en la casa del bosque, ya fue revisada por los señores de seguridad. ─señala la entrada.
─Gracias. ─la abraza sintiendo alivio por fin de verla. ─pensé que no vendrías, yo no sabía qué hacer.
─Estoy aquí para ayudarla señora, ayer se me informó que el dia de ayer tendría visitas y que no requerían de mi, por eso llegué tarde, pero a partir de ahora estaré todo el tiempo con usted. ─advierte. ─le prepararé el café al señor, ¿usted desea algo?
─Lo agradesco. ─toma sus manos. ─pero... con algo de fruta estaré bien.
─Está bien, iré a preparar el desayuno. ─dice dándose la vuelta enseguida.
Camina de regreso a la cama, pero antes de tocar la cama Alejandro abre los ojos.
─¿estás despierta?, ¿hace cuanto que lo estás?... ─talla sus ojos y su rostro a su vez que se levanta.
─Un par de minutos. ─se acerca a la cama y lo abraza antes de que el pueda levantarse. ─quedémonos aquí... ─hace un puchero manteniéndolo preso de sus brazos.
─Debemos levantarnos, el médico enviará un terapeuta para la terapia. No sé si realmente lo necesito o no, pero haré todo lo que sea necesario para volver a la normalidad y estar bien para nuestros hijos.
─Solo un par de minutos, solo un par... ─insiste dejando su cabeza caer hacia atrás.
Solo por un par de segundo, por ese par de segundos, todo a su alrededor se desaparece, tener a su esposa colgando de su cuello, con sus delicados y labios rosas, suplicando un par de minutos más en la cama.
Con una mano apoyada en la cama, y la otra sosteniendo a su esposa por la espalda, dejando sus manos al aire mientras se inclina y besa su cuello.
Toda la piel se eriza, es imposible que no pasará en los dos al mismo tiempo. Sentir la dulce y suave piel de los labios de él, la hizo estremecer hasta la médula, se deja caer sobre la cama mientras él la llena de caricias y besos.
─Estoy enorme... ─suspira avergonzada.
─Eres perfecta. ─la besa apasionadamente, y no es sino hasta que ella cierra los ojos, que él se quita la camisa y a ella la ropa.
Cada vez que ella intenta acariciar partes de su cuerpo donde hay cicatrices, él toma sus manos y la limita, lo que a su vez, limita que ella disfrute el sexo como debería.
Ella intenta disfrutar cada momento, cada segundo con su esposo, pero él la limita a tal punto que ya no siente satisfacción, pero calla, intenta seguirle el paso, pero él lo nota.
─Lo siento. ─se cubre con la sábana avergonzada.
─No lo hagas. ─intenta quitarle la sábana, pero está aferrada a ella. ─amo tu cuerpo exactamente como es, no quiero que lo cubras...
─Y yo te amo, pero cada vez que intento tocarte, tu... ─mira sus manos. ─me detienes y... si es por mi barriga, si sientes que no te atraigo o... si ya no sientes lo mismo... ─cubre totalmente su cuerpo con la sábana y camina a la ducha. ─lo entiendo, se que podrías no sentirte cómodo con mi barriga, pero no puedo evitar sentirme así... ─dice mientras su voz se quiebra y entra a la ducha.
No es su barriga, no es ella, el problema es él, aunque ha intentado dar ese paso con ella, después de verse frente al espejo, después de ver todas las cicatrices que tiene en su cuerpo se siente avergonzado, pero el ver que ella también se siente avergonzada por su barriga, lo hizo sentir como un idiota, sobre todo por hacerla llorar. Entonces ya su vergüenza no importa, su dolor vergüenza o cualquier sentimiento en él ya no importa, solo ella, es lo único que le importa.
─No eres tu. ─dice abriendo la puerta, pero sin mirar directamente a Evelyn. Misma puerta que es de cristal.
─No tienes que decir nada, ya no importa. ─dice cerrando la ducha. ─¿me pasas la toalla, por favor? ─pregunta sin abrir la puerta.
Alejandro se para de pie en la puerta, cierra los ojos y la abre muy despacio.
Evelyn se cubre el cuerpo tanto como puede, pero al ver a Alejandro y con los ojos cerrados se detiene.
─¿que haces? ─abre del todo la puerta.
─No eres tú. ─se quita la camisa. Ella no dice nada, pero se puede escuchar el aire que sale de su boca por el asombro, lo que él no puede ver, son las lágrimas de sus ojos. ─es mi cuerpo, y todas las cicatrices que ahora me cubre... ─balbucea arrugando el entrecejo mientras se quita el pantalón.
─No había visto tu cuerpo así, yo no lo sabía... ─acaricia sus mejillas, y él abre los ojos.
─Amo tu cuerpo, en las formas que tome, siempre sigas siendo tú, lo amo. Y te deseo... ─susurra en sus labios.
─Pensé que mi barriga y lo enorme que es... ─evade su mirada. ─las líneas que aparecen sin parar bajo mi vientre y mis senos...
─eres una persona extraordinaria... ─se arrodilló frente a ella. ─creas vida y has resistido todo sin importar nada, y continuas siendo perfecta. No toda mujer puede crear vida y tu lo estás haciendo excelente con tres.
Un par de pasos dentro de la puerta, termina de quitarse el pijama, toma las manos de ella y las coloca en su pecho, donde tiene un par de cicatrices.
─Si no puedes lidiar con esto, lo entenderé, pero no creas ni por un segundo que no te deseo, porque lo hago, cada segundo, respiro por ti y eso no va a cambiar.
─Nada de esto es tu culpa...
─Eres mi esposa, la madre de mis hijos. Si no eres feliz, si no te sientes deseada o amada, es enteramente mi culpa y lo lamento. ─acaricia su vientre con delicadeza antes de levantarse.
─¿Caerás de rodillas ante mi cada vez que me sienta vulnerable?.. ─bromea viéndolo levantarse.
─me tienes a tus pies desde que te conocí... ─sonríe.
─te deseo... ─lo atrae a ella, tras un fugaz beso es él quien cae de rodillas frente a ella, jugando con sus manos, sus labios y su intimidad, haciéndola estallar de placer, soltando gemidos que son callados por ella misma, hasta que el la calla con besos, pero es inútil, ya que los gemidos de placer continúan por un largo rato, al igual que el agua cae en la ducha empañando hasta los espejos de fuera.
─No puedo creer que hiciéramos todo ese escándalo. ─sonríe avergonzada, cubriendo su rostro con la toalla.
─Te amo, y no quiero verte llorar, no puedo. ─la abraza con ternura.
─No eres tú, es este embarazo, me pone sensible con todo, y no lo puedo controlar. ─se justifica viendo lo imponente y sexy que se ve de espaldas a ella.
─No tienes que hacerlo. ─se gira y la abraza. ─El embarazo no durará toda la vida, solo es un proceso, y yo haré lo que pueda para hacerlo menos difícil...
─Entonces... ¿lo hiciste solamente por eso? ─balbucea avergonzada.
─¿crees que haría todo eso. ─señala la puerta de la ducha. ─¿si no lo disfrutara?. Señora Jerome, la deseo de una manera inaudita, la amo de maneras que aún no se han inventado, y no. No lo hice por eso, disfruto cada segundo contigo, y todo lo que pasó allí fue únicamente porque te deseo y te amo. Eres perfecta para mi.
Tocan la puerta y nuevamente es Miriam.
─Señor. La terapeuta que fue enviada por el médico lo está esperando, y ya fue revisada por seguridad. ─dice con discreción.
─Saldremos en un par de minutos, dígale que me espere en la habitación de terapia, primero desayunaré con mi esposa. ─sonríe y ella asiente.
Lo que Evelyn no sabía ni había imaginado, que la terapeuta que le recomendaría, sería la misma que antes le habría dado terapia a Jack.
Tan pronto como terminaron de desayunar, Alejandro estaría en la habitación de terapia con aquella mujer.
─Buen día señor Jerome... ─tiende su mano, pero Alejandro no se inmuta. ─seré su terapeuta a partir de ahora, y hasta que su recuperación sea completa. ─avergonzada retrae su mano.
─No me gusta el contacto físico. Cualquier instrucción será limitada con dos metros de distancia. La única manera en la que puede dirigirse a mí, es como el señor Jerome, además de decirle que todo lo que vea al cruzar la puerta es confidencial. ─advierte tajante.
─Si señor. ─dice retrocediendo un par de pasos.
Evelyn ni siquiera tuvo necesidad de abrir la puerta o entrar, la voz de Alejandro es fuerte y gruesa, imposible de no escucharse. Sonríe recordando la advertencia de Alana mientras entra en la habitación.
─¿Todo bien? ─pregunta mirando a la terapeuta.
Ciertamente es como se lo ha dicho Alana, es hermosa, un cuerpo envidiable, pero lo único que no puede ver es la actitud coqueta. Después de todo, es obvio. La mirada fulminante de Alejandro, su entrecejo arrugado el verla, lo hace ver como un amargado.
─Claro que si. ─cambia su expresión por completo. ─solo le daba un par de indicaciones a la terapeuta, aunque esperaba que fuera un terapeuta. ─dice siendo arrogante.
─Señora Jerome, es un gusto conocerla. ─tiende su mano. ─felicidades... ─sonríe amable clavando su mirada en el vientre de ella.
─lo mismo digo, espero pueda ayudar a mi esposo. ─lo ve con disimulo.
─Haré todo lo que esté en mis manos... ─suelta su mano y antes de salir de la habitación que fue preparada para sus terapias, Evelyn pasa la mano de ella por el pecho de su esposo, dejando ver su enorme anillo de diamantes.
─Estaré en el jardín, pero de ese lado. ─señala la ventana de vidrio que da al jardín.
Alejandro asiente acariciando la mejilla de ella, pero antes de que se vaya, se inclina a ella y besó su vientre.
─Sean buenos con mamá. ─susurra haciéndola sonreír.
Tan pronto como sale de la habitación, la terapeuta se acerca con el límite que le ha dado Alejandro para darle la terapia.
─Se ve que ama mucho a su esposa. ─balbucea intentando hacer conversación, pero él la ignora.
La primera terapia es un poco complicada porque el aún limita sus movimientos, pero no tarda en ponerse al corriente, sin perder de vista a su esposa, quien está en el jardín sentada tomando un jugo.