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903 Words
Me encuentro en el ascensor llorando. No puedo creer lo que he hecho. Me miro en el reflejo, me siento tonta. Lloro amargamente hasta que las puertas del ascensor se abren. Me quito las lágrimas. Pero al menos estoy feliz, voy a poder pagar las deudas que tenemos con mi papá. Incluso la casa que estaban a punto de arrebatarnos. Necesitábamos tener un lugar donde poder estar juntos. Lo primero que hago es tomar las boletas vencidas y voy a pagar una a una. Siento un alivio enorme al darme cuenta de que no tenemos deudas. Llego a casa y mi padre está cocinando algo a pesar de estar enfermo. A él le gustaba mantenerse activo. Mis miedos y arrepentimientos se desvanecen en el momento en que él me mira. “Cariño, aquí estás", comenta, y yo lo abrazo. “Hola, papi". “¿Cómo te fue en la entrevista?", pregunta. Yo le había dicho que había pasado la entrevista en una empresa muy importante. “Muy bien. Ya me contrataron", comento con una sonrisa. “Eso es genial hija” “Pero no solo eso, pa. Me dieron un adelanto para poder pagar las deudas. Les expliqué mi situación y me entendieron", comento emocionada. “¿Estás segura?", pregunta no muy convencido mientras prueba la comida. “Estoy segura", respondo. “Entonces hay que festejar, cariño. Pon la gaseosa en el congelador para que esté bien fría", sugiere. Le hago caso, abro la heladera y tomo la única gaseosa que habíamos guardado para un evento especial. No éramos de tomar alcohol, sino que nos gustaba mucho la gaseosa. Preparo la mesa y nos sentamos a comer. “Estoy muy orgulloso de ti, hija", comenta, llenándome de emoción. Aunque su sonrisa rompe mi corazón en mil pedazos, porque si supiera la verdad, no estaría para nada orgulloso de mí. Con una sonrisa falsa, me siento, y empezamos a comer. Cuando cae la noche, lloro. Me siento tan miserable que no puedo soportar el dolor y la decepción que causaré a mi padre. Pero al menos pude ver después de haberle comprado los medicamentos que necesitaba, que él pudo dormir tranquilo en la noche. Con esa sonrisa, cerré la puerta y me recosté. Lo más importante es él, pensé hasta quedarme dormida. Al día siguiente, tenía que ir a ese lugar. Mi jefe me había enviado un mensaje. O mejor dicho, mi padrino. Suspiro, no tengo mucha ropa linda, a decir verdad estábamos muy pobres y yo en parte me había cansado de ser pobre, de trabajar tanto y no conseguir nada, de no poder progresar. Aunque sea con esto nuevo que tengo, quiero terminar de pagar la casa y que sea mía y de mi papá. No tener que ir cada mes a pagar una hipoteca que no termina nunca. Me coloco un vestido de color rosa palo, ajustado en la cintura y que llega por encima de mis rodillas. Pongo zapatillas blancas cómodas y me voy. Mi padre ya se ha ido al hospital para hacerse la quimioterapia, y yo tengo que ir a trabajar. Incluso le pagué un chofer para que lo lleve. Sino, como siempre, tenía que estar acompañándolo yo. Pero ahora me toca trabajar, entre comillas. Tomo mi bicicleta, mi fiel compañera desde que papá se enfermó. Tuve que vender mi vehículo, aunque él se sintió muy culpable por eso ya que yo lo amaba. Había estado trabajando durante dos largos años, sin gastar un solo peso, para poder comprarlo. Pero no me importaba, lo más importante era la salud de mi papá. Avanzo por la ciudad... Algunos baches me impiden ir más rápido, pero eso no es un problema. En cuanto llego finalmente, suspiro. Aparco la bicicleta, la ato con un candado e ingreso por las puertas de vidrio. Todo parece tener un aspecto sombrío y desolado, pero eso no importa. Lo único que quiero es que el tiempo pase rápido y no sentirme tan mal conmigo misma. Vuelvo a hacer la rutina de siempre, subiendo por el ascensor y atravesando el estrecho pasillo hasta llegar a su oficina. Doy un pequeño golpeteo ya que la secretaria no está. “Pasa", comenta y yo lo hago. Mi jefe se encuentra revisando papeles y, al levantar la vista, me mira. Me dedica una sonrisa helada y dice: “Ven aquí", comenta, dando palmadas a su pierna derecha. Sé lo que quiere, que me siente junto a él. Lo hago, por mi papá lo hago, y él me observa. “No me has dicho hola, princesa", comenta con una sonrisa. “Hola", comento. “Estás muy bonita hoy, mor", murmura mientras quita un mechón de mi cabello detrás de mi oreja. Mi pelo n***o cae por mi espalda en cascada, formando algunos bucles. “Me gusta mucho el olor de tu cabello", comenta mientras cierra los ojos y aspira. Traigo saliva, mis ojos se llenan de lágrimas. Siento que soy una marioneta, dispuesta a hacer todo lo que él me pida. “No, no puedes llorar así", comenta, y yo lo observo. “Lo lamento, señor", murmuro. “No te estoy obligando a nada", comenta con un tono seco que me estremece. “No sé...", comienzo a decir, pero él me interrumpe. “No. Bésame", ordena. Y yo le hago caso. Sin querer, las lágrimas caen por mi mejilla y él, creo, hace que el beso sea más brusco aún.
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