“No lo sé, creo que lo mejor es ya no vernos", murmuro. “¿Cómo? ¿Lo dices en serio?", asiente. “Lamento todo lo que te hice pasar", digo. “No, Leonardo, me ayudaste. Si mi padre sigue vivo, gracias a ti. Si aún tenemos la casa, gracias a ti. Yo no podía, no tenía otro horario para poder trabajar más. Creo que ya estaba depresiva desde antes, al no poder conseguir nada. Lo que más me dolió fue que tuve que acostarme con alguien para poder conseguir dinero, y no conseguí nada a pesar de todo el esfuerzo que hice trabajando." Leonardo me escucha y suspira, abrazándome. “Vales mucho más que el dinero que te pagué, ¿lo sabes, verdad?", pregunta, y yo asiento. “Lo sé, cómo espero que aún me duela un poquito", pregunto, y él me sonríe. “¿Te veré? ¿Puedo verte otro día?", pregunta con miedo

