—¿Qué cosa acepta? Justo tenía otra candidata que estaba por decirme algo. —Acepto ser su esposa —murmuro. Él sonríe. —Perfecto, usted retírese. —Enseguida, señor —murmura la joven y se aleja. —No pasaron ni 5 minutos y ya me estaba reemplazando por otra mujer —pregunto, dolida y en parte celosa. —Claro, negocios son negocios. Dígame, ¿va a firmar este contrato de confidencialidad? —pregunta. —Claro que sí —comento. Firmo, lo hago sin dudarlo, porque ahora tengo miedo de que él busque a otra mujer y le ofrezca ese dinero a ella. —Perfecto. Dígame si quiere el dinero en efectivo, o qué prefiere. —Quiero terminar de pagar la hipoteca de mi casa —digo un poco avergonzada. —¿Por qué no te compras otra? —pregunta. —Esa casa es especial. Además, tiene un gran terreno y podría remodelar

