No puedo creer que tenga que pasar por la tortura de trabajar nuevamente como asistente. Lo que amo de mi trabajo es justamente el hecho de no tener que contestar las llamadas de mi jefe, ni guardar recados, no tengo que manejar su agenda, ni darle información de su vida a nadie. Lo único que tengo que hacer es mi trabajo, negociar los grandes contratos de esta empresa y verificar que cada pedido llegue a su destino, así como el barco que estuvo varado un día en medio del océano por el clima, pero que ya está donde se suponía que debía llegar. Ahora resulta que tengo que lidiar con un rico ególatra, narcisista y arrogante. Supuestamente, para mostrarle el funcionamiento de la empresa y causarle interés por algo que él no quiere dirigir.
—¡Rayos! Por qué siempre me escogen a mí para ese tipo de trabajo - digo en voz alta.
—¡Mamá! Gen, está hablando sola de nuevo - grita mi hermano - Creo que está loca.
—Byron, será mejor que te comas tu desayuno si no quieres que lo vote en este instante - le digo mientras lo señalo con la espátula.
—¡Hey! Vamos a ver los dos, cálmense ¿Por qué pelean ahora? - pregunta mi madre —Byron, cariño, ve a cepillarte los dientes, llegarás tarde al colegio.
Él obedece a nuestra madre, se levanta de la mesa, pero antes de irse me saca la lengua, y corre hacia su cuarto. Mamá solo puede reír de sus ocurrencias. Byron ahora es un adolescente de 12 años, por suerte, no tenemos muchas quejas de su conducta. Cuando nos mudamos a casa de la tía Fabiola, se comportó a la altura de la situación en la que estábamos, nos tomó un año adaptarnos al nuevo sistema de Canadá, sin embargo, logramos encontrar la estabilidad que no teníamos en Estados Unidos.
Observo, lo recuperada que está mi madre, hoy amaneció radiante, ya no se nota la tristeza que se reflejaba en su rostro, quizás aún la alberga en su corazón. Desde que mejoro su salud, ayuda a su hermana en su floristería, le dije que no lo tiene que hacer, gano muy bien en la fábrica, no obstante, ella quiere sentirse útil. Yo tengo que entender eso, mamá solo tiene 45 años, ha trabajado toda su vida, solo paro cuando le diagnosticaron su Cancer. Y si ir a hacer arreglos de flores la hace feliz, entonces, a mí también me alegra verla sonreír.
—¿Qué te pasa a mi niña? ¿Por qué peleas con tu hermano?
—Es que resulta, que ahora tengo que ser una especie de niñera para el tonto que heredara las empresas Carrey - le digo molesta. Pasaré de ser espía a niñera.
—Amor, pero aún no lo conoces, ¿Cómo sabes que es un “tonto”? - me pregunta. Le muestro una revista de chismes donde mi futuro jefe aparece en una carrera clandestina.
—Y eso es poco para todo lo que publican de él.
—Ya veo. Supongo que no se le puede dar el beneficio de la duda a alguien que actúa de una forma por razones desconocidas para los demás. ¿Conoces a alguien que no fue comprendida en su momento por la acción que hizo?
—Mamá, no es lo mismo. Él no tenía que creer en mi palabra - refiriéndome a mi antiguo jefe.
—Puede que no, pero yo no te enseñe ver el lado negativo de las personas, te eduque para que veas un poco más allá que los de más. No lo juzgues sin conocer sus razones, ¿sí? - asiento.
¡Dios! Como me molesta cuando ella tiene la razón. Tienes que conocerlo primero, Gelena, las revistas mienten y más si son de chismes ¿Acaso no recuerdas la historia que inventaron sobre ti? Bien, Jasper Carrey, te daré el beneficio de la duda, pero al primer desplate te golpearé tu lindo rostro de vampiro. Luego de que los tres estemos listos, nos montamos en el auto para ir a nuestras actividades. Otra cosa de la cual sentirme orgullosa, puede comprar un auto, bueno, entiendo que no es algo del otro mundo, sin embargo, dos años atrás esa era algo que no podía pensar en tener. Ni siquiera podía tener una casa decente que ofrecerle a mi familia, ahora tenemos nuestro propio hogar. Mi hermano no tendrá que ver cómo entra y sale hombres extraños de la casa de nuestra vecina todo el tiempo, o como un abogado de mala muerte nos amenaza constantemente para salir de un apartamento que de durar más tiempo se nos hubiese venido encima. Es algo que debería celebrar.
Empiezo mi recorrido, dejando a mi madre en la floristería para luego dejar a mi hermano en su colegio. A pesar de ser tan travieso es el mejor en su clase, sus maestras siempre me dan buenas noticias de él, claro, también tiene algunas quejas como el hecho de que le echara pegamento a la silla de unos de sus amiguitos que previamente le había hecho una broma a él. Resulto gracioso, no obstante, la directora no pensó lo mismo. Ahora me dirijo a mi trabajo, esperando en que la loca idea de ser la asistente de Jasper, no se comente más. Al llegar parqueo el vehículo, y corro hacia el ascensor, el cual le deje de tenerle pavor, luego de trabajarlo mucho en mis secciones terapéuticas. Ahora puedo subir sola sin tener miedo de volver a quedarme encerrada.
Subo sola a la caja metálica y marco mi piso, sin embargo, este vuelve, abrir sus puertas dejando entrar a un alto y muy apuesto joven de veinticinco años, vestido con un traje n***o sin corbata. Su cabello azabache está perfectamente peinado con una línea a los lados, mientras que un mechón cae en su pálido rostro y una barba perfectamente cortada lo hace parecer un tonto modelo de revista. En sus manos veo un tatuaje que por su forma me huele a que está en todo su torso, miro su cuello y efectivamente, tiene señales de un tatuaje. ¡Por favor! Quiere darse el de chico rudo. Que mal educado ni siquiera ha saludado. Y pensar que tendré que trabajar junto a él, bueno, si él no habla no lo haré yo. Mientras digo todas clases de insultos en mi mente, siento que se detienen el ascensor, pero esta vez no abren sus puertas.
—¡Maldición! Otra vez no - digo.
—A qué te refieres, ¿No es la primera vez que falla el ascensor? - me pregunta con su fuerte voz varonil. Sus ojos azules se desvían hacia mía, y es en ese momento que me doy cuenta de lo que dije.
—No, me refería a que no es la primera vez que me quedo encerrada en un ascensor.
—Umm, o sea, que eras la de la mala suerte.
—¿Disculpe? Señor Carrey, pero su comentario es muy grosero - él me escudriña de arriba hacia abajo. Luego se ríe sin una razón aparente.
—Tú serás mi niñera, ¿cierto?
Abro la boca para replicar, pero diferencia de hace dos años, este inconveniente en el ascensor no duro tanto. Salimos cuando llega a mi piso, me dirijo hacia mi cubículo sin mirar a mi grosero acompañante, sin embargo, este camina detrás de mí. Pienso que quizás entrara en la oficina del Señor Adams, pero mi sorpresa es cuando veo que se sienta en la silla que está frente a mi escritorio. Observó como arregla su saco, cruza sus piernas y entrelaza sus manos, me mira sin pestañear. Volteo mi cara hacia todos lados esperando entender por qué la versión pelinegra de Edward, me ve como si estuviese a punto de chupar toda mi sangre ¿Debería andar con ajo y una cruz?
—Disculpe Joven Carrey, ¿Me podría decir que quiere de mí? - sus labios se curvan de manera siniestra. ¿Este que habrá entendido? Por las dudas rectifico rápidamente —Me refería a que sí…
—Usted es Gelena Marroquí, ¿No es así? - asiento. —Bien, mi abuelo insiste en que tengo que aprender todo de esta empresa, y que usted me lo enseñara. ¿Así que es lo primero que me va a enseñar, Señorita Marroquí? - me pregunta mientras ladea su cabeza esperando una respuesta. Por lo que veo ya empezó el juego.
—Señor Edward… digo, Jasper, si me disculpa, tengo que investigar algo - me levanto de mi lugar y voy corriendo a la oficina del mi jefe. Cuando entro este me ve con extrañeza. Deja los documentos que tenía en la mano y me presta su atención.
—¿Ya llego?, por eso estás aquí, ¿cierto? - yo solo lo miro, no digo nada. —Lo siento, pensé que vendría más tarde y que me iba a dar tiempo de decirte que empezaría hoy las instrucciones.
—¿Qué se supone que haga ahora? - él me ve sonriendo.
—Lo más seguro que tienes una carpeta con todo lo que él tiene que saber. Solo muéstrasela - me dice en forma de súplica.
—Bien - salgo de la oficina. Vuelvo a mi puesto, lo encuentro de la misma forma que lo dejé hace unos minutos. En serio que es un tipo muy raro. Saco del cajón de mi archivero una carpeta con unas mil hojas, si me gustan las cosas a la antigua y la tiro en la mesa. Él solo levanta una ceja, ni se inmuta. —Tienes que comenzar a estudiar todo eso.
—Uuum, ya veo. ¿Cuánto vale el examen, Profesora?
—Bueno…
—Espera, solo fue una broma. Ya me pondré al día.
—Bien, te observo - me guiña un ojo y toma la carpeta. ¡Pero que se cree este! Mejor que me acostumbre, hasta que no este lista su oficina lo tendré como chicle pegado en la suela de los zapatos. Miro mi computadora para revisar mis pendientes de hoy, de vez encunando lo miro de reojo, parece estar concentrado, seguro es una fachada para que diga cosas buenas cuando me pregunten por él. Aun con su palidez se ve actracti… no Gelena, enfócate, no más distracciones para ti, en lo que te queda de vida.