Los que saben callar también sangran

1366 Words

El olor cambió. No en mi habitación, ni en los amplios pasillos donde los nobles se pavonean como si la piedra no les conociera los pecados, sino más cerca, más abajo, en las tripas del castillo, en los cubículos donde los caballos respiran y la paja cruje bajo las botas, algo se pudre. Lo supe antes de que alguien lo dijera, lo supe cuando caminé entre los pasillos y el aire me supo a carne muerta, a humedad con historia. El hedor no era accidente, eraa llamado. Guillaume, lo encontraron. No fui testigo del grito, ni del gesto asustado del peón que lo vio primero, pero bastó con cruzar la mirada con un soldado en los pasillos para entenderlo. Él bajó los ojos, yo no pestañeé, no porque no me afectara, sino porque ya me había pasado lo peor, y si algo he aprendido en este lugar de título

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