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524 Words
Puedo sentir su m*****o palpitando en contra de mis muslos desnudos, no hace falta decir nada más. Toma mi trasero con gracia, movimientos envolventes me hacen suspirar. Sus manos exploran mis pechos, mis pesones están erectos. Me toma de la cintura, estoy frente a el. Quiero besarlo pero niega. “No…”, murmura y lo miro con intriga. “¿No?”, quiero saber con intriga. “No doy besos en la boca…” Esas palabras me confundes, sin embargo el deposita sus labios en mi cuello. Cierro los ojos, me muerdo los labios, al sentir su aliento fresco en mi piel cálida. ¿Acaso estoy enloqueciendo? ¿Por qué hago esto? “Relajate..”, susurra en mis oídos, muerde mi lóbulo. Mi cuerpo obedece. Mis manos se enrozcan en su nuca, lo acerco mas a mi. Nuestros ojos se encuentran. Veo un brillo extraño en ellos. Siento que me parecen conocidos. Decido omitir aquel sentimiento, bajo la mirada. Levanta mi barbilla, vuelve a presionar sus labios en mi cuello. Pero sus besos bajan, me toma de la cintura, obligándome a acercar mis pechos a sus labios. Son tibios, mis pezones están atrapados en ellos. Comprimo mis labios, para omitir un gemido. El mordisquea, acaricia y succiona mi pecho derecho. “Oh…” Sigue con el otro, para no dejarlo celoso. Sus anos no se agotan y terminan, en mis piernas desnudas. Pero no se conforma y sigue subiendo hasta mi zona intima. Corre con lentitud, mi ropa interior de lugar. Deja acceso libre a sus dedos curiosos. Comienza a acariciar mi botón palpitante, aunque quisiera negarlo estoy ansiosa. Nunca había hecho esto. Yo… Yo soy virgen. Tengo tanto miedo en ese momento. Pero él es un experto, nunca nadie, había acariciado mi zona prohibida de esa maner, ni siquiera yo. Era la primera vez, que sentía ese contacto tan intimo, tan cercano. Mis ojos se cristalizan, pero los escondo, detrás de mis parpados. El introduce un dedo en mi cavidad y gimo. Abro los ojos sorprendida, disfrutando su cercanía. “¿Estas bien?”, indaga. Asiento porque es la verdad. Nunca había sentido un placer tan extraño, él sigue tocándome con lentitud, introduce otro dedo. Bombardea mi interir, sin dudarlo un solo segundo. Comprimo mis piernas alrededor de su brazo. “Tranquila…”, sus palabras suaves, logran relajarme. Muerdo mis labios, por el placer que siento. “Mas…”, pido tímidamente. El me mira sonriente y asiente. “Como usted ordene…” Escucho el sonido de un cierre, y para mi sorpresa, algo mas duro y grueso entró en mi cavidad. Oficialmente había perdido la virginidad, y no me dolía como había escuchado. Creo… al estar muy lubricada eso no era posible. “Oh…”, pedí mas, en su oído. Las lagrimas se mezclaron con el sudor, el me tomo de la mano y besó el dorso. Sus ojos me transmitieron confianza, y me pentr… hasta que mis piernas se debilitaron, dejo de sostenerme de la cintura dejándome caer. Temblaba entera. “Excelente… estas contratada”, recuerdo aquellas palabras y lo triste que me sentí.
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