Alba hace reflexionar a Emma

989 Words
—¿Y qué piensas hacer exactamente? —Alba miró a su amiga con preocupación, le parecía que ella estaba tomándose las cosas muy a pecho. —Aún no lo sé por completo —le respondió Emma— Es que de repente me encontré con toda mi vida sin sentido y ahora me gustaría iniciar algo nuevo, ¿No te parece? Alba lo pensó tan solo unos segundos, y como ella siempre había sido una mujer sumamente franca decidió seguir siéndolo aunque a su amiga no le sonara muy bonito. —Pues, no me parece —dijo con voz clara y fuerte. Emma se le quedó mirando sorprendida y con los ojos muy abiertos, no esperaba que su amiga fuera tan cortante, ella sabía que Alba era una mujer muy sincera y quizás dado era lo que ella necesitaba escuchar en esos momentos, pero realmente no se lo esperaba. —Pero, ¿Por qué dices eso? —preguntó con la mirada llena de asombro. —Lo digo porque no me parece correcto, ni justo, que salgas huyendo como si hubieras cometido un crimen —le dijo reafirmando su punto de vista. —¡Es que no fue justo lo que le hice a Ryan! —dijo ella con algo de desesperación. —¡Pero si tú no le hiciste nada! —la voz de Alba subió de tono, incisiva y fuerte —Dejé de amarlo —dijo como si le estuvieran desgarrando el corazón— ¡Y encima me enamoré de otro hombre! —hizo una breve pausa para luego continuar— Y como si eso no fuera suficientemente malo me vine a enamorar de su mejor amigo. —Eso no es un crimen, Emma —dijo rotunda— El amor no es un crimen, y además, Ryan se volvió bastante insoportable después del accidente y no le importó todo lo mal que te trató e incluso lo mal que trató a Luciano, y eso lo sé porque yo estaba allí. —Pero eso no justifica… —Ay por Dios, Emma! —dijo interrumpiéndola— Por supuesto que no es justificación, ¡pero ni tú ni Luciano necesitan justificarse! Ryan se había abandonado a sí mismo y él sabía que no ibas a ser feliz con él nunca. Emma se sorprendió por esa declaración, pero algo en ella tenía sentido, si no era así entonces por qué Ryan había insistido en que fuera feliz, pero sin embargo el sentimiento de culpa no se extinguía, a pesar de los razonamientos, a pesar de las verdades como un puño, a pesar de la lógica avasallante del sentido común, el corazón de Emma sangraba por la culpa y ella sabía, al igual que Alba también lo sabía, de que hasta que ese sentimiento no se erradicara de su alma jamás se permitiría ser feliz con nada no con nadie. —Sé que tienes razón, amiga —le dijo a Alba— Pero es tan difícil sacarme este horrible sentimiento que tengo dentro. Alba la miró con comprensión, su mirada se suavizó y su voz sonó dulce y serena cuando le habló de nuevo. —Te entiendo amiga —le dijo con dulzura— Creo que no hay nadie sobre la tierra que pueda comprenderlos, a tí y a Luciano, mejor que yo. En especial porque conocí a Ryan y estuve lo suficiente al lado de él para ver en el terrible ser en que se había convertido, sino no hubiera necesitado tratamiento psiquiátrico y psicológico, y yo creo que allí él se dió cuenta de que no iba a poder ser feliz él mismo y mucho menos iba a poder hacerte feliz a tí. Emma se quedó pensando en las palabras de su amiga, sabía que tenía razón pero el sentimiento de culpa no se iba tan fácilmente. —Creo que quizás debí hablar con Luciano antes de salir —dijo con la mirada reconcentrada como si estuviera analizando un grave problema— Pero me conozco, amiga. No hubiera resistido si él me hubiera insistido para que me quedara y tampoco hubiera podido evitar sus besos y caricias, me hubiera entregado, eso lo sé —unas lágrimas rebeldes brotaron de sus ojos— No llegamos más lejos porque Luciano siempre se controlaba, porque si hubiera sido por mí hubiéramos llegado hasta el final… ¡Y eso me duele tanto! —Tranquila, amiga — le dijo Alba colocando su mano sobre el hombro de Emma— Sé lo que sientes, y quizás sí, debiste avisarle, que l pobre anda como desesperado preguntando por ti a todos los conocidos. Emma abrió los ojos como platos, tenía tres días en el apartamento de Alba en Nueva York y no te iba idea de que Luciano estuviera buscándola de esa manera. —¿Desde cuándo sabes eso? —la voz le salió con un marcado acento de preocupación. —Al día siguiente de que llegaste Luciano me llamó para preguntarme por ti —le dijo Alba mirándola a los ojos— Y antes de que preguntes te diré que no quise decirte nada porque estabas demasiado tensa y preocupada. —¿Y tú qué le dijiste? —preguntó preocupada —Le dije que tú me habías llamado esa noche —Emma se envaró al escuchar eso— Tranquila —le dijo al ver el gesto de preocupación en su cara y la postura tiesa que había adquirido su cuerpo— Y que no sabía nada de tí, que pensabas estar alejada por un tiempo de todo el mundo, ¿Y en eso creo que no me equivoqué, ¿Verdad? —No, no te equivocaste —dijo, suspirando al mismo tiempo de que relajaba su postura— Y quizás deba mandarle un mensaje para que no me busque, apagué el teléfono desde que salí de Alabama y hasta ahora no lo he encendido —dijo ruborizándose por la pena, como una niña que ha hecho una travesura.
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